CULTURA
“Die my love”: la maternidad como un campo de batalla
Después de ocho años, la directora escocesa Lynne Ramsay regresa al cine con Die My Love, una propuesta compleja, cruda y extraña. Una película que reúne a dos estrellas (Robert Pattinson y Jennifer Lawrence) en una inquietante trama psicológica producida nada menos que por Martin Scorsese.
Ramsay es una cineasta de filmografía breve pero contundente. Apenas cinco películas, y cada una de ellas con un universo propio. Desde su ópera prima, Ratcatcher (1999), donde contrapone la poesía visual con la miseria más descarnada; pasando por Morvern Callar (2002), con su mirada fría ante la muerte; Tenemos que hablar de Kevin (2011), una adaptación perturbadora sobre la maternidad; y luego You Were Never Really Here (2017), un thriller brutal, con un inmenso Joaquin Phoenix. Y ahora, con Die My Love, Ramsay vuelve a su territorio natural: un cine visceral, llevado a su extremo más radical.
La película adapta la novela homónima de la escritora argentina radicada en Francia Ariana Harwicz. Curiosamente, la única película de Ramsay que no adapta una obra literaria es su debut, Ratcatcher. El texto original, narrado en primera persona, se desarrolla como un monólogo interior de intensidad abrumadora, algo que parecía casi imposible de trasladar al cine. Sin embargo, Ramsay logra salir airosa gracias a su mirada sensorial y su dominio de la fragmentación emocional.
Scorsese se sumó al proyecto tras descubrir la novela en su club de lectura. Fascinado por su potencia, pensó que sería una excelente idea adaptarla, especialmente con Jennifer Lawrence como protagonista, actriz que lo había deslumbrado en Mother!. Le recomendó el libro, y el resto es historia.

La trama sigue a Grace (Jennifer Lawrence, en una actuación monumental), una mujer que atraviesa una severa psicosis posparto y un proceso de desintegración mental en un entorno rural que la va aislando del mundo. Su esposo, Jackson (Robert Pattinson, en un papel de desinterés y desesperación), intenta sostener la relación mientras presencia la progresiva pérdida de realidad de su pareja. El resultado es un drama psicológico asfixiante, con escenas que te obligan a respirar hondo y a mantener el corazón en un puño.
Ramsay vuelve con una puesta en escena apabullante, profundamente física, donde cada plano transmite incomodidad y belleza al mismo tiempo. Es una cineasta que ha hecho del malestar un arte, y aquí lo lleva a otro nivel: un cine “anticonceptivo”, donde la maternidad se convierte en un campo de batalla, crudo y provocador. Ya lo exploró en Tenemos que hablar de Kevin, y de manera más tenue en Ratcatcher, pero Die My Love es su visión más feroz sobre el tema.
En Die My Love, Ramsay se adentra en el territorio tabú de la depresión y la psicosis posparto, esquivando cualquier atisbo de moralismo y sin buscar la empatía fácil con su protagonista. No hay manipulación emocional ni trampas narrativas: lo que ofrece es el retrato progresivo del colapso mental de una mujer para quien la maternidad se convierte en una auténtica pesadilla. Ramsay transforma ese vínculo sagrado en un instinto animal, violento y desbordado, una experiencia psicológica tan irracional como fragmentada. A medida que avanza la historia, lo real se entremezcla con lo onírico y lo alucinatorio, hasta que los límites entre fantasía y realidad se diluyen por completo. Los síntomas de la psicosis posparto (alucinaciones, delirios, confusión, cambios de humor extremos e insomnio severo) se manifiestan con fuerza en la conducta errática de la protagonista, cuyo deterioro mental Ramsay filma con una crudeza tan perturbadora como poética.
El tema recuerda al documental Witches de Elizabeth Sankey, que conecta la psicosis posparto con la figura histórica de la bruja, usando fragmentos de películas para explorar esa conexión entre lo femenino y lo demonizado.
Jennifer Lawrence entrega, probablemente, la mejor interpretación de su carrera: un trabajo físico y emocionalmente devastador, lleno de matices y riesgo. Su química con Pattinson es magnética y tóxica; él representa una masculinidad desconcertada, incapaz de escapar de los roles de género que lo limitan. Lawrence debería estar nominada al Oscar, aunque la Academia suele temer este tipo de obras incómodas.
Entre los secundarios destacan Sissy Spacek, que brilla en cada aparición, y el regreso de Nick Nolte, al que se echa en falta por su breve presencia. Lakeith Stanfield cumple en un rol menor, aunque algo desaprovechado.
Visualmente, la película es una joya: filmada en formato 4:3 y en 35 mm, intensifica la sensación de encierro y asfixia mental. La fotografía alterna entre los tonos abrasadores y saturados del día y una paleta lúgubre en la noche, evocando por momentos a Repulsión de Roman Polanski. El terror psicológico se filtra en cada plano, convirtiendo la angustia en una experiencia sensorial.
En definitiva, Die My Love es una película intensa, hipnótica y devastadora, un frenesí de lo psicosexual que marca el regreso más feroz y apasionante de Lynne Ramsay. Un filme que divide a la crítica (como ocurrió en Cannes), que puede ser amado u odiado, pero jamás ignorado. Por su valentía temática, su crudeza emocional y su dominio del lenguaje visual, es sin duda uno de los estrenos más fascinantes e incómodos del año.
Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.