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Gastón Soublette: el último sabio de Chile y fundador de la cosmoerpiritualidad neocristiana CULTURA|OPINIÓN Crédito: UC

Gastón Soublette: el último sabio de Chile y fundador de la cosmoerpiritualidad neocristiana

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Recordar su legado es el mayor homenaje que podemos rendirle, es no olvidar su diagnóstico: volver al rostro de Jesucristo en el marginado de la sociedad, escuchar la voz de la Tierra que clama respeto y reconocer la dignidad de la persona humana frente a la frialdad de la megamáquina.


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A un año de la partida de Gastón Soublette, el entrañable “sabio de la tribu”, su figura se agiganta en la memoria de un Chile que aún busca sanar y comprender sus heridas.

En los momentos de mayor incertidumbre contemporánea —marcados a fuego por el estallido social y la pandemia del COVID-19—, la voz de Gastón emergió desde su refugio en Limache no como una arenga política, sino como una imprescindible reflexión espiritual.

Nos recordó que la verdadera crisis no era sólo institucional o sanitaria, sino, fundamentalmente, una profunda crisis del  sentido de  la vida.

Mi vínculo con Gastón trascendió la mera admiración intelectual. Tuvimos múltiples encuentros en nuestro Limache natal rodeados de la serenidad de su hogar y la naturaleza que tanto defendió, plantó la semilla de una amistad que marcó un punto de inflexión en mi vida.

En medio de conversaciones que parecían detener el reloj, tuve el inmenso privilegio de conocerle personalmente. Su sabiduría, su honestidad y su inquebrantable búsqueda del bien común fueron el impulso definitivo que me motivó a culminar mis estudios doctorales.

Gastón fue un maestro en el arte de leer los signos de los tiempos. Su mayor legado es su “cosmoespiritualidad neocristiana”, que se asienta en una profunda visión cristocéntrica que dejó plasmada en sus obras trilogía cristológica: Rostro de Hombre (Ed.Andrés Bello:2006), El Cristo Prexistente (Ediciones UC:2016) y El Siervo de Dios (Ediciones UC:2025).

Desde allí, Soublette perfila un neocristianismo resistente y audaz, erigido como una barrera moral frente a la megamáquina del capital y la técnica que pretende dominar al mundo; esa estructura alienante forjada por el avance ciego de la especulación financiera y hoy la Inteligencia Artificial.

Qué resonancia profética adquieren hoy sus palabras a la luz de Magnifica Humanitas, la reciente encíclica del Papa León XIV sobre la Inteligencia Artificial.

En este magisterio, el Pontífice nos urge a proteger la dignidad de la persona humana y elegir a la humanidad por encima de la máquina. Gastón, en su pensar-sentir, ya nos advertía que frente a una técnica que amenaza con uniformar y prescindir de Dios, debemos restaurar urgentemente el eje inseparable de Humanidad, Divinidad y Naturaleza, justamente fue este su diagnóstico para el Chile contemporáneo y el mundo.

Es precisamente esta dimensión de su pensamiento la que he querido honrar. Ahora en junio, en el número conmemorativo de la Revista UC Maule (Nº70), ha visto la luz mi artículo titulado “La cosmoespiritualidad neocristiana de Gastón Soublette: Análisis de su trilogía cristológica”. En este trabajo, analizo cómo su relectura del mensaje originario de Jesucristo nos ofrece claves urgentes para reconstruir nuestra forma de habitar el mundo y resistir la automatización de la vida. Es mi manera de mantener viva su memoria, sistematizando ese esfuerzo suyo por reconciliar la vida posmoderna con la trascendencia.

Hoy, al recordar a nuestro querido maestro, lo podemos proclamar como el último sabio de Chile y el fundador de una “cosmoespiritualidad neocristiana”. Recordar su legado es el mayor homenaje que podemos rendirle, es no olvidar su diagnóstico: volver al rostro de Jesucristo en el marginado de la sociedad, escuchar la voz de la Tierra que clama respeto y reconocer la dignidad de la persona humana frente a la frialdad de la megamáquina.

Gastón Soublette ya no camina físicamente entre nosotros, pero su “cosmoespiritualidad neocristiana” se erige como un brújula que Chile necesita más que nunca frente a quienes reivindican la expulsión del diferente, el triunfo del dinero como fin de la vida buena y la indiferencia ante la destrucción del ecosistema como camino de desarrollo antropocentrico.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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