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La Cancillería de Kast: Amistades peligrosas
La administración anterior se vio forzada a hacer un gran giro en su política exterior al completar su primer año. Ojalá a Kast no le tome todo un año -o más- llegar a igual conclusión: la ideología y la falta de expertise son la peor combinación para la diplomacia.
Cuatro meses desde la instalación de una nueva administración es un tiempo prudente para hacer una evaluación de política exterior, un área que en Chile destaca por la estabilidad de sus vigas matrices.
En los últimos 40 años, nuestra apertura, pragmatismo y predilección por construir acuerdos -tenemos la red más amplia del mundo en materia comercial- han cimentado la buena reputación global de nuestro país y aportado a nuestro desarrollo.
El punto de partida es el hecho de que la candidatura presidencial de José Antonio Kast 2025, a diferencia de anteriores campañas, decidió no presentar programa de política exterior. Pese a ello, el modelo de liderazgo internacional de Kast era nítido y su triunfo así lo confirmó.
Aunque los presidentes electos suelen concentrarse en preparar equipos y afinar planes, Kast favoreció una agenda internacional inusualmente activa, incluyendo asistencia a la cumbre europea de ultraderecha en Bruselas y a la de cooperación militar de Trump en Florida, además de visitas a figuras como Milei, Bukele y Orbán. Antes del traspaso del mando, estos eventos no eran estrictamente necesarios, pero primó el deseo de expresar afinidad ideológica.
Un examen de las acciones más llamativas de política exterior de Kast refleja su ideologización. Veamos:
- Desaire al Presidente Lula, que derivó en ausencia de este de la ceremonia de traspaso de mando. La relación de Estado Chile-Brasil pesó menos que la personal de Kast con los hijos de Bolsonaro, declarado por la justicia brasileña como culpable de intentar derrocar y asesinar a Lula.
- Apoyo inmediato del Presidente electo a la guerra de EE.UU. e Israel en Irán, incluso antes de que el gobierno en ejercicio (Boric) pudiera pronunciarse, sin consideración de los efectos económicos del conflicto para el país y la región, incluso en el largo plazo y en escenario de cese al fuego (hoy en duda).
- Acercamiento a Netanyahu, gobernante bajo orden de arresto internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza; y justo en el peor momento del ataque al Líbano, que dio como resultado miles de muertos y más de un millón de desplazados.
- Difusión de video del Presidente Kast en La Moneda, dirigido a partidarios de Víktor Orbán -gobernante húngaro sancionado por la UE por corrupción y violación del Estado de Derecho- en el cual Kast exhorta a la reelección de este, violando la regla básica internacional de no intervención en asuntos internos de otros Estados. Al mes siguiente Orbán perdió estrepitosamente. Hasta hoy el gobierno chileno no ha reconocido al nuevo primer ministro de Hungría (Péter Magyar).
- Con Argentina, la suscripción de la declaración sobre la relación bilateral que excluyó las dos disputas fronterizas aún pendientes de solución (Campo de Hielo Sur y Plataforma Continental extendida). Además, reiteró el apoyo a la pretensión argentina sobre Malvinas/Falklands, sin previo examen de la conveniencia de tal postura (Reino Unido es nuestro más antiguo aliado en materia de defensa). Al mismo tiempo, la administración Kast busca una alianza energética con Argentina, sin considerar que ese país históricamente ha violado acuerdos sobre energía respecto de Chile y otras naciones (es el país con más disputas ante el Banco Mundial por incumplimiento de acuerdos sobre inversión extranjera). El gobierno aparece desprevenido en materia territorial y energética, no obstante su declarado patriotismo.
- Tres meses de tardanza para anunciar la simple continuación de la campaña iniciada por el gobierno anterior para que Chile sea sede de la Secretaría del Tratado sobre el Alta Mar (“BBNJ”). El desarrollo del derecho del Mar está entre las más antiguas políticas de Estado del país, pero la autoridad no se convencía del evidente beneficio geopolítico que significaría obtener dicha secretaría por sobre los otros candidatos (China y Bélgica).
- Promoción de Choose Chile, un mero slogan publicitario, como “programa del Gobierno” para búsqueda de inversión extranjera directa y migración calificada — aunque detrás de dicha etiqueta no hay contenido, estrategia, respaldos técnicos o políticos, ni coordinación de entidades públicas. Por un lado, el rol de búsqueda de inversión extranjera no corresponde a Cancillería sino a InvestChile, agencia reconocida internacionalmente por su calidad y coordinada estrechamente con Hacienda y Economía. Por otro, tampoco se explica cómo se condice la búsqueda de migrantes calificados con la promesa de Kast de expulsar cientos de miles de migrantes, y el papel del Servicio Nacional de Migraciones.
- Total alineamiento con Trump, enfrascado en una guerra económica con China (el mayor socio comercial de Chile), y además fuente reiterada de amenazas contra Canadá (el mayor inversionista en Chile), la UE (probablemente la alianza estratégica más importante de Chile), y Panamá (Chile es uno de los mayores usuarios del canal). En este panorama, el gobierno de Kast se atribuye haber “recompuesto” una relación de Estado a Estado donde no ha habido ruptura (como demuestra la mantención del beneficio de visa waiver, que requiere intensa y efectiva cooperación bilateral, un caso único en la región); y afirma además que EE.UU. es nuestro “principal aliado estratégico”, saltándose la historia de la política exterior chilena y rompiendo el equilibrio que la caracteriza. Se ha profundizado además el tono partisano -e incluso frívolo- de la comunicación institucional, lejano al estilo sobrio que antes cultivaba el Ministerio y que mantienen símiles de alto nivel.
- Y, finalmente, el retiro de Chile al apoyo a la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU, basado en una supuesta “dispersión de votos” entre “muchas candidaturas”, que en realidad son muy pocas (menos de la mitad de las que hubo en el proceso anterior), y testimoniales en su mayoría. La debilidad de los argumentos esgrimidos para el retiro fue patente de inmediato, y desde entonces la candidatura de Bachelet -sostenida por Brasil y México- ha continuado un curso favorable, mientras otras opciones se debilitan. Su posible triunfo sería la mayor demostración de la debilidad de una Cancillería incapaz de hacer apreciaciones realistas del escenario internacional y del interés nacional (favorecido por la figuración que brindaría el máximo cargo de la ONU).
Es cierto que en estos meses ha habido algunos puntos positivos (la cumbre regional sobre seguridad, el acercamiento a Bolivia, la ayuda humanitaria a Venezuela, entre ellos), pero la ideologización, que aleja al país de las vigas matrices de sus relaciones exteriores, pesa muchísimo más.
Adicionalmente, los febles juicios sobre el escenario geopolítico vecinal, continental y global que se desprenden de pronunciamientos apresurados del gobierno, dañan la imagen del país; y todo eso, sin contar con la bomba de tiempo que son los neófitos designados en embajadas (tema para otra columna).
La administración anterior también se vio forzada a hacer un gran giro en su política exterior al completar su primer año. Ojalá a Kast no le tome todo un año -o más- llegar a igual conclusión: la ideología y la falta de expertise son la peor combinación para la diplomacia.
- El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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