Investigación
Imagen: FACH
Se acaba la vida útil de los F-5 de la FACH: ¿asoman los F-35?
Tanto el ministro de Defensa como el comandante en Jefe de la FACH informaron que los aviones que resguardan Punta Arenas deben ser reemplazados, luego de cumplir 50 años de vida útil. Analistas argentinos especulan con la posibilidad de que Chile compre aviones de quinta generación.
Un gran revuelo en el mundo militar chileno, pero también en el argentino, generaron las declaraciones que el ministro de Defensa, Fernando Barros, formuló en TVN la semana pasada, al referirse a los ocho aviones caza Northrop F-5E (monoplazas) y los tres F-5F Tiger II (biplazas) con que cuenta la IV Brigada Aérea de la FACH, ubicada en la base aérea Chabunco, al interior del aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, en Punta Arenas.
En 1974 la dictadura de Augusto Pinochet compró a Estados Unidos un total de F-5 (quince monoplazas y los tres biplazas), los cuales llegaron en 1976, poco antes de que se dictara la enmienda Kennedy, que entró en vigencia ese año y que impedía vender armas y municiones a Chile, como sanción por las violaciones de los derechos humanos.
Ello obligó a reacondicionar los misiles Sidewinder originales con otros fabricados por industrias Cardoen y, posteriormente, Israel y ENAER modernizaron los aviones –los primeros cazas que podían superar la velocidad del sonido con que contó Chile–, al estándar Tigre III.
De hecho, en su reciente visita a la Base Chabunco, Barros se refirió a ello, después que el periodista Davor Gjuranovic le preguntara: “¿Chile los va a recambiar? ¿Chile va a comprar nuevos aviones? Tienen más de 50 años los que están a sus espaldas”.
El secretario de Estado respondió que “tiene 50 años, pero muy bien tenidos… la Fuerza Aérea, que los tiene con un estándar realmente destacado a nivel mundial”.
Luego agregó que “tenemos un desafío por delante y yo creo que hay una perspectiva de mediano-corto plazo de reemplazarlos y para eso habrá que ver la planificación y los programas, en la medida que existan los recursos, ir renovando”.
Asimismo, dijo que “el Presidente Kast ha dado un mensaje muy claro: las Fuerzas Armadas van a contar con el apoyo de este Gobierno, de manera decidida, y no solo con el apoyo económico, sino también el apoyo institucional, el apoyo de la capacitación”.
La reacción al otro lado de los Andes
La noticia generó, probablemente, más revuelo en Argentina que en Chile, donde desde la última versión de la Feria Internacional del Aire y del Espacio (Fidae) varios analistas venían especulando con que la maniobra de recarga de combustible de un caza Lockheed Martin F-35 por parte de aviones tanqueros de la FACH era de algún modo un guiño hacia un supuesto interés de parte de Chile en dicho avión.
Se trata del caza más avanzado del mundo, que entre otras cosas tiene tecnología Stealth, por lo cual es casi indetectable en los radares, pero también es uno de los más caros, pues, dependiendo de su versión, equipamiento y armas, su precio unitario varía entre los los US$ 110 millones y los US$ 135.8 millones, que es el valor del F-35B, que tiene un sistema VTOl (Vertical Take Off Landing), que le permite despegar y aterrizar sin necesidad de carretear por una pista, gracias al sistema de toberas con que cuenta, del mismo modo como lo hacían los legendarios y ahora antiguos Sea Harrier británicos.

Un F-35 reabastecido en vuelo por un tanquero chileno (imagen: FACH)
El analista internacional Andrei Serbin Pont habló al respecto en Infobae, señalando que era la primera vez que la Fuerza Aérea chilena realizaba tareas de repostaje de vuelo con aviones de la quinta generación de cazas, de la cual forma parte también el F-22; es decir, aviones desarrollados a partir de los años 90, a diferencia de los aviones caza (fighters) de cuarta generación, como los F-14, F-15, F-16 y F-18.
Hasta hace un año, la FACH era, junto a la de Brasil, la principal fuerza aérea del continente, pues Chile cuenta con 46 aviones F-16, que son parte de la llamada cuarta generación de cazas (los F-5, en sentido estricto, pertenecen a la segunda), 36 de ellos modelo Block 15 y 10 modelo Block 50, mientras en Venezuela se estima que quedan entre 4 a 6 F-16 operativos, de los comprados por ese país hace más de 30 años. Brasil, a su vez, posee 36 Saab F-39 Gripen, de origen sueco, y está comprando otros 20.
Sin embargo, el Gobierno de Javier Milei ya compró 24 F-16 de segunda mano a Dinamarca, de los cuales ya fueron entregados 6, mientras que Perú planea adquirir al menos 12 F-16 Block 70 (más avanzados que los que posee Chile) a Estados Unidos, negocio que ya está aprobado por el Congreso de ese país.
A ello se suma la compra por parte de Colombia de 17 Saab Gripen (15 modelos Gripen E, monoplazas, y 2 modelos F, biplazas), por un monto superior a los 4.300 millones de dólares, dado que al costo de los aviones se suman las armas, el entrenamiento, la mantención, etc.
Al respecto, Serbin señalaba hace un mes que “los chilenos vienen llevando adelante un proceso de modernización hace varios, hace varias décadas, muy profunda, siempre a los niveles o estándares de OTAN, y el F-35 ha sido el avión que en buena parte de la OTAN ha venido a reemplazar a los F-16”, agregando que “algunos de los F-16 de Chile ya tienen algunos buenos años encima”, por lo cual especulaba con que una opción es que “vayan reemplazando los lotes más viejos de F-16 con los F-35 y mantienen los dos operativos”.
