Publicidad
Poeta Andrés Morales: “En España la actividad literaria es incesante, en Chile nadie te pesca” CULTURA Crédito: Academia de Buenas Letras de Granada

Poeta Andrés Morales: “En España la actividad literaria es incesante, en Chile nadie te pesca”

Publicidad
Pilar Gonzalez Langlois
Por : Pilar Gonzalez Langlois Periodista y gestora cultural.
Ver Más

Dice que en el país europeo ha encontrado una escena literaria activa, con la publicación de poemas suyos en antologías bilingües, y una circulación permanente de libros, revistas, encuentros y lecturas.


El Mostrador Fuente Preferida

Andrés Morales, poeta y académico de la Universidad de Chile, autor de más de una treintena de libros, traducidos al croata, griego, turco, rumano, búlgaro, inglés, francés e italiano, quien además es miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua y de las Academias Hispanoamericana de Buenas Letras de Madrid y Granada, goza de una felicidad literaria en Madrid.

Lleva cinco años radicado allí, desde donde se conecta con la movida literaria chilena, aunque con una mirada crítica. Mientras tanto, desarrolla nuevos proyectos poéticos en torno a la mística, la memoria y a las casas que ha habitado.

España le ha dado la mano, encontrando una escena literaria activa, con la publicación de poemas suyos en antologías bilingües, una circulación permanente de libros, revistas, encuentros y lecturas, y también una recepción que —dice— contrasta fuertemente con la realidad chilena.

A pesar de todo continúa escribiendo, aportando con publicaciones de poetas chilenos y participando en actividades literarias, mientras prepara nuevos libros y proyectos.

La literatura al otro lado del Atlántico

—Has podido conocer de cerca el mundo literario español y compararlo con el chileno. ¿Qué has encontrado en España que echabas de menos en Chile?

Creo que hay algo que sería interesante que se supiera en Chile. Uno podría pensar que estamos muy distantes, pero aquí existe una actividad literaria incesante. Realmente es impresionante. Vas a un kiosco de diarios y encuentras cuatro o cinco revistas de literatura. Los diarios tienen páginas dedicadas a la literatura. A mí me hacen críticas de mis libros en la prensa.

En Chile, en cambio, nadie te pesca. Nadie te hace una crítica, a menos que se trate de una novela, de un libro político o de algo por el estilo. Quizás aparece una nota de poesía al mes, con suerte. Entonces, la realidad chilena me parece bastante patética en ese sentido.

Aquí siguen existiendo revistas literarias, hay librerías llenas de libros, mucho intercambio, muchas jornadas, encuentros y lecturas. Esta actividad no se detiene. Y eso es algo que a mí me cautiva de España: la intensidad de la actividad literaria.

Evidentemente, en todas partes se cuecen habas, pero aquí percibo una actividad literaria mucho más abierta, mucho menos vengativa y mucho menos hipócrita.

—Hablas también de una diferencia en la manera en que los escritores se relacionan entre sí. ¿Cómo se manifiesta esa mayor apertura que percibes?

—Yo encuentro muy hipócrita la vida literaria en Chile. Te dicen: «Ay, sí, me encanta tu poesía», y después, cuando te das vuelta, te pelan y destruyen tu obra. Aquí, por lo menos, hay bastante respeto. Y si no les gusta tu poesía, te lo dicen: «No me gusta», «no me llega», o lo que sea. Pero no existe tanto esa necesidad de congraciarse con el otro y decirle que te encantó su poesía, aunque no sea verdad. Creo que no debería ser así.

El encuentro con la mística

La conversación se hace más amena cuando Andrés, habla de sus nuevos proyectos. dando paso a un territorio más íntimo: la experiencia mística, la memoria y aquello que la escritura intenta rescatar del tiempo vivido.

—Actualmente trabajas en dos proyectos que parecen transitar por territorios muy distintos: uno relacionado con la experiencia mística y otro con la memoria de las casas y las transformaciones de la vida. ¿Qué está buscando hoy tu escritura en esos dos libros?

