CULTURA|OPINIÓN
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La VIDA literaria de los Rolling Stones
Es un libro que funciona, incluso, para quienes nunca han sido fanáticos de los Rolling Stones. Y en buena medida lo logra porque se articula como una autobiografía que consigue trascender con naturalidad y verosimilitud al propio personaje.
Hubo un momento, a comienzos de los 2000, en que The Rolling Stones se habían convertido en una institución más que en una banda. Seguían siendo capaces de llenar estadios y realizar giras multimillonarias, pero creativamente el motor estaba detenido. A Bigger Bang (2005) fue un disco sólido, aunque terminó siendo más una despedida provisional que el inicio de una nueva etapa. Después vino el silencio. Los Stones parecían haber entrado en un territorio donde eran demasiado grandes para desaparecer, pero estaban demasiado cómodos para reinventarse.
Y entonces ocurrió algo inesperado. No fue un álbum ni una gira. Fue un libro.
La publicación de VIDA (Life), la autobiografía de Keith Richards aparecida en 2010, terminó siendo mucho más que el relato de excesos de uno de los guitarristas más famosos del planeta. Funcionó como una sacudida para la propia banda. Richards habló con brutal honestidad de su relación con Mick Jagger, de las drogas, de la muerte de su hijo, de la música y de sus propias contradicciones.
Algunas de sus confesiones y pensamientos hirieron el orgullo de Jagger. Sin embargo, dos años más tarde llegó la reconciliación. Richards pidió disculpas públicamente y ambos reconocieron que habían vuelto a conversar como hacía mucho tiempo no lo hacían. Ese reencuentro allanó el camino para la gira del cincuentenario y, de alguna manera, también para un sólido renacimiento artístico.
En la última década publicaron dos excelentes discos: Blue & Lonesome (2016), un brillante homenaje a las raíces del blues que los formó, y Hackney Diamonds (2023), celebrado como su mejor colección de canciones originales en décadas. Ahora la historia parece seguir escribiéndose: recientemente se ha publicado el nuevo Foreign Tongues, con iniciales críticas más que entusiastas y favorables. ¿Otro gran capítulo en una carrera que parecía haber agotado sus sorpresas?
Perfectamente VIDA podría leerse como el punto de partida de esta segunda juventud de los Rolling Stones. Escrito junto al periodista James Fox, quien trabajó durante cinco años entrevistando a Richards y a su círculo más cercano, el texto trasciende por completo el género de las memorias de rock. Debutó en el primer lugar de la lista de no ficción de The New York Times, recibió el Premio Norman Mailer de Biografía en 2011 y fue ampliamente elogiado por la crítica. The New Yorker habló de un monólogo desordenado, pero extraordinariamente entretenido, construido por alguien que vivió todos los excesos imaginables.
Keith Richards no intenta limpiar su imagen. Habla sin rodeos de la heroína, la cocaína, los ácidos, las detenciones, el caos de las giras y los años en que organizar el siguiente día dependía de conseguir la próxima dosis. Pero tampoco cae en la autocomplacencia ni idealiza las drogas. Explica cómo funcionaban esos mecanismos, reconoce sus errores y deja claro que su verdadera adicción siempre fue otra: la guitarra, el escenario y el público.
La honestidad alcanza momentos devastadores cuando recuerda la muerte de su hijo Tara, fallecido con apenas dos meses de vida mientras él estaba de gira. No busca excusas ni culpables. Solo admite que jamás se perdonará haber estado lejos.
También sorprende la manera en que retrata a Mick Jagger. Hay admiración sincera hacia su talento y reconocimiento de todo lo que han construido, pero también aparecen las viejas heridas, las rivalidades y los enfrentamientos cargados del humor corrosivo que siempre caracterizó a Richards. La relación entre ambos emerge como la de dos hermanos incapaces de vivir juntos, pero también incapaces de separarse.
El libro no sigue una cronología convencional. Avanza mediante recuerdos, asociaciones y episodios que van construyendo un retrato mucho más humano que legendario. Está el niño que descubrió la música gracias a su abuelo; el adolescente fascinado por Chuck Berry, Muddy Waters o Billie Holiday; el joven que se encontró con Mick Jagger en una estación de trenes cargando discos de blues; o el músico obsesionado con encontrar el riff perfecto y el superviviente que terminó convirtiéndose, casi sin proponérselo, en una parte inseparable de la historia cultural del último medio siglo.
Se trata de un texto largo, complejo, a ratos exigente, pero también profundamente literario. La voz de Keith Richards resulta auténtica, llena de humor, ironía y con una inesperada capacidad para observarse a sí mismo con crudeza. Al respecto, The New York Times comentó: “El Sr. Richards escribe con una franqueza e inmediatez poco comunes. Ha decidido contarlo tal como lo recuerda, y con la ayuda de cuadernos, cartas y un diario que alguna vez llevó, recuerda casi todo”.
VIDA es un libro que funciona, incluso, para quienes nunca han sido fanáticos de los Rolling Stones. Y en buena medida lo logra porque se articula como una autobiografía que consigue trascender con naturalidad y verosimilitud al propio personaje.
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