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CULTURA|OPINIÓN

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El octubre chileno en "100 palabras"

por 12 febrero, 2020

El octubre chileno en

Ilustración de Diego Arenas para el cuento "Instrucciones para estudiar en una casa pareada y hacinada"

La socióloga y académica Alejandra Luneke realizó esta columna en el marco del lanzamiento de la convocatoria del concurso de cuentos breves "Santiago en 100 Palabras". En este texto, reflexiona cómo los cuentos de este concurso fueron revelando muchos de los problemas que generaron el estallido social. Las pistas sobre el descontento y la frustración latente estaban escritas en estas breves narraciones de los habitantes de Chile. La convocatoria de este nueva versión se encuentra abierta hasta el 8 de mayo.
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Tras el octubre chileno, diversas opiniones se levantaron respecto a sus causas, su desarrollo e implicancias. Los análisis y o debates en los últimos tres meses mostraron la perplejidad de un grupo importante de conciudadanos respecto a lo que ocurría. Ni los académicos, ni los periodistas, ni los políticos pudieron predecir la fuerza y la furia con que la desigualdad del país y los abusos de todo tipo se harían presentes en el espacio de lo público. Hoy, y en medio de un proceso político y social que por cierto recién comienza, y frente a la incertidumbre que depara su devenir, lo único que sí sabemos es que las señales, los signos del malestar profundo siempre estuvieron allí.

Los cuentos revelan que esas emociones estuvieron siempre allí, la pena y la soledad convertida en ira, de manera estrepitosa, ocuparon nuestra ciudad en octubre. Se hicieron visibles y salieron a interpelar el orden social constituido en nuestra desigual ciudad.

Muchas de esas señales estuvieron en vitrina para todos quienes caminamos y usamos el transporte público, y especialmente el metro. En sus andenes, los cuentos del concurso de cuentos Santiago 100 palabras, creado en 2001 por Fundación Plagio, hablan -aunque en fragmentos- de ese diagnóstico al cual hoy los científicos y opinólogos ponen estadísticas. Todas las causas estuvieron siempre contenidas en los cuentos.  Para los autores de estos relatos, ‘no son 30 pesos, son 30 años’ era evidente. Un ejemplo: un cuento, maravilloso y brutal al mismo tiempo, que da cuenta de una de las dimensiones de este movimiento nos lo evidencia. Se llama “Pena remitida” y dice así: “Deshojada cayó margarita en el revuelo del patio del cité, bajo el abrazo del conviviente de su madre, cuando al cumplir 8 años entre globos y reggaetón, el susurró que la quería: mucho, si guardaba silencio; poquito, si se resistía; nada si lo denunciaba. (Middleton, Linares, 2006).

Por supuesto, al leerlo, este fragmento contiene mil historias de violencia contra la mujer, acoso y abuso contra niñas y jóvenes. Temática que hoy se encuentra en la agenda y en la opinión pública con fuerza. Pero este cuento no habla sólo habla de acoso o de abuso contra la mujer, habla de nuestras ciudades y de nuestro país. Y es que, desde octubre nos hemos deshojado, cual otoño y no primavera, pero la verdad, ya había muchas vidas, muchos cuerpos que se deshojaban uno y otro día. Como si las ciudades fueran un árbol, y cada vida, cada chilena o chileno, se convirtieron por años en una hoja caída. 

Este y muchos otros cuentos nos muestran la ruda vida o la mala vida para quienes comparten el no privilegio. Mujeres, migrantes, vendedores ambulantes, presos, adultos mayores, vecinos, pobladores, putas y pobres, son los protagonistas de estos cuentos. Son vidas cotidianas, que transcurren en cites, campamentos, poblaciones, barrios deteriorados, riberas de ríos y de puertos, llevando vidas, que como señala Juan Díaz desde la cárcel, transcurren al revés. No hemos querido ver esas trayectorias al revés. Hemos preferido cerrar la mirada, hemos preferido navegar desde arriba y creer que estaba todo normal, todo bien.

Pero no lo estaba, nunca ha estado ni está todo bien. Las prácticas cotidianas que hacen nuestra vida y que se retratan en cada una de esas 100 palabras revelan a ese Santiago que hemos preferido por muchos años no atender. Vidas que se juegan en negociar con el hacinamiento cuando se vive en la periferia; vidas que buscan arrancar de la violencia; vidas que conviven con la angustia de llegar a ser viejos, vidas que esperan que la vida pase fumando un cigarro en el río, vidas que negocian la pobreza con las deudas o mediante el enfrentamiento con la policía cuando se marcha o se protesta. Cada una, cada uno, busca una salida con lo que tiene a mano. Cada uno, cada una, en este país deshojado, hace lo que puede para vivir.

Los cuentos revelan que esas emociones estuvieron siempre allí, la pena y la soledad convertida en ira, de manera estrepitosa, ocuparon nuestra ciudad en octubre. Se hicieron visibles y salieron a interpelar el orden social constituido en nuestra desigual ciudad. Rescatemos a los autores de estos cuentos, y de muchos otros cuentos, que, desde dentro, nos mostraron, ese habitar en esa ciudad deshojada que se nos escondía debajo de nuestros movimientos.

Nuevamente las artes y las letras son agudas, traspasan lo visible y nos revelan lo que no vemos. "Santiago en 100 palabras" emerge allí, como un retrato de esa ciudad invisibilizada por todos quienes prefieren no ver.

Alejandra Luneke. Centro de desarrollo urbano sustentable, CEDEUS.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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