CULTURA|OPINIÓN
Crédito: libro “Violeta y Gilbert”
“Tan frágil como un segundo”: la historia de amor de Violeta Parra
¿Es la relación de pareja algo que solo satisface las necesidades físicas relacionadas con alimentarse y compartir o, más allá, en un oculto rincón inaccesible, existe una dimensión espiritual hambrienta de un alimento que resulta invisible a nuestros ojos?
La prestigiosa Editorial Pehuén acaba de publicar, para deleite de los lectores, un libro titulado “Violeta y Gilbert: una historia de amor, locura y música”, de la autora Patricia Díaz-Inostroza (Concepción, 1958), quien posee, entre otras, las siguientes credenciales: periodista y musicóloga, doctora en Estudios Americanos, con especialidad en Pensamiento y Cultura. Su trayectoria cruza la investigación, la creación musical y la gestión cultural.
Además, fue integrante y directora del Grupo Abril, emblemática agrupación musical que forma parte de los movimientos de resistencia cultural a la dictadura chilena. Es autora de diversas investigaciones y publicaciones sobre el canto nuevo, el arte de cantar y la obra y vida de Víctor Jara.
La novela biográfica que ahora presenta es el resultado de cuatro décadas de estudio e investigación sobre la vida de la destacada artista Violeta Parra y de quien fuera una de sus últimas parejas, el antropólogo y músico suizo Gilbert Favre. El período que abarcan los sucesos narrados comprende los años en que ambos estuvieron unidos, a partir de 1960.
Algo sobre el género
Una biografía novelada es una narración que se construye tomando como base una serie de documentos, tales como artículos y entrevistas, pero que también recurre a testimonios y conversaciones con parientes vivos o personas que presenciaron o participaron en los sucesos narrados.
Esto significa que el autor recurre a documentos y fuentes directas para reconstruir un período de la vida de un personaje y, junto con él, una época. Se acepta, dentro de este género, una cierta libertad para inferir o añadir elementos de ficción.
Sobre la vida de Violeta Parra, figura mítica de la historia cultural chilena y latinoamericana, existe muchísimo material registrado en entrevistas escritas, radiales y televisadas, así como en declaraciones y textos que ella misma compuso y cantó.
En la faceta correspondiente a la vida pública y conocida de los personajes, podemos ver que todo discurre conforme a la información que conocemos. En las partes privadas o íntimas, aquellas que suceden en el ámbito de las habitaciones en penumbra y a puerta cerrada, se deja sentir que han sido tratadas con respeto y cariño, aunque queda claro que, a veces, se trata de personas de carácter fuerte y de reacciones que sorprenden.
En doscientas páginas, estructuradas en diez capítulos y un breve epílogo, y con un lenguaje directo y cautivador, seguimos los avatares de ambos desde comienzos de los años sesenta, cuando Violeta y Gilbert se conocen en Santiago de Chile, pasando por las actividades que juntos realizan y la pasión que los une por los viajes y las giras que efectúan por Europa y otros países del Viejo Mundo, así como por Bolivia, Argentina y Brasil.
El relato concluye con aquel aciago día en que Violeta Parra, cantautora, recopiladora, arpillerista, creadora múltiple, Machi chilensis y figura icónica de nuestra cultura, sentada en la cama de su carpa de La Reina, decide quitarse la vida de un tiro en la sien.
La historia novelada
La novela arranca en 1960, en Suiza, en la ciudad de Ginebra, lugar de nacimiento de Gilbert Favre (1936-1989).
Es un joven estudiante de música, sin un propósito claro. Tiene en mente viajar a África o Asia cuando, por azar, se encuentra con un antropólogo cultural que prepara un viaje de exploración a Sudamérica. De este modo llega al norte de Chile.
Participa tangencialmente en ciertas excavaciones y hallazgos, pero se lo pasa cubierto de arena y se aburre. Decide escapar en procura de un destino diferente.
Haciendo autostop llega a Santiago. Se encuentra sin recursos y hay que comer cada día. Averigua por música y, sin querer queriendo, llega al domicilio que por entonces ocupa Violeta Parra, en La Reina.
El día que se conocen, Violeta está cumpliendo cuarenta y tres años; él tiene veinticuatro.
No es la primera vez en la historia de los amores humanos que una pareja con una diferencia de edad semejante inicia una relación que, con sus altos y bajos, los envuelve en su torbellino, los somete y los arrastra durante años.
