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Investigación explora el valioso vínculo entre aves, memoria y territorio CULTURA|CIENCIA Crédito: Cedida

Investigación explora el valioso vínculo entre aves, memoria y territorio

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Estudio identificó 87 especies de aves y 27 sitios que tienen un especial lugar en la memoria biocultural del humedal Río Cruces, Región de Los Ríos, involucró a habitantes de las comunidades y desarrolló una metodología de coproducción de conocimiento que integra saberes científicos y locales.


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Cisnes de cuello negro, taguas-pollollas, queltehues, zorzales australes y otras decenas de especies de aves, vuelan por el humedal Río Cruces y guardan la memoria biocultural del territorio. Aves que residen de forma permanente y otras que migran durante el año son testigos de los múltiples cambios que han ocurrido en este paisaje a lo largo del tiempo.

En este Santuario de la Naturaleza de la Región de Los Ríos y primer Sitio Ramsar de Chile, el vínculo entre las personas y las aves es profundo. Y son los habitantes de las comunidades rurales que rodean el humedal quienes, a través de sus recuerdos, conocimientos y experiencias, han contribuido a reconstruir la historia de un ecosistema que ha experimentado profundas transformaciones. El terremoto de 1960, la contaminación del río Cruces, la pérdida de la navegación y la expansión urbana son algunos de los cambios que han modificado la relación de las comunidades con su territorio.

Un estudio liderado por Cristóbal Pizarro, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y director del Laboratorio de Estudios del Antropoceno (LEA), muestra este escenario. El trabajo, publicado recientemente en la revista Ecology & Society, reunió a un equipo interdisciplinario que, entre 2019 y 2023, trabajó junto a habitantes de diez localidades rurales para explorar las conexiones entre biodiversidad, memoria, aves y territorio.

Crédito: Cristóbal Pizarro

Centinelas de la memoria

La investigación propuso conocer qué aves funcionan como centinelas de la memoria biocultural y transformaciones del paisaje, reconociendo qué lugares y acontecimientos forman parte de la memoria del humedal y santuario que se extiende por más de 6 mil hectáreas.

“Las aves guardan la memoria del territorio y permiten que las personas recuerden hechos de amplia significancia, como el desastre de la contaminación del río Cruces. En este caso, la migración y muerte masiva de los cisnes de cuello negro tuvo un impacto muy profundo en las comunidades que viven alrededor”, destaca Cristóbal Pizarro, también investigador de la Universidad de Concepción y Doctor en Sustentabilidad Social y Ecológica, de la U. de Waterloo en Canadá.

La investigación mostró que las y los participantes reconocieron 87 especies de aves y ayudaron a identificar 27 sitios de especial significación biocultural, donde la importancia para la biodiversidad se entrelaza con conocimientos, recuerdos, experiencias y formas de habitar el territorio. A través de las aves, las comunidades también pudieron reconocer cambios más silenciosos, como especies que dejaron de aparecer y otras que se hicieron más frecuentes en determinados lugares del santuario.

Crédito: Cedida

“Las personas reconocieron el 73% de las especies reportadas por el Santuario de la Naturaleza. Ese dato empírico nos muestra que existe un conocimiento profundo de la biodiversidad y nos da una base para establecer soluciones basadas en la naturaleza, monitoreo comunitario y otras maneras de involucrar a las personas tanto en la generación de información como en la recuperación de ecosistemas y especies en peligro de conservación”, señala el investigador del IEB, centro que cuenta con financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID.

Uno de los hallazgos más relevantes fue que el 93% de los sitios identificados se encuentra fuera de los límites del Santuario, mostrando que la memoria biocultural de las comunidades se extiende más allá de las fronteras formales del área protegida.

Investigar junto al territorio

Llegar a estos resultados implicó transformar la manera tradicional de hacer investigación. El estudio se desarrolló durante la pandemia de COVID-19, lo que llevó al equipo a adaptar sus estrategias, desde el tradicional intervención investigador-comunidad local. Para ello, seis habitantes de distintas localidades fueron formados como investigadores locales o monitores bioculturales y participaron como corresponsables de la investigación, articulando el trabajo con familias, escuelas y otros habitantes del territorio. Así, las comunidades participaron activamente en la generación, interpretación y circulación de contenidos, dando lugar a un enfoque de coproducción de conocimiento que combinó saberes científicos con conocimientos locales y memorias acumuladas durante generaciones. “Lo que inicialmente era una dificultad terminó siendo una fortaleza”, describe Pizarro.