—Sí. Uno de ellos es, un diálogo entre Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, que se encuentran en Medina del Campo. Y estoy trabajando en otro libro que se llama “La casa enterrada”, que aborda las distintas etapas que uno ha vivido: las casas que ha ido dejando atrás, las casas nuevas, los pasos y las transformaciones que han marcado la vida. Esos son, en este momento, mis dos principales proyectos.

En el caso del primero, todavía no tengo claro el título: podría ser Medina del Campo, Nuevas canciones de San Juan y Teresa; tengo varias posibilidades. Pero ya está bastante avanzado: son cientos de versos.

Es un diálogo que, en cierta medida, parafrasea el Cántico espiritual de San Juan. En lugar del alma y Dios, aquí son los dos santos quienes hablan. San Juan llega lleno de tribulaciones y problemas, creyendo que está poseído por el demonio. Teresa lo tranquiliza y le explica que aquello que está viviendo no es una posesión, sino una experiencia mística: Dios lo está llamando, probándolo y dándole señales, incluso algunas cosas extrañas, sobrenaturales.

Y eso, en realidad, ocurrió. Teresa hizo justamente eso: tranquilizarlo y decirle: «No se preocupe, esto es así. A mí también me pasó y esto es lo que le está pasando a usted». Le explica que está recorriendo el camino de la mística, que tiene tres vías: la purgativa, la iluminativa y, finalmente, la unitiva.

—Es la primera vez que ingresas de manera tan directa en la poesía mística. ¿Qué ocurrió para que ese territorio apareciera en tu escritura?

— Se trata de una poesía mística, un territorio que yo nunca había explorado en mi poesía. Y apareció de una manera muy curiosa. Fuimos a Ávila y entré a la casa de Santa Teresa. Y, de pronto, algo me pasó. Fue como una epifanía. Pensé: “Tengo que escribir sobre esto. Tengo que procesar esto que me está pasando”. Y ahí comenzó el libro. Es un proyecto de larga data. Tengo la primera parte más o menos lista y ahora voy a trabajar en la segunda.

Las casas de la memoria

—En “La casa enterrada” tu segundo libro en carpeta, aparece otro territorio: la memoria. ¿Qué representa para ti la casa como imagen poética?

—Es el desplazamiento por las distintas casas de la vida. Porque uno va habitando muchas casas: la de la infancia, la de los afectos, la de los lugares que dejamos, y también esas casas interiores que permanecen en la memoria. A veces creemos que abandonamos una casa, pero en realidad la seguimos habitando de otra manera. Quizás Casa enterrada tiene que ver con eso: con lo que queda de nosotros en esos lugares y con aquello que, aunque esté enterrado, todavía nos habita.

Una poesía que cruza fronteras

—Tu obra ha tenido una circulación internacional importante y ha sido traducida a varias lenguas. ¿Qué nuevos proyectos incluye esa difusión de tu poesía?

—Sí. Se han reeditado varios libros acá en España. También se publicó uno en Nueva York. Es una edición preciosa, con muchas páginas y una portada maravillosa. Se publicó en el New York Poetry Press y es una antología fantástica que hicieron en Estados Unidos.

Ahora está apareciendo también “Réquiem”, un libro que publiqué en el año 2000. Mira cuántos años han pasado. Estoy trabajando además con un compositor, Juan Carlos Palazuelos, que le está poniendo música a Réquiem. Va a convertirse en una misa de réquiem.  El libro está siendo traducido al italiano y se va a publicar en Roma a fines de este año.

—Has organizado durante tres años las Jornadas de Otoño. ¿Qué lugar ocupan estos encuentros dentro de tu actividad literaria en España?

—Este otoño voy a estar presidiendo las Jornadas de Otoño, que  he organizado durante tres años. Este es el tercer año que las realizo aquí, en Casa de América, un lugar maravilloso donde participan poetas de todo el mundo y donde, de alguna manera, me corresponde coordinar y conducir esta actividad, lo que me entusiasma e insta a seguir trabajando.

Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.

Publicidad