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Poeta Victoria Ramírez: “La ciencia es una gran compañera para la literatura” CULTURA Crédito: Prensa U. de Chile

Poeta Victoria Ramírez: “La ciencia es una gran compañera para la literatura”

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Antonia Castro Zbinden
Por : Antonia Castro Zbinden Periodista, Universidad de Santiago de Chile (USACH).
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Tras recibir el Premio Manuel Montt 2025 por su obra literaria, desentraña la trastienda de su libro galardonado. En este diálogo, aborda la relación entre la botánica, el territorio y la crisis climática que articula en el volumen. 


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En el marco de una nueva convocatoria del Premio Manuel Montt, distinción con la que la Universidad de Chile reconoce a las producciones científicas y literarias más destacadas del país, la Casa de Bello otorgó este galardón a la periodista y poeta Victoria Ramírez, por su obra Teoría del Polen.

Este reconocimiento de carácter bienal, instituido por disposición testamentaria del expresidente Pedro Montt en homenaje a su padre, Manuel Montt, es entregado por el Consejo Universitario y financiado por la Fundación Pedro Montt para distinguir a la mejor obra nacional o de autores chilenos en el extranjero. 

Nacida en Santiago en 1991, Ramírez egresó de la carrera de Periodismo en la Universidad de Chile, casa de estudios donde también cursó un Magíster en Literatura impartido por la Facultad de Filosofía y Humanidades y se desempeñó laboralmente en la Facultad de Comunicación e Imagen (FCEI).

Su formación académica incluye además un Máster en Creación Literaria por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, España. En su trayectoria previa, fue becaria de la Fundación Pablo Neruda y de la residencia MacDowell en Estados Unidos.

Asimismo, obtuvo el Premio Roberto Bolaño (2016), el Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral (2017) y el Premio Mejores Obras Literarias en la categoría de obra inédita (2017). A la fecha, su producción literaria la componen los libros de poemas Magnolios (2019), Teoría del polen (2021) y el volumen experimental Un ciervo muere en Tailandia (2024), además de una novela en preparación con la editorial Banda Propia.

Publicado por Provincianos Editores, Teoría del polen consta de casi 60 páginas y se estructura en tres secciones tituladas Inflorescencia, Polinización y Fecundación. La obra, cuyo impulso surgió durante una residencia artística en medio de un bosque en Estados Unidos, conecta un fuerte vínculo familiar con el territorio del sur de Chile y el registro botánico de especies amenazadas. Mediante descripciones, listas de especies y referencias a estudios botánicos, el libro combina elementos de la poesía, el ensayo y la narrativa para examinar de forma alternativa el campo de la naturaleza.

En esta entrevista, Victoria Ramírez expone los antecedentes detrás de la construcción de este poemario, detalla la confluencia de registros que dan forma a su propuesta estética y analiza las implicancias de recibir este reconocimiento por parte de su alma mater. 

— ¿Cómo nace la idea de escribir Teoría del polen?

Desde hacía tiempo rondaba en mí la idea de escribir poemas que funcionaran como pequeños tratados sobre plantas; de hecho, el impulso inicial surgió de unos textos que quedaron fuera de mi primer libro. En 2017, gracias a un fondo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio pude armar un primer borrador. Luego tuve la suerte de ir a MacDowell, una residencia artística muy prestigiosa en Estados Unidos que está en medio de un bosque increíble. Estar ahí me empujó a volcar el libro hacia lo botánico, apoyándome en textos científicos. 

En esa búsqueda encontré un catálogo de plantas en peligro de extinción del centro-sur de Chile, elaborado por el Real Jardín Botánico de Edimburgo. Esa zona me toca de cerca, porque mi familia materna es de Purranque y Río Bueno, por lo que me siento muy ligada al territorio de las regiones de Los Ríos y Los Lagos. Decidí trabajar con las especies amenazadas de ese paisaje, y de ahí viene la abundancia de listas que tiene el libro. Teoría del polen terminó convirtiéndose en un híbrido: transita entre el poema lírico y musical, y esos textos botánicos que juegan con el registro del explorador, muy en la línea de lo que hicieron María Graham en su Diario de mi residencia en Chile o Gabriela Mistral en Poema de Chile

— ¿De dónde viene ese interés por el mundo vegetal?

Siempre ha estado ahí. Cuando era niña, como mi familia había dejado el campo para venirse a Santiago, en mi casa se respiraba una constante añoranza por el sur y por sus sabores. Ese vínculo con la naturaleza me acompañó siempre; de hecho, en el colegio participaba en la comisión ambiental. Más tarde, en la universidad, ese interés persistió y encontró un camino a través de la literatura. 

