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La bitácora del Dr. Höfer: las huellas del cambio climático en la Antártica registradas por El Mostrador

por 11 enero, 2019

Durante dos meses, el rompehielos noruego Kronprins Haakon navegará en aguas antárticas con una tripulación científica para investigar las huellas del cambio climático. Uno de los científicos a bordo es el oceanógrafo español Juan Höfer, miembro del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile, quien –junto con investigar el desplazamiento de biomasa al sur del continente blanco– forma parte del equipo de cobertura sobre el calentamiento global antártico que hará El Mostrador desde el rompehielos noruego. Cada semana publicaremos un reporte escrito y audiovisual con sus experiencias e indagaciones, que llevará por nombre: “La bitácora del Dr. Höfer”.
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Una expedición científica partió este jueves a la Antártica para realizar distintas investigaciones, incluido el estudio de un fenómeno que podría poner en peligro el alimento de la fauna marina e incluso a la industria pesquera en su totalidad.

El rompehielos noruego Kronprins Haakon, propiedad del gobierno escandinavo, con 16 tripulantes y 27 científicos (de Noruega, España, México y Chile), zarpó desde Punta Arenas y cruzará el paso Drake para llegar finalmente al Polo Sur en un viaje de dos meses. Realizará diversos tipos de muestreos oceanográficos durante dicho lapso.

Uno de los científicos a bordo es el oceanógrafo español Juan Höfer, miembro del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) de la Universidad Austral de Chile. Höfer, además de integrar el grupo de expertos que medirá las consecuencias del desplazamiento de biomasa al sur de la Antártica debido al cambio climático, forma parte del equipo de cobertura sobre el calentamiento global antártico que hará El Mostrador desde el rompehielos noruego. Cada semana, publicaremos un reporte escrito y audiovisual de sus experiencias e indagaciones, que llevará por nombre: La bitácora del Dr. Höfer.

Rompehielos noruego “Kronprins Haakon”. Fotografía gentileza del Centro IDEAL.

Höfer (Gijón, 1981) se doctoró en oceanografía biológica en la Universidad de Oviedo. Él explica que la última medición sobre la cantidad de kril antártico (Euphausia superba) existente es del año 2000 y que uno de los objetivos es actualizar los datos, porque estos son usados para la gestión del recurso, incluida la industria pesquera.

En el caso de los humanos, el kril es usado para fabricar pastillas nutritivas (como las que contienen omega 3), aceites y como alimento en la acuicultura en forma de harina.

Las cuotas son fijadas por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA) en una gestión que Höfer califica de “muy cautelosa”, ya que los permisos permiten extraer kril de forma bastante limitada. Incluso toman en cuenta que, si durante un año se ha pescado demasiado en una zona, en el período siguiente habrá limitantes.

Entre los principales países pescadores de la actualidad, Höfer menciona Noruega, Chile, Rusia, Ucrania y China.

Sin sustituto

Sin embargo, el kril es también consumido por pingüinos (del tipo barbijo, papúa y adelia), calamares, peces, focas, aves y las ballenas jorobadas.

En la zona, este es el principal alimento. “Si lo quitásemos y no hubiese un sustituto, muchas de estas especies se verían muy afectadas”, advierte.

Dr. Juan Höfer. Fotografía gentileza del Centro IDEAL.

El kril antártico es un crustáceo que alcanza los 7 centímetros de envergadura (el triple que los kril de la zona ecuatorial o sus parientes de las costas chilenas, el Euphausia vallentini) y tiene una expectativa de vida de hasta siete años.

Lo importante es que suele acercarse a las zonas donde hay más hielo marino para pasar el invierno, porque allí obtiene refugio, evita las corrientes y consigue alimento cuando comienza el deshielo.

Cambio climático

Höfer admite que entre los científicos no hay acuerdo sobre cómo el cambio climático ha afectado al kril antártico. Comenta que su población varía mucho de forma natural, según cómo sean las estaciones, por lo cual “es difícil ver una tendencia clara”, aunque los últimos reportes indican que su cantidad es estable.

Interior del rompehielos noruego Kronprins Haakon. Fotografía gentileza del Centro IDEAL.

“Lo que sí se ha visto es que la especie se está moviendo hacia el sur”, declara. “Si el hielo marino cada vez se forma más tarde o más hacia el sur, la especie se desplaza”, específicamente, y para dar un ejemplo, desde las Malvinas hacia el Estrecho de Bransfield, varios cientos de kilómetros.

¿Cómo se explica esto? El científico señala que un estudio apunta a que el aumento de la temperatura en el mar, “que no es lo más favorable”, se ha unido a una menor cantidad de hielo disponible.

Implicaciones del desplazamiento

El desplazamiento también ha hecho que los pesqueros salgan de zonas donde el kril antes era abundante –en mar abierto– para ingresar a otras donde a veces entran en competencia con la fauna existente, como los pingüinos, específicamente en las costas de la región.

“Si pescas a miles de kilómetros de los pingüinos, les da igual. El problema es que ahora las pesquerías van a estar mucho más cerca de las colonias de pingüinos. Aunque a gran escala el efecto puede ser menor porque la pesca es baja, puede haber un efecto local”, advierte.

Dr. Juan Höfer antes de embarcar en el Kronprins Haakon. Fotografía gentileza del Centro IDEAL.

Además, los pingüinos se podrían ver obligados a desplazarse una mayor distancia para hallar su alimento, lo que también incidiría en su número.

Lo mismo sucede con las ballenas jorobadas, que suelen alimentarse siempre en la misma zona durante el verano austral. “Si el kril se desplaza, los primeros años probablemente no encuentren [el nuevo lugar]”, aclara.

El alimento es clave porque, tras esta temporada, las ballenas vuelven al Ecuador para reproducirse. Una mala alimentación podría reducir el número de crías.

Aunque actualmente la situación de todas estas especies es estable, “llegado cierto punto podemos encontrarnos con una situación muy crítica. Las condiciones favorables [para la reproducción del kril] al parecer se están volviendo menos frecuentes”, concluye.

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