“La Odisea”: una película inane
Ya el título de su obra contiene una trampa, es un engaño comercial cuyo objetivo parece ser sólo aumentar las arcas de la productora; y así como se presenta, la película no sólo no acerca al público a conocer el texto original sino que lo aleja porque simplifica, sin piedad, un texto más complejo.
Hemos asistido a la presentación, con bombos y platillos, de la “muy esperada” película de Cristopher Nolan “La Odisea”. Muy esperada porque una obra así nos pone frente a una historia, mito o leyenda que se encuentra en los albores de la civilización occidental. Hay, sin embargo, otra razón, creo, quizás la más poderosa, honestamente hablando, y es la insistente propaganda con que se ha anunciado su advenimiento. Promesa hollywoodiense de aventuras, de éxito, de efectos especiales, de imágenes cautivantes para un público ávido de emociones.
Pero más allá de la convocatoria a gozar del espectáculo, me parece que debemos recordar que el poema épico La Odisea, atribuido a Homero (y no vamos a entrar en la cuestión homérica), es, junto con la Ilíada, uno de los dos poemas fundantes de la literatura occidental y que su permanencia en el tiempo no es un asunto baladí. Nuestra historia literaria y nuestro universo cultural están muy ligados a esos textos, aunque no nos demos cuenta. Los sucesos que están en el origen de estos dos poemas, la guerra de Troya y el regreso de Odiseo, se han mantenido en la memoria de nuestra civilización occidental de manera permanente – aunque fragmentaria – siendo revisitados en la literatura, a veces como meras reminiscencias, en ciertos giros expresivos, etc., por más de 2.700 años.
Troya y su destrucción, por ejemplo, son puntos referenciales que aparecen en las leyendas y mitos de Europa: Virgilio, en la Eneida, recupera un mito que, aparentemente, existe desde antes de la fundación de Roma y le atribuye a Eneas, príncipe troyano que escapa de Troya en llamas con su padre Anquises sobre sus hombros, la fundación de una nueva Troya en la península itálica, la que comienza a gestarse desde la fundación de Alba Longa por parte de su hijo Ascanio.
En plena edad media Geoffrey de Montmouth, en su obra “Historia de los reyes de Britania”, hace referencia a la fundación del reino de los Britanos, en la isla de Inglaterra, por Bruto, un descendiente de Eneas y, por lo tanto, también de ascendencia troyana.
Los mitos que rodean las consecuencias de la destrucción de Troya, como, por ejemplo, la instalación en Epiro de Héleno, hijo del rey de Troya Príamo, y de Andrómaca con su hijo, nos hablan de la trascendencia de la guerra de Troya en el sustrato cultural de la fundación de la civilización occidental.
Para mayor abundamiento, podemos ver que de las tragedias griegas que han llegado hasta nuestros días, una gran parte hace referencia a ese suceso: La Orestíada, Las Troyanas, Andrómaca, Electra, Reso, etc., sólo por nombrar algunas.
De los dos poemas homéricos uno habla directamente de la guerra de Troya, sus batallas, las rencillas entre los distintos jefes y la muerte de Aquiles, entre otros héroes cuyos nombres no dejan de estar, de una manera u otra, presentes en nuestros días; y el otro, La Odisea, nos habla del regreso o nostos de Odiseo (Ulises) a su tierra patria, Ítaca. De la destrucción de Troya y del famoso caballo se hace referencia en el canto del aedo Demodoco, en el episodio de la corte de los feacios, pero no son temas tratados como tales en ninguno de los dos poemas; son apenas mencionados, sólo en la Odisea.
La Odisea es un poema con bastantes aristas más que la caída de Ilion y la estratagema del caballo, en el que se tratan varias cosas que no parecen haber sido atendidas por la supuesta “reescritura” que hace Nolan del poema.
Por una parte, están los cuatro primeros cantos o rapsodias que dan cuenta de la necesidad de Telémaco de buscar a su padre Odiseo (Ulises). Telémaco tiene la necesidad de saber si su padre está vivo o no porque de eso depende el futuro de su reino; su necesidad no es sólo personal, sino que tiene una profunda razón política. Su papel, como le señala Atenea, es lograr un cierto renombre para ser considerado ya un hombre y no sólo el hijo sin iniciativa de Penélope; así emprende el viaje a Pilos y a Esparta, a encontrarse con Néstor y Menelao, respectivamente; no acude a ningún templo, como pretende el director.
De otra parte, está el regreso de Odiseo que consta a mi juicio de dos partes, una en la que se relatan las aventuras “fantásticas” (los lestrigones, los cíclopes, las sirenas, la isla del sol, etc.) y una segunda parte de su regreso, desde la llegada a Ítaca, en la que su quehacer se desenvuelve en el mundo de lo real, en cosas concretas y reconocibles por todos y cada uno. Ya no hay monstruos imposibles ni magas que transformen a los hombres en cerdos. Hay un palacio con pretendientes que buscan desposar a la viuda de Ulises y, más concretamente, a ocupar el trono de Ítaca.