La investigación permitió además reconocer a quienes mantienen más vivo este legado. Participaron alrededor de 54 personas y familias y, entre ellas, se identificaron a 19 personas especialmente conocedoras de la biodiversidad y las transformaciones del territorio. Sus edades iban desde los 20 hasta los 85 años y la mayoría eran mujeres. En este proceso, el papel de estas mujeres apareció como especialmente relevante, por su marcado rol en labores de cuidado del territorio y mantención de conocimientos de la memoria comunitaria.

Crédito: Cristóbal Pizarro

“En el territorio hay personas que poseen basto acervo y una memoria del territorio que es invaluable, y que están desapareciendo sin poder legar ese conocimiento a las futuras generaciones. Al mismo tiempo, hay gente joven que está volviendo a los territorios y generando acciones de cambio en sus propios lugares. Entonces, entre esos dos extremos hay guardianes y guardianas de memoria”, explica Pizarro.

Para el científico, uno de los elementos más valiosos de este tipo de investigación es precisamente la recirculación de la memoria, junto con la posibilidad de fortalecer la conexión intergeneracional y recuperar conocimientos que podrían perderse.

Asimismo, destaca la importancia de la metodología utilizada, como una valiosa herramienta que puede adaptarse a otros territorios y escenarios de crisis, como inundaciones, sequías o dificultades de acceso.

Crédito: Cedida

Memorias que recorren el humedal

Para rescatar las memorias, investigadores y participantes también realizaron navegaciones y caminatas por lugares de significación cultural identificados durante los mapeos.  En ese proceso, aparecieron las antiguas prácticas de navegación por el río Cruces, fundamentales durante décadas para conectar a las comunidades rurales. Los desplazamientos por agua permitían trasladar personas y productos hacia las ferias y el Mercado Fluvial de Valdivia, pero también eran espacios de encuentro, intercambio y socialización. Sin embargo, con la construcción de caminos y puentes, esta forma de recorrer el territorio fue perdiendo protagonismo y, con ella, también se transformaron las relaciones entre las comunidades.

Otras memorias asociadas a los 27 sitios de memoria biocultural, fueron prácticas culturales como la recolección de hongos y plantas medicinales, la elaboración de artesanías y la preparación de bebidas.

Parte fundamental del proceso y la investigación, consistió en devolver y retribuir ese conocimiento a las propias comunidades y generar espacios donde las memorias pudieran volver a circular. De esta forma, se dio luz al documental “Voces de un territorio” con testimonios y experiencias de los participantes, que fue presentado en el Gran Diálogo de la Memoria. Este encuentro reunió a habitantes de distintas localidades, investigadores, autoridades y otros actores vinculados al territorio, y permitió compartir las historias recuperadas durante el proyecto y volver a conectar a personas y comunidades.

El trabajo del equipo investigador también dio origen al “Manifiesto del Diálogo para la Memoria Biocultural del Santuario de la Naturaleza Humedal Río Cruces”, que sintetiza siete principios orientados a la conservación y restauración del humedal y su patrimonio biocultural, además del fortalecimiento de las comunidades y transmisión de estos conocimientos hacia las nuevas generaciones.

A estos aportes se suman otros, como la realización anual del Festival de Aves, con gran participación de las comunidades.

“El cuidado y la protección del humedal, junto con el rescate de su memoria, nos permiten comprender la relación del ser humano con la naturaleza a una escala de tiempo amplia. En un contexto de erosión de la memoria y pérdida de la experiencia cotidiana con la diversidad, este tipo de investigación no solo permite recuperar el pasado, sino también traer el futuro al presente. Desarrollar este tipo de estudio, también es un gran aporte a la sostenibilidad y conservación de los paisajes desde una perspectiva biocultural y en comunidad”, concluye el director del LEA.

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