— El proceso de escritura de este libro tomó cerca de cinco años, desde 2016 hasta su publicación en 2021, cruzando eventos complejos como la pandemia. ¿Cómo fue esa experiencia?

Suelo demorarme bastante con mis proyectos; de hecho, mi primera novela, que saldrá pronto por Banda Propia, me tomó cerca de una década. Con Teoría del polen fueron unos cinco años de trabajo. Cuando comenzó la pandemia hice un clic: sentía que se inauguraba un cambio epistemológico profundo a raíz de la crisis ecológica actual, un punto de no retorno. En ese contexto, el viaje definitivo de la obra comenzó en un paseo a la playa con amigos. Ahí surgió la premisa: un tono más esperanzador que plantea que, dentro de la crisis, aún es posible conservar estas especies porque todavía existen. Es la dimensión positiva frente a un escenario que parece insalvable.

Mi generación y las más jóvenes nacimos con la certeza de que es muy difícil revertir el daño causado por las grandes industrias y la extracción abusiva de recursos. Ese diagnóstico está muy presente en el libro a través de la crítica a las forestales, que es su capa más política.

— Considerando este escenario de crisis climática, ¿cuál es la principal reflexión que busca transmitir la obra?

La capa más política que tomó el libro hacia el final del proceso tiene que ver con visibilizar que la extinción de estas especies no es casual, sino que responde a un descuido sistemático de los gobiernos y a la falta de regulación de las industrias. La proliferación de monocultivos destruye la biodiversidad y nos termina afectando directamente con fenómenos como los incendios. Todo está encadenado. Cuidar el ecosistema en el que vivimos requiere atender estos problemas de fondo. Por eso, para mí era muy importante nombrar ciertas especies porque son plantas que están en peligro de extinción y que podríamos no ver en el futuro. 

— Habitualmente la botánica se aborda desde la ciencia o los textos técnicos. ¿Por qué elegiste el camino de la poesía para este tema?

Desde hace tiempo, los libros de poesía que más me interesan son los híbridos. Mi intención era crear una obra que mezclara los textos científicos con el formato poético más tradicional, el del verso libre. Pero también creo que en el libro se cuelan el ensayo y la narrativa, sobre todo en el sentido de que existe un orden: para mí, cada sección funciona como una especie de ecosistema propio que se va armando. La poesía es un género ideal para esto porque es sumamente abierta; al igual que el ensayo, permite experimentar y resiste cruces muy diversos.

Ese marco me dio la libertad de moverme en un registro ensayístico, pero también de contar una historia y trasladar el lenguaje de la ciencia al plano de lo poético. Muchas veces los científicos no lo hacen con esa intención, pero lo que describen posee una carga poética. Hay una conexión directa con el acto de la creación: el científico descubre cosas nuevas y el poeta también; ambos iluminamos espacios que estaban a oscuras. En ese sentido, la ciencia es una gran compañera para la literatura.

— Teoría del polen se suma a una lista de obras tuyas que ya han sido premiadas, pero ¿qué significa en particular recibir el Premio Manuel Montt?

Es un tremendo orgullo y un honor, me siento muy feliz. Es aún más significativo viniendo de la universidad donde estudié y trabajé. Tengo un vínculo directo con la institución desde hace mucho tiempo y valoro profundamente su rol público e histórico para el país.

Este libro se publicó en 2021 y luego tuvo reediciones en Argentina y Perú en 2022 y 2023. Ha sido un libro muy generoso conmigo, me abrió muchas puertas e incluso me permitió viajar a un festival de poesía en China el año pasado. Siento que este premio de la Universidad de Chile viene a cerrar de forma muy hermosa un ciclo con esta obra.

— ¿Qué le dirías a quienes tienen la inquietud de escribir pero aún no se atreven?

Como también dicto talleres, siempre les digo que se atrevan a escribir sin la presión de que la primera versión sea perfecta. Este es un oficio de largo aliento: a veces hay poemas que se quedan en el cajón y, al revisarlos dos años después, recién cobran sentido.

Además, escribir va de la mano con leer mucho; uno escribe mejor cuando lee más. Como plantea Cecilia Vicuña en su concepto de la palabra y el hilo, la escritura y la lectura se entrelazan en una sola trenza junto al trabajo de taller y la reflexión colectiva. Les diría que se lancen, que busquen esos espacios de formación y, sobre todo, que afinen la mirada. Como decía Denise Levertov, el poeta debe tener siempre los cinco sentidos puestos en la experiencia. Primero hay que vivir las cosas; después viene el momento de sentarse a escribir, un proceso que, ante todo, requiere paciencia.

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