Violeta Parra pertenece a una familia, un clan, “Los Parra”, que ya ocupa un sitial en el mundo del arte y la cultura. Hay de todo: poetas, investigadores musicales, teatristas y circenses.
Violeta es, en sí misma, un huracán. Canta, compone, investiga. No para. Siempre creando, siempre en movimiento.
En cierto modo se hace cargo de Gilbert: le encuentra actividades, le sugiere qué hacer, lo invita a vivir en su casa, un sitio modesto pero acogedor. Lo pone a estudiar música. Lo adopta.
Y de este modo avanza la historia, saltando entre episodios y anécdotas protagonizados por Gilbert y otros en los cuales Violeta lleva la iniciativa.
No se dan cuenta de cómo se entienden, se complementan, se necesitan y terminan convirtiéndose en pareja.
Algo más
Violeta tiene asuntos y compromisos diversos. Compone canciones, graba, va a la radio, viaja al Perú, a la Patagonia, a la Argentina. Ella no para. Y esa vida le encanta.
Gilbert, siempre tras sus pasos, va aprendiendo de música y a utilizar instrumentos.
Un día, siguiendo invitaciones e impulsos, ella parte a Europa. Él, poco tiempo después, la sigue.
Se reúnen en Ginebra. Ella esta vez se desplaza a París, conoce a medio mundo y vive en el mismo edificio donde habitan Paco Ibáñez y Jodorowsky.
Una tarde, paseando por la Ciudad Luz, Jodorowsky le muestra el edificio del Louvre y le habla de las maravillas que cuelgan de sus muros. Ella se motiva y hace arpilleras. Todos opinan que son muy bellas.
Quiere exponer en el Louvre.
Se reúne con medio mundo, desde funcionarios de la Embajada chilena en París hasta Pablo Picasso. Simultáneamente se las ingenia para cantar y tocar en lugares del Barrio Latino. Se hace un nombre. Tiene éxito.
Ella conquista, seduce, tiene ángel y calidad. Le dicen “La Machi chilensis”.
Todo este despliegue de Violeta Parra durante aquel período otorga a la novela un poder magnético. Ella es telúrica y nunca cesa en su empeño.
Consigue lo imposible: exponer sus arpilleras en el Louvre. Vende bien. Violeta triunfa en la Ciudad Luz.
Ahí está Gilbert, ayudando, colaborando, trayendo bastidores, moviendo trastos, haciéndose cargo de la logística y, sin dejar de estudiar, tocando los instrumentos que ella le aconseja.
Desde Chile llegan cartas por el correo temprano, anunciando problemas. Asuntos con la familia, sus hijas.
Y deben regresar.
Esta parte de la historia está bien documentada.
Pero, de todos modos, uno, en tanto avanza en la lectura, no puede dejar de percibir los desniveles. A medida que transcurren los años y surgen problemas cotidianos de funcionamiento, uno se pregunta:
¿Cómo siguen juntos?
¿Qué los mantiene unidos?
A veces ella lo critica y lo reta en público.
El amor
Aquí entramos en los misterios del amor.
Un enorme poeta chileno ya planteó esta interrogante en un poema maravilloso:
¿Qué se ama cuando se ama?
¿Acaso existe una energía divina, una fuerza desconocida, un destino o un hilo rojo entre dos seres?
¿O la cosa es mucho más pedestre y existen necesidades y proyectos cotidianos que se enfrentan unidos? Están en la misma trinchera de la sobrevivencia.
Pero la adversidad aguarda.
Las desavenencias. Las palabras airadas que luego no se pueden borrar.
Hasta que un día, Run Run se fue pa’l Norte.
Quienes han estudiado esta relación con ribetes de tragedia sostienen que, a partir de entonces, ella compuso algunas de sus mejores canciones.
Allí interroga:
¿Qué he sacado con quererte?
Se queja, maldice al alto cielo y, finalmente, hasta da gracias a la vida.
Es mucho mejor leer el libro.
Y, de todos modos, en el aire queda flotando una pregunta:
¿Es la relación de pareja algo que solo satisface las necesidades físicas relacionadas con alimentarse y compartir o, más allá, en un oculto rincón inaccesible, existe una dimensión espiritual hambrienta de un alimento que resulta invisible a nuestros ojos?
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