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La moral contra el mural

por 11 febrero, 2021

La moral contra el mural
Nuestros representantes, que rara vez aparecen, esta vez lo hacen para denostar o justificar lo injustificable. Increíble que en lugar de facilitar, apoyar y respaldar las creaciones, nuestros representantes en cultura se centran en criticar un tema que no les convoca “llamando” a otra institución a fiscalizar y amenazando con una multa en dinero. Increíble porque parece que le afecta más al ego que realmente al patrimonio.
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Si el golpe no es económico, es moral.

El arte y las culturas se han visto deterioradas a niveles extremos en el último año. Llorar y rogar ya no sirve (no sé si alguna vez sirvió de todas formas). Y aunque no me agrade hacer esta comparación, creo que solo en dictadura el sector vivió tales aprietos.

Aún así, Mon Laferte realizó un mural en Valparaíso en el contexto de una exposición realizada junto a Casa Arte Bahía Utópica, en Cerro Alegre de Valparaíso. Sin lugar a dudas, este espacio debe estar agradecido de figurar en los medios, que en las últimas semanas eliminaron las secciones destinadas a cultura. Día Uno es el nombre de la obra cuyo contenido temático se vincula a la menstruación de las niñas, a esa primera vez que es tan natural y sagrada para el cuerpo femenino. Los vecinos del mural estaban enterados y lo autorizaron; el mural, colorido como los cerros y con una visualidad que no interrumpe su espacio, sino al contrario podríamos asumir que se entremezcla con el espacio y genera armonía con el entorno se encuentra finalizado y dispuesto al visitante. ¿Debió pedir las autorizaciones correspondientes? Sí, vivimos en un país con leyes y si existen hay que seguirlas, por algo desde el arte y las culturas se ha luchado tanto para normar un rubro de difícil existencia, es innegable.

Ahora bien, ¿es realmente el problema patrimonial o moral? Porque ya apareció la lectura morbosa que ve en esa mano cercana un acto masturbatorio, ¿es que no podemos dejar de asociar los órganos sexuales al sexo mismo o a la pornografía? y entonces aparece la crítica cliché de nuestro Chile conservador, “es muy fuerte para un niño enfrentarse a esto”, ¿a qué? ¿al cuerpo?, ¿no se les puede educar al respecto? ¿enseñarles el valor del cuerpo femenino de donde ellos mismos provienen?

Ahora bien, ¿dónde radica el problema con el mural, más allá de las autorizaciones? El problema con el mural de Mon Laferte no es, en ningún caso, que muestre un cuerpo desnudo, que haya un indicio de “sexualidad” con una frutilla cercana al órgano femenino, sino las lecturas sexualizadas que hacen los espectadores desde la lejanía al respecto y, sobre todo, la falta de conocimiento sobre los cambios culturales que traen implícitas las manifestaciones artísticas como signo de una sociedad que no solo ha estado cambiando sino que en muchos sentidos ya cambió. Y en temas de género la población chilena ha dado grandes signos de cambios hace varios años, situación que se ha hecho latente desde el estallido social, la performance de Las Tesis y la última marcha del día de la mujer, de seguro, en un mes más, seguimos reafirmando. Pero también es cierto que cierto grupo no menor de la población que, como el concejal Iván Roca, aún tiene una mirada sexista, machista y retrograda.

Una de las gracias de las manifestaciones artísticas es que puedan realizarse múltiples lecturas sobre una misma obra, desde diferentes aristas, teorías o posturas, es parte de lo que implica la crítica especializada, de hecho. Sin embargo, pareciera ser que esas múltiples miradas son la que traen consigo el problema de Día Uno, porque la Seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Constance Harvey, manifestó rápidamente su descontento con la obra a través de juicios de valor poco fundamentados, indicando que es “una manifestación egoísta e individualista sobre una plataforma”; además la acusa de no poseer los permisos del Consejo de Monumentos Nacionales, sin saber si cuenta con ellos o no, y amenaza con una multa.

Nuestros representantes, que rara vez aparecen, esta vez lo hacen para denostar o justificar lo injustificable. Increíble que en lugar de facilitar, apoyar y respaldar las creaciones, nuestros representantes en cultura se centran en criticar un tema que no les convoca “llamando” a otra institución a fiscalizar y amenazando con una multa en dinero. Increíble porque parece que le afecta más al ego que realmente al patrimonio. Increíble porque es un trabajo simbólico para la infancia; para valorar el cuerpo femenino y sus ciclos que tantas veces se han visto mancillados; para ver el valor simbólico del cuerpo por el que tanta lucha se ha dado y que no tiene relación con la individualidad de Mon Laferte sino con todas las mujeres del mundo. ¿Dónde está el individualismo en la obra? ¿Es realmente el tema patrimonial el conflicto? Ya dijimos, sí, debería contar con todos los permisos por temas de conservación del patrimonio.

Ahora bien, ¿es realmente el problema patrimonial o moral? Porque ya apareció la lectura morbosa que ve en esa mano cercana un acto masturbatorio, ¿es que no podemos dejar de asociar los órganos sexuales al sexo mismo o a la pornografía? y entonces aparece la crítica cliché de nuestro Chile conservador, “es muy fuerte para un niño enfrentarse a esto”, ¿a qué? ¿al cuerpo?, ¿no se les puede educar al respecto? ¿enseñarles el valor del cuerpo femenino de donde ellos mismos provienen?

Muchas generaciones crecimos viendo las portadas de La Cuarta, Las Últimas Noticias, Mekano y tanto programa que cosificaba y sexualizaba de manera radical al cuerpo de la mujer, sin un mínimo recato, sin una mínima vinculación al arte, sin pudor alguno. El cuerpo absolutamente sexualizado de la mujer entregando estándares de belleza y “perfección” corporal sólo alcanzables a punta de cirugía, murieron mujeres al respecto porque el cuerpo femenino dejó de tener valor simbólico para esa generación; y ahora un cuerpo “imperfecto” para ese mismo canon de belleza ¿ocasiona un problema moral para los niños? Basta de tanta hipocresía, sino tendremos que censurar hasta el Éxtasis de Santa Teresa de Bernini, situación que de seguro al sector conservador le parecería de suma incultura para un país tan eurocentrista.

La moral, la moral. Siempre utilizándose de excusa, siempre abusando del doble estándar que puede tener. Y aquí estamos, limitando nuevamente al cuerpo femenino, al ciclo menstrual y al valor simbólico que puede tener la obra (menos mal no es El Origen del Mundo de Courbet), para los mismos niños. Entreguemos valor y respaldo desde las autoridades hacia abajo y desde abajo hacia arriba en nuestra sociedad, porque el cuerpo tiene valor simbólico y harta falta hace para que deje de haber tanto femicidio en nuestro país.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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