Sin embargo, agregaba que el precio real de estos aviones, sumando la logística, armamento y todo lo demás, puede llegar a los 200 y 300 millones de dólares, por lo que “una adquisición de estas características rondaría fácilmente más allá de los 3 mil millones de dólares”.
Otro analista argentino conocido, quien usa el seudónimo de Saito Word, decía a su vez que “nadie en el Gobierno chileno ha confirmado, pero tampoco nadie ha descartado públicamente el F-35”, aseverando que “si Chile adquiriera el F-35, dicen algunos analistas, no estaría comprando un avión, estaría ingresando a un ecosistema completo de defensa integrada con los Estados Unidos y sus aliados OTAN. Eso tiene implicancias que van mucho más allá de la aviación”, argumentando también que, a pesar de su valor, “en estrategia, a veces la pregunta no es cuánto cuesta. La pregunta es cuánto cuesta no tenerlo”.
Las tres opciones
El analista Alberto Rojas, director del Observatorio Internacional de la Universidad Finis Terrae, recuerda que los dichos del ministro Barros coinciden también con las declaraciones del comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Hugo Rodríguez, en términos de que “los F-5 que operan en la zona sur de Chile ya tienen medio siglo de vida útil, han sido refaccionados, reacondicionados, modernizados a lo largo de décadas y eso les ha permitido mantenerse a plena capacidad para operar en esa zona”.
Y añade que “la idea de un retiro progresivo era esperable y, de hecho, el propio general Rodríguez habla de un retiro en el mediano largo plazo. Estamos hablando de unos 10 años más, y eso da tiempo para organizar el reemplazo de unidades que cumplen una labor muy importante en una zona de Chile que es muy compleja, no solamente en términos fronterizos con Argentina, sino también en todo lo que es la zona sur austral del país, pues a fin de cuentas es la puerta de Chile además hacia la Antártica”.
Respecto de con qué reemplazar los F-5, el experto explica que hay tres opciones: “La más esperable podría ser reemplazarlos por aviones F-16 y de esa manera estandarizar definitivamente la flota de aviones de combate tanto en el norte, que es donde están los F-16, como en el sur. Podría ser una combinación similar a la que vimos hace ya más de 20 años, cuando se adquirió un grupo de aviones de segunda mano y otros nuevos directamente desde Estados Unidos. Esa sería una opción que favorecería la interoperabilidad y uniformaría el funcionamiento de la Fuerza Aérea en ese aspecto”.
También está –dice– la opción de recurrir a cazas de fabricación europea, como el Gripen sueco o los Mirage franceses (que Chile ya tuvo y que precisamente reemplazó con los F-16), pero precisa que “entendiendo que hay más bien un perfil y un énfasis de equipamiento aéreo estadounidense, no tiene mucho sentido buscar nuevas unidades de otra nacionalidad, con otro tipo de tecnología”.
Y sobre la tercera opción, puntualiza que sería pasar a un avión de quinta generación, lo que significaría “un salto cuantitativo y cualitativo” que –a su juicio– “pondría nuevamente a Chile a la cabeza del poder aéreo en Sudamérica, en un momento en el que países como Colombia, Argentina y Perú están modernizando su equipamiento militar”, aseverando que, en dicho sentido, “el reemplazo de los F-5 podría ser la oportunidad para volver a generar una mayor distancia respecto del poder aéreo de nuestros vecinos”.
¿Dónde está el plan?
Por su parte, el exsubsecretario de Defensa, para las Fuerzas Armadas y de Guerra y exembajador Gabriel Gaspar, indica que antes que discutir el reemplazo de los F-5 es necesario discutir un tema mayor: “Chile, como Estado, necesita actualizar su apreciación global respecto de los riesgos y amenazas que enfrenta el presente y el futuro inmediato del país, sobre todo en un escenario que nosotros estamos viendo. Las relaciones internacionales están siendo sobrepasadas por la fuerza y se debilita el derecho internacional”.
En dicho contexto, detalla que es necesario tener un plan que diga relación “con las capacidades estratégicas que debe tener el país para garantizar su seguridad”.
Al respecto, indica que “se trata de estrategias que traspasan el periodo de un Gobierno o de varios gobiernos, porque se trabaja en perspectivas históricas y, por tanto, eso dice relación con la Ley de Capacidades Estratégicas que reemplazó la antigua Ley del Cobre, en la cual se prometió por parte de todos los sectores políticos que se le iba a dar la prioridad suficiente, cosa que desgraciadamente no se ha cumplido, en mi humilde opinión”.
Asimismo, Gaspar opina que “sería conveniente, desde mi punto de vista, que esa apreciación que se elabore a partir del trabajo del Ministerio de Defensa sea consultada y sometida a los organismos de control democrático, como son las comisiones de Defensa de ambas Cámaras e ideal sería también que esto se iniciara con una sesión del Consejo de Seguridad Nacional, porque el Consejo no está solamente para ser convocado ante las crisis, sino que es un ente fundamentalmente asesor del Estado”.
Inscríbete en el Newsletter +Política de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para informado/a con noticias precisas, seguimiento detallado de políticas públicas y entrevistas con personajes que influyen.