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Obra "Territorios": el fantasma de Nicolasa se pasea por la  casa Frei-Lagos

por 18 mayo, 2018

Obra
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“Something is rotten in the state of Denmark”,  dijo el fiel Marcelo a Horacio en Hamlet de Shakespeare, para graficar cómo la neblina de la corrupción avisaba su pronta travesía fatal por el reino, luego el fantasma del padre del príncipe confirmaría en detalle los pasadizos de la traición. Sin embargo y en un paralelo, los chilenos no necesitamos en 1990 tal advertencia paranormal, pues sabíamos cómo los gobiernos de Aylwin, Frei y Lagos moverían todo su tráfico de influencias para destruir la zona del Alto Bio Bio en complicidad con Endesa España.

La obra Territorios exhibida actualmente en Centro Cultural Matucana 100 en la sala Patricio Bunster, es una puesta en escena donde el elenco formado por Sebastián Layseca, Aldo Bernales, Muriel Miranda, Marcia Martínez, Pablo Suárez de la compañía Teatro de la Luz, nos propone acceder a todas las posibilidades multimediales, para no olvidar cómo las hermanas pehuenches Berta y Nicolasa Quintremán se enfrentaron desde 1990 hasta el 2004 a la instalación del conglomerado Endesa-Concertación en las tierras donde habitaban  siete comunidades de su etnia.

El director y dramaturgo José Luis Cáceres presenta el drama con sabias notas de hilaridad, pues el ninguneo oficial a través de los medios a esta pueblo es tal, que muchos historiadores chilenos conservadores han llegado a afirmar cómo los hijos de esa comunidad no tendrían ni sentido del humor.

Cáceres, como si de un cultrún se tratara, divide el escenario en cuatro espacios. Veremos la casa de las hermanas Quintremán, una cancha de tenis donde confabulan Endesa y el funcionario “Huenchumilla” de la Concertación, en el tercer ámbito nos muestran los estragos de la faena en el medio ambiente, para por último centrarnos otra vez en la casa de las hermanas Berta y Nicolasa.

De esta forma el espectador puede acerarse a este tema tan complejo de manera  didáctica, con numerosos efectos ópticos muy bien adheridos a las voces de los protagonistas y construcciones sonoras que traen la presencia de la naturaleza ultrajada, más una lengua mapuche con subtítulos a nuestro idioma.

¿Qué sucedería si una raza tecnológicamente superior y espiritualmente torcida, se impusiera en nuestro país y procediera a inundar nuestros cementerios e iglesias chilenas? Sólo así se puede dimensionar la aplanadora que Nicolasa y Berta enfrentaron en defensa de su cosmovisión.

La  atroz imagen del 24 de diciembre del 2013, cuando se encontró a Nicolasa Quintremán flotando en las aguas torcidas por Endesa, coronó la desdicha. Los peritajes hablan de una caída a las aguas, pero quienes saben cómo ella consiguió detener las obras entre agosto de 1997 y enero de 1998 y desde septiembre de 1998 a enero de 1999, no aceptan una explicación tan simple.

Desde que Carlos Ominami firmó El 22 de mayo de 1990, como Ministerio de Economía de Aylwin, la autorización de la central hidroeléctrica Pangue, primera etapa, se revivió para los pehuenches el encuentro brutal contra  el saber de dominio europeo advertido por los antropólogos.

La sociedad industrial procede de un saber de dominio, nos explica el académico y musicólogo Gastón Soublette. Ese saber está en la base de lo hecho por Endesa junto a la Concertación, es un constructo al cual no le interesa la psique humana,  terreno ése más asociado al denominado saber de salvación.

El saber de dominio es objetivar el mundo, para adquirir un señorío sobre ese objeto definido. Dicho saber desvincula del todo a lo estudiado, para conseguir un control y explotar ese conocimiento logrado. Para poder reventar la naturaleza, antes debemos denominarla “recurso natural”.

Para inundar el alto Bio Bio y arrasar con las comunidades, humillándolas, estafándolas, expulsándolas, mintiendo sobre los beneficios, debe entenderse que los capitales y sus secuaces en la política provienen de esa filosofía en forma abrumadora.

En la antropología, el saber desarrollado por las culturas indígenas y populares se define como un saber de salvación. Éste se considera como algo útil para vivir, para ser mejor persona o para crecer en comunidad. Este conocimiento emite sus sentencias no para enarbolar una teoría, sino para salvar el espíritu humano, advierte sobre las consecuencias, por ejemplo, de no conocerse a sí mismo.

El saber de dominio impuesto por el complejo Frei-Lagos es el del déspota ilustrado, busca establecer su potestad sobre todo el resto de la sociedad, o sobre todas las mundividencias que osen oponerse a su maquinaria. No dudarán, para ello, en aliarse con pinochetistas o franquistas como Rodolfo Martín Villa, presidente de Endesa.

Según Jung, el pensamiento científico sólo se basa en el principio de causa efecto o causalidad. Sin embargo, la psique humana, el alma de las personas, no se relaciona con ese mundo objetivo sólo según ese principio. Para Jung las leyes de la ciencia son una estadística y no absolutas, por ende no pueden cubrir o explicar la totalidad de los fenómenos.  Con el saber de dominio podemos explicar el bosón de Higgs, pero no el por qué las personas actúan en un cosmos de hechos concatenados.

Hay hechos que generan otros, pero también éstos son resueltos por su analogía y su significación, explica Soublette. La lucha de las hermanas Quintremán es un saber de salvación, valorado en el mundo y está en la base de las acciones realizadas hoy para detener este Titanic de mezquindad, al cual le restan pocos segundos para esquivar el iceberg del cambio climático.

El siglo XXI pondrá en su lugar a Frei y Lagos, sus obras los delatarán como meros títeres de los capitales predominantes, paradigmas del hombre incompleto aludido por Jung, limitados en el cogito ergo sum e ignorantes del “sí mismo”, hojarascas de ego ambos,  maderas podridas de una nueva “pacificación” de la Araucanía. En cambio, el cuerpo y alma de Nicolasa, hoy habitando ese lago, son testimonio mundial y algo mucho más grande que la vanidad de sus grises gobiernos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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