Ulises, en toda su trayectoria de regreso, jamás olvida que quiere regresar a su casa, a su palacio y a su esposa, aunque se queda un año compartiendo el lecho con Circe y siete años en los brazos de Calipso. No ha olvidado nada, no se ha arrepentido de nada, ni siquiera de haber llevado a sus compañeros a la cueva del cíclope donde fueron devorados por el gigante, tampoco de no haber sido lo suficientemente avizor para no quedarse dormido y así sus compañeros, muertos de hambre, no terminaran devorándose las vacas del sol y siendo ahogados por el rayo de Zeus.
No sólo no tiene remordimientos, continúa su retahíla de mentiras siempre probando a los otros, siempre anteponiendo sus padecimientos. En definitiva, tiene todas las características que un héroe aqueo homérico tiene: la necesidad profunda de ganar a cualquier precio, sea mediante el engaño, la mentira o la absoluta falta de escrúpulos; la valoración máxima de la metis, la astucia que se vale de cualquier medio para ganar en el negocio, el de la guerra o el de la apropiación de bienes ajenos.
La civilización micénica, en la que se sitúan, cronológicamente, la guerra de Troya y el nostos de Odiseo, es una civilización que tiene como actividad económica relevante el pillaje y la guerra sorpresa que ello conlleva. El mismo Odiseo (Ulises) relata su incursión de pillaje en el reino de los Cícones al comenzar su regreso a Ítaca. Su incursión en el país de los cíclopes tiene la finalidad de apropiarse de víveres, quesos y cabras.
En ningún momento del viaje de regreso a Ítaca, Odiseo da muestras de algún pesar por su manera de haber obrado. Es más, después del episodio con el cíclope se jacta a voz en cuello de haber sido él y no “Nadie” quien le dejó ciego. De esa manera arrogante parece querer aumentar su gloria.
Pero quizás lo más importante del poema se manifiesta en un cambio radical en el ideal de vida. Si en la Ilíada la gloria parece girar en torno a la bella muerte, es decir la muerte en batalla, en la flor de la vida, bello como bellos son los dioses, antes de que comience a manifestarse la odiosa vejez, en la Odisea, específicamente en el episodio de la bajada al Hades, el valor de la vida se refuerza en contra del valor de la bella muerte: “Hubiera preferido ser el último esclavo del último esclavo antes que ser rey aquí en el Hades”, le dice Aquiles a Odiseo, con lo que le señala que la vida heroica no tiene sentido.
Nolan se salta este diálogo, no valora su importancia, menos da cuenta de que Ulises hace caso omiso de esa sentencia. Y digo que hace caso omiso porque su venganza contra los pretendientes se da en los mismos términos heroicos del desprecio de la vida de los otros. De manera que no hay lugar a remordimiento alguno.
Nolan omite sin remilgos el encuentro de Ulises con Nausica y todo el simbolismo que esto encierra. Después de haber saqueado Troya y a los cícones, llevando una gran cantidad de riquezas y botín en las naves, termina completamente desnudo, sin nada más que si mismo, en la playa de una isla fantástica que luego habrá de ser sepultada por la ira de Poseidón. Y ese será su último episodio fantástico, una vez que los feacios lo lleven a Ítaca, volverá a ser un ser humano al que no le suceden cosas más fantásticas que a cualquier otro ser humano.
Nunca Odiseo se arrepiente de haber hecho lo que ha hecho, al contrario, se jacta a tal punto que cuenta su historia completa en la corte de los feacios que acaban de rescatarlo de ser un náufrago sin nada sobre la tierra. Odiseo no aprende de ese hecho, sólo espera volver a vivir como antes del desastre.
Son muchas más las características y episodios del poema, sin lugar a dudas, pero este espacio es muy reducido para detenerse en ellas y destacarlas punto por punto.
En realidad, resumiendo, la Odisea de Nolan no guarda ninguna relación con el poema de Homero, salvo en la historia del cíclope, algo del episodio de los lestrigones y tergiversa absolutamente el episodio de Circe y el de Calipso de manera desvergonzada, además de omitir el de Nausica y su llegada a la isla de los feacios. Todos elementos que le dan consistencia a la narración en la medida que van dando cuenta de los posibles cambios del héroe en cuanto a su manera de entender el mundo que, sin embargo, Odiseo no parece tomar en consideración.
La Odisea de Nolan no es la Odisea de Homero, evidentemente, de manera que ya el título de su obra contiene una trampa, es un engaño comercial cuyo objetivo parece ser sólo aumentar las arcas de la productora; y así como se presenta, la película no sólo no acerca al público a conocer el texto original sino que lo aleja porque simplifica, sin piedad, un texto más complejo que me parece que es necesario conocer en toda su extensión, para tener alguna idea sobre el origen de nuestra manera de pensar y de enfrentar el mundo.
En realidad, el director peca de deshonestidad intelectual, porque si bien lo que quiere decir sobre cómo nuestra civilización se destruye a si misma es atendible – aunque no se requiera de mucha profundidad intelectual para llegar a esa conclusión – resulta porfiadamente deshonesto tergiversar el poema de Homero, a ese nivel de distorsión, sólo para respaldar su tesis forzando de manera espuria un texto fundante de nuestra civilización que contiene una multitud de claves que el señor. Nolan no parece querer explorar y sobre las que no tiene punto de vista.
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