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El pastor evangélico que maneja a Bolsonaro: los secretos detrás de “Apocalipsis en los trópicos” CULTURA

El pastor evangélico que maneja a Bolsonaro: los secretos detrás de “Apocalipsis en los trópicos”

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Tatiana Oliveros
Por : Tatiana Oliveros Artista, colaboradora de El Mostrador Cultura
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El documental de Petra Costa ganó el Premio Platino a Mejor Documental y explora la influencia de líderes evangélicos en la política brasileña. Brunno Pacini, investigador y productor del filme, revela cómo descubrieron el poder histórico de Silas Malafaia y su cercanía con Jair Bolsonaro.


El documental Apocalipsis en los trópicos, dirigido por Petra Costa, se convirtió en uno de los títulos más comentados de la reciente temporada cinematográfica iberoamericana. La película profundiza en la relación entre religión evangélica, poder político y memoria histórica en Brasil, trazando un recorrido que conecta la dictadura militar con el ascenso contemporáneo de figuras como Jair Bolsonaro.

La cinta obtuvo el Premio Platino a Mejor Documental en la edición 2026 de los galardones realizados en Xcaret, México. Durante la ceremonia, el productor e investigador Brunno Pacini destacó el valor político del cine documental. “El cine documental tiene la capacidad de transformar el trauma en memoria, y la memoria en movimiento”, señaló al recibir el reconocimiento junto al equipo de la película.

Uno de los ejes centrales del filme es la figura del pastor evangélico Silas Malafaia, líder religioso que aparece como un actor clave en la articulación política del bolsonarismo. A través de archivos, discursos y registros televisivos, la película muestra cómo Malafaia fue construyendo una influencia sostenida dentro de la vida pública brasileña desde comienzos de los años 2000.

En conversación con El Mostrador, Pacini explicó cómo la investigación fue revelando el alcance histórico de esta relación entre religión y política, pero también la complejidad interna del mundo evangélico brasileño y las razones por las que el cine político brasileño está logrando una resonancia internacional cada vez más fuerte.

Malafaia: el “titiritero”de Bolsonaro

—La película muestra ciertos discursos religiosos que dejaron de operar en el plano de la fe para pasar al plano político. ¿Cuál fue uno de los hallazgos más importantes al realizar la investigación en este ámbito?

—Ese fue un tema central en la investigación que realizamos. Yo, por ejemplo, comencé hace cuatro años en el área de investigación de la película y después fui pasando a la parte de producción. Y conforme fuimos haciendo el filme, nos fuimos dando cuenta de cómo la religión estaba intrínsecamente ligada con la política. Porque inicialmente la película era sobre la pandemia. Y a medida que avanzaban las grabaciones, Petra, junto a sus guionistas y editores, comenzó a notar que una figura específica aparecía constantemente: Malafaia. Él empezó a surgir cada vez más. Comenzamos a revisar videos antiguos y nos preguntábamos: “Mira cómo está presente en todo esto, investiguemos más profundamente esta presencia religiosa y cómo opera.

A partir de eso, empezamos a descubrir relatos y conexiones, como lo que mostramos sobre The Family, que tuvo una presencia muy fuerte en Brasil, especialmente durante la dictadura militar, cuando enviaron muchos misioneros al país. Tuvimos investigadores que fueron a bibliotecas en Estados Unidos y encontraron diversos documentos relacionados con las iglesias. Muchos de esos documentos aparecen en la película y muestran justamente esta iniciativa de traer misioneros a los trópicos, como decimos en el filme. Eso impresionó mucho a todo el equipo, porque nos permitió entender la fuerza que tiene esta presencia religiosa.

Conforme revisábamos el material de archivo y los registros filmados, se hacía cada vez más evidente cómo Malafaia se convertía en una especie de “titiritero” detrás de Bolsonaro y cómo eso influía en sus políticas y en lo que se estaba implementando en el país.

—Brasil es un país con una dimensión espiritual y religiosa muy diversa y profundamente arraigada. ¿Crees que esa relación histórica y cultural con lo religioso hizo que Brasil fuera especialmente receptivo al crecimiento y la influencia de los movimientos evangélicos en la política y la vida pública?

