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Cultura y Educación (o Educar en Cultura)

por 19 marzo, 2015

Cultura y Educación (o Educar en Cultura)
María Fernanda García es Actriz, Gestora Cultural y Presidenta ADCultura (Asociación de Gestores Culturales)
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Comenzando un año remecido por los escándalos financieros y fraudulencias, con el público e histórico procesamiento a los ladrones de cuello y corbata de nuestro país, es aún más urgente volver a centrar nuestras miradas a los compromisos adquiridos por este gobierno, y que son esperados por gran parte de la población.

Dentro de estas grandes transformaciones o reformas se encuentra la tan manoseada y maltratada Reforma Educacional, con discusiones que aparecen centradas casi exclusivamente en lo concerniente a la administración de los establecimientos educacionales, dejando de lado el verdadero motivo por el cual es necesario hacer una reforma de este tipo en nuestro país.

El concepto que ha quedado prácticamente fuera de la discusión institucional es la CULTURA. Y lo enfatizo, puesto que la cultura debería atravesar o ser uno de los pilares con se funde esta nueva Educación en Chile.

Sería muy útil que los futuros líderes de opinión y gobernantes de nuestro Chile sepan y valoren trabajar con la cultura y las artes, apreciando por ejemplo la importancia para su empresa y trabajadores el invertir y participar en espectáculos o espacios culturales, o para que los futuros alcaldes sepan lidiar con el crecimiento de las ciudades y presión de las empresas constructoras. De esta forma no perderemos más la calidad de “Patrimonio de la Humanidad” sólo por el des criterio de instalar edificios desproporcionados en medio de una ciudad, destruyendo barrios memorables que aportan a la memoria y estética de nuestras ciudades.

No me refiero sólo al concepto de cultura en las artes, o educación artística –que creo imprescindibles para el desarrollo integral de los niños/as y su devenir en la sociedad- sino en el aspecto cultural amplio y transversal, lo que antiguamente se llamaba “cultura general”. Por ejemplo, se han reducido en los planes educativos las horas de Historia de Chile e Historia Universal como también las de Literatura y Artes, aumentando el número de horas en matemáticas y otros ramos funcionales a la PSU, exaltando la competencia académica por sobre una educación creativa y cooperativa.

Sin duda, hoy en día, nuestra televisión se ha convertido en ser un punto de referencia preponderante para la transmisión de información en nuestra sociedad, llama la atención el uso generalizado de un lenguaje paupérrimo y errado, con deliberada falta de vocabulario, dicción y gramática. O que en la calle veamos cómo el idioma “chileno” se transforma cada vez más en un coa de difícil entendimiento, tanto en su versión flaite como cuica, hace necesario que nuestra educación comience por lo más básico: nuestro idioma y su expresión. Así como nos da gusto constatar que los países vecinos se expresan de mejor manera y alabamos su forma de hablar aún en los estratos más populares y pobres, debiéramos preocuparnos para que este sea uno de los valores que nuestro país debe cuidar y respetar.

Uno de los alcances de la cultura tiene que ver con el valor que le asignamos a la cultura y las artes por sí mismas, con una educación que incentive su presencia en las salas de clases, actividades extra programáticas y visión de los niños sobre las artes y la cultura, con un fuerte acento en la historia de nuestro país. De esta manera crearemos una sociedad más crítica y consciente de sí misma, que respete y valore su mixtura de raíces, y que sepa preservar su patrimonio material e inmaterial, sintiéndose parte de un país diverso y con un legado que se debe reconocer y proteger. Otro efecto sería el incentivo y apoyo a futuros artistas y a un público potencial para las artes y actividades culturales en general, generando además un mayor crecimiento en la economía del país a través de las actividades e industrias creativas.

Otro de los motivos para incluir esta cultura cívica o social de manera transversal es el hecho de que es fundamental para que se desarrolle una democracia moderna. Un ciudadano informado, culto y participativo es capaz de pedir, discutir y cambiar su entorno. La educación cívica hace ciudadanos más respetuosos (conductores, peatones, ciclistas, o la misma policía), enseña a vivir en comunidades diversas e inclusivas, siendo capaces de exigir nuestros derechos y de asumir los deberes que nos corresponde.



Además sería muy útil para que los futuros líderes de opinión y gobernantes de nuestro Chile sepan y valoren trabajar con la cultura y las artes, apreciando por ejemplo la importancia para su empresa y trabajadores el invertir y participar en espectáculos o espacios culturales, o para que los futuros alcaldes sepan lidiar con el crecimiento de las ciudades y presión de las empresas constructoras. De esta forma no perderemos más la calidad de “Patrimonio de la Humanidad” sólo por el des criterio de instalar edificios desproporcionados en medio de una ciudad, destruyendo barrios memorables que aportan a la memoria y estética de nuestras ciudades, barriendo con una cultura patrimonial y natural que hemos heredado.

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