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Escritores chilenos en Suecia: mucho más que temas políticos

Escritores chilenos en Suecia: mucho más que temas políticos

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Marco Fajardo Caballero
Por : Marco Fajardo Caballero Periodista de ciencia, cultura y medio ambiente de El Mostrador
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Enrique Pérez, Daniel Tobar y Melker Garay han hecho su carrera en el país escandinavo. Contra lo que pudiera pensarse, a pesar del exilio sus obras van mucho más allá de temas “políticos” como la represión y sus consecuencias. Escriben sobre el amor, la filosofía y las tecnologías, aunque sin soslayar sus biografías, claro está. Esta semana tuvieron la oportunidad de conversar con el público en la 35. Fería Internacional del Libro de Santiago (FILSA).


Los escritores chilenos Enrique Pérez, Daniel Tobar y Melker Garay tienen algo en común: todos viven desde hace décadas en Suecia y han hecho su carrera allí.

Sin embargo, contra lo que pudiera pensarse, a pesar del exilio sus obras van mucho más allá de temas “políticos” como la represión y sus consecuencias. Escriben sobre el amor, la filosofía y las tecnologías, aunque sin soslayar sus biografías, claro está.

“El exilio no es un tema en mi literatura”, ejemplifica Tobar. “Sin embargo me ha influido enormemente ya que he podido aprender otras culturas, y ello me da una visión mucho más amplia sobre la naturaleza del ser humano y me hacer valorar mi propia cultura desde ángulos que jamás hubiese pensado sino hubiese salido de mi país”.

¿Cómo ha sido su experiencia en un país tan diferente como el escandinavo? ¿Cómo han influidos sus vidas en su literatura?

Orígenes y temas diversos

Los autores tienen diversos orígenes. Melker Garay (1966), por ejemplo, es hijo de un marino sueco, que conoció a su madre en Tocopilla. Cuando Garay tenía cuatro años, sus padres decidieron trasladarse a Suecia, en 1970. Tobar (1955), en cambio, salió de Chile en octubre de 1973. Debía hacer el servicio militar, y prefirió salir del país. Cuatro años, en 1977, llegó Enrique Pérez. Él sí llegó como refugiado político, tras pasar dos años en prisión.

Garay debutó en 2008 con “Las anotaciones secretas de un sacristán”, un libro que se ha traducido a varios idiomas.

“Escribo sobre temas existenciales, filosóficos y religiosos; temas que obtienen una vestidura literaria en mis libros”, comenta. “Los planteamientos centrales son: ¿Qué significa ser humano? ¿Qué es la fe? ¿Cómo podemos saber algo de Dios sí es que existe? Si tenemos libre albedrío, ¿qué es entonces moralmente correcto o equivocado? Como intelectual siento la responsabilidad de averiguar sobre estas interrogantes”.

Tobar, por su parte, ha publicado en sueco las novelas “Al otro lado” (1992) y “Auroras Livlina” (2009). Sociólogo de la Universidad de Lund, señala que sus temas son siempre sociales: “el peligro de la tecnología computacional en redes en caso que grupos o estados logren manipular a otros pueblos a través de estas técnicas; el tema de la situación de la mujer pobladora de escasos recursos, el de la pobreza, de las mafias cocaineras”.

Pérez, en libros como “Amores peregrinos”, éste publicado en nuestro país, reflexiona sobre “amores que se encuentran, que viven un momento de dicha y desaparecen por cualquier razón”.

Su obra “La búsqueda interminable”, en cambio, “es el diario de un refugiado político chileno, donde el tema el compromiso político, la derrota y el exilio, así como la vida en Suecia, los nuevos desafíos y los nuevos horizontes”.

Para Pérez, el tema del exilio es central, porque le permitió reflexionar y estudiar los fenómenos sociales y personales con nuevas perspectivas.

¿Como han influido las literaturas de ambos países en sus obras?

Para Garay está claro: “desde el lado sueco es la melancolía escandinava y la sinceridad de comprenderse a sí mismo en el mundo; destacar la desprotección del hecho de ser persona, pero también el tema de la solidaridad para quienes la están pasando mal, no debemos olvidar que a principios de la década de 1900 Suecia también era un país pobre”.

Desde el lado chileno, en cambio, “son los sentimientos y la poesía; canciones de amor a la vida. Hay que creer en la persona, porque uno mismo lo es, y es un deber destacar lo que es bueno, lo que nos hace individuos valiosos”.

¿Cómo ven a Chile?

Interesante también resultan sus visiones sobre la literatura chilena y nuestro país. En cuanto a la literatura chilena, Garay, por ejemplo, tiene la impresión “que en cierta medida todavía se escribe sobre el trauma producido después del golpe militar, lo que quizás nos es de extrañar si se piensa que el golpe remeció al país en sus fundamentos”.

“Y por eso todavía se debe trabajar con esto, porque yo considero que uno no debe permanecer callado en cuanto a su historia, independiente de lo terrible que haya sido. En el fondo se trata de ser fuerte, porque aquel que conoce su historia es fuerte”, asegura.

“Hay muy buenos autores nuevos, los que se atreven a hace un viaje interior”, complementa Tobar. “Es una literatura introspectiva, lo cual hacía mucha falta en este país. Luego existe la literatura política, la que es muy pobre, todavía viven del pasado, inmersos en los años 70”.

En cuanto a sus visiones del Chile actual, también tienen sus opiniones. “Todavía existe la pobreza, sobre todo en los barrios y otros lugares del país en donde el bienestar económico aún no ha llegado”, opina Garay. “En realidad se trata de cómo se reparten las ganancias económicas de la sociedad, que como se sabe es un asunto político. Y si no se elimina la corrupción – el cáncer de un país – tomará mucho tiempo antes que los recursos del país se repartan al resto de los habitantes”.

Tobar, en cambio, es más duro. “Chile ha montado una maquinaria económico social con un potencial enorme para salir de la pobreza. Las fuerzas políticas de izquierda no tienen brújula, mientras los partidos de derecha confían a ciegas en los logros económicos, lo que es un craso error si no velan por el desarrollo sociocultural del país”.

Critica además que hayan dejado de lado el campo imaginario de la cultura, “el que está siendo copado por un discurso de la izquierda que vive en el pasado, aún creen en el socialismo-comunismo”.

“Chile puede desarrollarse diez veces más en poco tiempo si logra llegar a acuerdos, a diálogos sociales, a la cooperación entre los distintos grupos y clases sociales”, remata.

Pérez es más pesimista. “El Chile actual es una bolsa de gatos, un quilombo -dirían los porteños-, un enredo fenomenal. ¿Quién lo puede entender? Lamentablemente se ha perdido (nuevamente) una oportunidad histórica de desarrollo. Todo está hecho a medias y sufrimos las consecuencias de no haber creado un nuevo modelo de desarrollo social”.

Para él, la élite y los poderes fácticos tienen una enorme responsabilidad en esto.

“Es curioso que esa élite ilustrada -así como los empresarios, o los obispos, o los generales- no sea capaz de mirar más allá de sus propias narices. Los intereses corporativos dominan, y la sociedad chilena es un archipiélago de grupos. No existe una visión de una sociedad moderna desarrollada, igualitaria, democrática. ¡Soy pesimista!  Porque la fuerza y el empuje y un cierto índice de responsabilidad política y moral que el movimiento estudiantil logró hace algunos años atrás se ha esfumado”.

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