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Obra "La conquista": los centennials y sus adulteces

por 17 junio, 2018

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Les salió gente al camino a los millennials, pues toda vanguardia se vuelve retaguardia.  Les llaman centennials, nuevos personajes muy dados a la innovación, creadores de sus propios sistemas, con una visión opaca del futuro, devotos de una economía colaborativa y de una inteligencia más pragmática, que muy pronto llegarán a las oficinas.

Por ahora, en el Centro GAM, los centennials han montado la performance denominada La Conquista gracias a las directoras Trinidad Piriz y María José Contreras, las cuales llevan tiempo investigando cómo dialogan las artes escénicas con las realidades tecnológicas de hoy.

 

En La Conquista estos niños-púberes-adolescentes de 10 a 16 años nos dan una cátedra de lo que se nos viene sobre los sueños, el provenir y la realidad virtual habitada por ellos, pues son nativos digitales puros, concebidos por el espíritu santo de algún algoritmo.

El espectador podrá sentirse como un sociólogo, un maquiavélico ejecutivo de marketing o un profesor desesperado durante esta realización, donde ellos con sus teléfonos inteligentes explican sus leyes para el siglo XXI y cómo los adultos no tendrán escapatoria a éstas.

Gracias a una enorme pantalla, sensores y Kinect, ellos editan videos en tiempo real, activando aplicaciones de realidad aumentada y avatares digitales. Las realizadoras consiguieron crear un software para que la red de iphones de los protagonistas conecten, proyecten y switcheen sus cámaras. Así el público ve en pantalla gigante lo que ellos nos tienen para decir sobre los cuerpos, las relaciones afectivas, el ser humano, la economía o las futuras profesiones.

 

Los centennials han nacido con estos artilugios en la cuna y el alma. Mientras los chicos de la obra asumen inevitable la sobre exposición pública de su día a día, los millennials aún añoran esa infancia cuando sus pasos no estaban plasmadas en las redes sociales.

Los chicos de La Conquista nacieron durante una sutil crisis económica cercana al año 2000 y por ende poseen aspiraciones económicas mesuradas, pero sueñan con lograr fama, de ahí que sus ídolos fueron youtubers como Hola Soy German.

Sus padres son muchos GenX nacidos entre el 68 y el año 80 y concibieron a estos niños que ya no valoran tanto las cosas, pues les interesa más intercambiar servicios o aplicaciones. En la obra explican cómo sus aspiraciones profesionales van desde ser controladores de tráfico de drones, pasando por genios del big data, hasta analistas para la internet de las cosas.

Desde que las micro pantallas gobiernan nuestras vidas por calles, casas, camas, baños, oficinas y restoranes, se me hace más patente esa escena del filme El Topo de Jodorowsky, cuando en las dunas del desierto, la mujer de negro, para neutralizar a su otra rival amorosa, le entrega un mini espejo para su rostro, de ahí la cándida cae de inmediato en una profunda introspección y aislamiento mientras camina en círculos.

Esta generación de micro pantallas no soñó ni anheló muchos juguetes. Sus padres GenX pudieron exhibir a baja altura sus repisas de colecciones de caros chirimbolos, coleccionados con sangre sudor y lágrimas, pues estos niños cuando tenían 5 años pasaban de largo y no los destruían.

Esta situación, tiene de rodillas hace años a la industria juguetera mundial. Mattel y Hasbro planean fusionarse, mientras Lego tuvo un descenso de un 7,7% en sus ventas y por primera vez en una década tuvo una caída en sus beneficios. Y éso que estas marcas, cuentan con un despliegue de maldad insolente para mercadear hasta la náusea todo lo relativo a Star Wars y cuanta película se le ocurra a Disney-Pixar.

Si los nacidos entre los años 40 y los 60, más los arribados hasta el año 1979, jugaron con bicicletas, pelotas, trompos, yoyoes, naipes, ulaulas, trenes eléctricos y autopistas, pero han legado un mundo paupérrimo, tiemblo al pensar en los centennials, que no conocieron juguetes y nos miran con sus ojeras desafiantes. “La venganza será terrible”, se llamaba el programa radial de Alejandro Dolina.

Según Aranguren, “el poder envejece”. Los niños y adolescentes de hoy negocian poder con sus padres y los demás adultos gracias a su dominio de selfies y redes. Por ser nativos digitales, se les ha conferido acceso a temas y materias antes jamás pensadas para el ámbito de la infancia- adolescencia. (Otro día hablaremos del poder ejercido por perros y gatos, que hoy usan ropa y tienen sesiones de reiki.)

Veo a estos pequeños actores sociales con ojeras, acostándose a las 12:30 AM en día de escuela, metidos en las fiestas de sus padres, sin practicar deporte, ni jugar en plazas o calles y sin pandilla de barrio. ¡Se da la paradoja de que adoran ir al colegio!, pues recién ahí ven a sus semejantes, a quienes luego hacen bolsa mediante ciberbullying desde sus dispositivos.

Veo a los niños como mini vejetes con rutinas plenas de calorías, sedentarismo, depresiones, angustias y ansiedades propias de los adultos. Por otro lado, esta sociedad percolante, no responde por la temprana erotización de éstos, expuestos a la pornocultura actual de los contenidos, mientras la educación sexual y el control parental son una risa.

En la performance actúan unas mellicitas alejadas de las redes, pues sus padres no les han permitido acceder a estas. Más encima, esos progenitores se organizaron con otros para no enviarlos a la escuela, en busca quizás de una salida tipo Amish a esta era. El creador de Twitter explicó, hace un par de años, que sus hijos no tendrían acceso libre a internet hasta bien entrada  la adolescencia.

La tecnología sin previas humanidades, artes, juegos por la calle o columpios, será sólo ortopedia para estos futuros adultos. Umberto Eco sabía, gracias al código Dewey, moverse por una biblioteca de manera eficiente y añadía que éso aún no existe en internet.

A pesar de todo y de ser un GenX obsoleto modelo 73, estoy muy optimista respecto al siglo XXI, si es que los niños con ojeras no lo ponen otra vez cabeza arriba. Aspiro sin miedo a un mundo lleno tanto de robots como de clones y sueño con esa Nexus 6 Unidad Básica de Placer (UBP), hecha a imagen y semejanza de Sofía Loren,  que me estará esperando en casa cuando con mis 90 años llegue en excelente estado de salud, gracias a órganos regenerados, desde el hipódromo o el box.

La Conquista

Centro Gam, Sala N2.

Hasta el 30 Junio, Mi a Sá - 20:00 horas

Entrada Gral.: $6.000, 3ed y Est.: $3.000. 

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