—Sí, y eso ocurrió justamente a través de la influencia que muestra la película. Brasil es un país muy diverso y con una cultura religiosa muy extensa. Por ejemplo, están las religiones de matriz africana, que tienen una presencia histórica muy fuerte. Y muchas veces vemos discursos, como los de Malafaia, que se posicionan contra ciertas agendas religiosas o igualitarias.

En la propia película vemos, por ejemplo, una marcha que él realizó —si no me equivoco fue en 2012 o 2013— en contra de los derechos LGBT. Y cuando hablamos de los evangélicos, no nos referimos necesariamente a todos los evangélicos, sino particularmente a figuras como Malafaia, que supieron aprovechar muy bien su influencia.

A través de las imágenes de archivo vemos que ya estaba presente desde 2002. Cuando Lula fue elegido ese año, Malafaia ya estaba ahí. También estuvo durante la campaña de Serra y más tarde con Aécio. Pero con Bolsonaro eso alcanzó otro nivel: la influencia se volvió mucho más impactante. Hay una escena, por ejemplo, del 7 de septiembre de 2021, donde Malafaia prácticamente anticipa lo que Bolsonaro va a decir, como si supiera exactamente cada frase de su discurso. Eso habla mucho de la influencia que lograron construir y de cómo consiguieron instalar sus propias agendas dentro de la política brasileña.

—¿Cómo fue abordar a la religión evangélica sin caer en estereotipos ni simplificaciones?

—Eso tiene mucho que ver con las limitaciones propias del cine. Una película tiene un tiempo limitado para abordar temas tan complejos. Pero principalmente el filme quiso mostrar cómo esa influencia fue utilizada por ciertos líderes religiosos y políticos, como Malafaia. Ese fue el foco principal. No logramos profundizar en cada aspecto específico porque el objetivo era mostrar a las figuras de liderazgo. Además, los evangélicos son un grupo muy heterogéneo. Cuando empecé la investigación descubrí justamente eso: no existe un único tipo de evangélico. Hay muchas corrientes, muchas visiones distintas. Y abordar toda esa diversidad requeriría mucho más que una sola película.

Por eso el filme optó por enfocarse principalmente en cómo ciertas figuras religiosas —sobre todo hombres blancos como Malafaia— utilizan la fe para impulsar determinadas agendas y discursos políticos. Claro que también aparecen otras voces dentro del mundo evangélico; por ejemplo, vemos a Esther Candeias hablando en la película.

La memoria como eje del nuevo cine brasileño

—Películas como Ainda Estou Aqui, O Agente Secreto y Apocalipsis en los trópicos han tenido una fuerte repercusión internacional. ¿Por qué crees que este cine político brasileño está conectando tan profundamente con audiencias de otros países?

—Esa es una muy buena pregunta. Yo mismo veo mucho eso en redes sociales, incluso entre personas con discursos más conservadores que dicen que el cine debería ser solamente entretenimiento y no abordar ciertos temas. Pero Brasil acaba de atravesar una dictadura muy fuerte y la política está intrínsecamente ligada a nuestra vida cotidiana, a todo lo que hacemos.

Las películas de Petra muestran mucho eso. Toda su filmografía tiene esa dimensión política y de memoria. Y vemos algo similar en El agente secreto, que incluso sin ser un filme explícitamente político, trabaja a través de matices y muestra cómo las experiencias y las formas de pensar están atravesadas por la política.
Por ejemplo, Helena y Democracia en vértigo muestran aspectos profundamente personales y familiares de su historia. Porque el cine es una forma de expresión artística, y una manera de expresarnos es mirar hacia atrás, observar nuestra historia, nuestras influencias, nuestras vivencias.

Y en el caso de Kleber Mendonça Filho, vemos un cine muy enfocado en mostrar lo que está ocurriendo en Brasil. O Som ao Redor, por ejemplo, es una película increíble en ese sentido. Creo que esa conexión entre memoria, experiencia personal y contexto político es justamente lo que hace que estas películas logren resonar internacionalmente.

 

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