domingo, 17 de noviembre de 2019 Actualizado a las 20:32

CULTURA|OPINIÓN

Autor Imagen

Obra "Mocha Dick": el talento y la belleza en escena

por 10 mayo, 2019

Obra

Crédito: Rod Pinto

El montaje, como todas las obras de La Mona Ilustre, es preciso, eficiente, sólidamente  ejecutado y lleno de imágenes bellas que quedan en la memoria del espectador. La dirección de Miguel Bregante es siempre un trabajo minucioso, preciosista incluso, que piensa los montajes en cuadros por sobre los diálogos, en virtud de organizar un lenguaje de cuerpos, movimientos, luces, acciones; dando intensidad a la escena a través de los objetos y la interacción de ellos con los cuerpos o incluso por sí solos.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Herman Melville escribió la novela Moby Dick en un período de dos años y, sin duda, es una de las narraciones más importantes de la modernidad. En efecto, en la riquísima historia novelesca estadounidense, ha sido considerada a menudo, el fundamento de su propia tradición, juntos a otros (pocos) autores. A partir de esta monumental obra, se han hecho múltiples versiones, especialmente cinematográficas, pero también en televisión, e incluso radioteatro.

Sin embargo, la obra de teatro de la compañía La Mona Ilustre que se está presentando en el teatro de la Universidad Católica, se basa en una novela gráfica de Francisco Ortega y Gonzalo Martínez, un trabajo que tiene vida propia y, aunque dialoga como un intertexto con la novela de Melville, en realidad, sigue su propio camino y ello por múltiples razones, especialmente por tratarse de una obra que busca desarrollar lo que habría sido el mito que originó la novela norteamericana, esto es, el avistamiento de un cachalote albino en la isla Mocha y la tradición mapuche del Trempulcahue: cuatro ballenas que llevan las almas de los mapuche en su último viaje al otro mundo.

Mocha Dick es un trabajo con una potencia escénica que permite al espectador ingresar en el mundo representacional propuesto con inusitada fuerza, un mundo que en teatro resulta difícil de realizar, en la medida que requiere efectos, imágenes y espacios no comunes en las tablas nacionales; en este sentido, La Mona Ilustre logra un fenómeno notable

El montaje, como todas las obras de La Mona Ilustre, es preciso, eficiente, sólidamente  ejecutado y lleno de imágenes bellas que quedan en la memoria del espectador. La dirección de Miguel Bregante es siempre un trabajo minucioso, preciosista incluso, que piensa los montajes en cuadros por sobre los diálogos, en virtud de organizar un lenguaje de cuerpos, movimientos, luces, acciones; dando intensidad a la escena a través de los objetos y la interacción de ellos con los cuerpos o incluso por sí solos, articulando las imágenes en virtud de un relato corporal, material, donde actrices, objetos, luces, en fin, todas las capas del acontecimiento escénico, son parte de la creación. En este sentido, se trata de una esfuerzo nada fácil que Bregante no solo lleva a terreno fértil, sino que lo logra con brillantez.

Las actuaciones son también un soporte esencial en el montaje, el equipo de La Mona Ilustre cuenta con integrantes que llevan largo tiempo en un proceso conjunto, Isidora Robeson y Diego Hinojosa, por ejemplo, quienes muestran una siempre impecable capacidad de interpretar desde el cuerpo, la emoción y también los textos, sus personajes se construyen a partir de una sensibilidad con el espacio y el movimiento, así como con la precisión de un montaje exigente. Paula Barraza, Mercedes Mujica, Alex Acevedo y Nicolás Ruíz, sostienen el trabajo del mismo modo, su ejecución de roles no solo es intensa en términos de movimientos y acciones, sino que también logran significar a partir de la sensibilidad de los procesos de sus personajes. Es cierto que, a momentos, las voces no se perciben con claridad, un escollo que no resalta en medio de una obra que se articula especialmente desde otros espacios del lenguaje teatral.

Fotografía: Rod Pinto

Katiuska Valenzuela, en diseño escenográfico, de vestuario y utilería, sin duda, sustenta un trabajo maravilloso, pues cada una de los elementos que compone, son piezas artísticas de enorme belleza, manufacturadas con serio cuidado -en la medida que dan cuenta de una investigación profunda- y, sobre todo, evita caer en los lugares comunes en torno a la representación, al mismo tiempo, sus creaciones son parte comunicante de lo que sucede en escena y no un mero adorno. En este sentido, es posible decir que el diseño de iluminación, a cargo del propio Bregante y José Luis Cifuentes, manifiesta esa misma lógica de ser parte del lenguaje total de los acontecimientos escénicos.

Mocha Dick es un trabajo con una potencia escénica que permite al espectador ingresar en el mundo representacional propuesto con inusitada fuerza, un mundo que en teatro resulta difícil de realizar, en la medida que requiere efectos, imágenes y espacios no comunes en las tablas nacionales; en este sentido, La Mona Ilustre logra un fenómeno notable; sin embargo, siendo una obra familiar, resulta un descuido extraño el trabajo en la dramaturgia, ello, en la medida en que si la audiencia no está al tanto de la historia de Mocha Dick o de Moby Dick, resulta difícil que sea comprensible. Tratándose de una obra de carácter más experimental o, simplemente, no familiar, esto no sugeriría un problema, pero precisamente, en la medida que el montaje tiene un interés transversal, parece extraño. Evidentemente, la obra se sostiene en la acción y las imágenes, no se trata de una obra “de texto” y no tiene porque serlo, pues al hablar de dramaturgia, hay múltiples opciones que no necesariamente implican diálogos que podrían haber tributado mejor en este aspecto.

La música de Camilo Salinas es (¡cómo no!) excepcional. Ciertamente esto puede ser un lugar común, en la medida que el nombre del autor antecede a su trabajo, lo cuál es cierto, pero la música habla por sí sola y en este caso, no solo se trata de composiciones perfectamente trabajadas y bien ejecutadas, sino que además, se encuentran al servicio del montaje, teniendo un rol protagónico en él, pero sin llegar a eclipsar a la escena.

La Mona Ilustre es una compañía sinónimo de trabajos atractivos, inteligentes y siempre bien ejecutados, un teatro solvente que manifiesta un verdadero plan creativo a lo largo del tiempo, una exploración constante en un lenguaje que ya les resulta propio; en este, su último montaje, se ve como decanta la experiencia, el talento y la belleza en escena.

Mocha Dick

Teatro UC, Sala Ana González. Jorge Washington 26, Ñuñoa.

Hasta el 25 de mayo, Mi a Sa 20 hrs.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV