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El retorno de Carrère CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

El retorno de Carrère

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Pablo Bravo Pérez
Por : Pablo Bravo Pérez Periodista y escritor.
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Para nosotros, en tanto lectores, el regreso no es solamente geográfico. “Koljós” representa también su retorno a lo mejor de su propia literatura. Es, para muchos, uno de sus libros más logrados. Algunos, incluso, han llegado a considerarlo el mejor.


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Ha corrido bastante agua bajo el puente desde que Emmanuel Carrère visitó Chile en 2011. Desde entonces, su lugar en la literatura contemporánea se ha vuelto más influyente gracias al desarrollo de esa narrativa llevada al extremo por el escritor francés en donde autor, narrador y protagonista confluyen hasta borrar las fronteras entre literatura y experiencia personal.

Desde aquella visita ha publicado cuatro libros. Primero, el excelente El Reino (2014), donde explora sus propias inquietudes religiosas mientras sigue, en paralelo, la vida de San Pablo y los primeros años del cristianismo. Después vino la irregular Yoga (2020), relato de la crisis psiquiátrica que sufrió tras su divorcio, en una versión revisada y recortada precisamente por su exesposa. Luego V13 (2022), una crónica del juicio contra los responsables de los atentados yihadistas de París de 2015, incluidos los ataques contra la sala Bataclan. Y finalmente Koljós, publicado en 2025, el libro que lo ha mantenido ocupado en los últimos años y que ahora lo trae nuevamente a Chile como expositor de la Cátedra en Homenaje a Roberto Bolaño de la Universidad Diego Portales.

El punto de partida de Koljós es el funeral de Estado de Hélène Carrère d’Encausse, madre del escritor, celebrado en 2023 y encabezado por el Presidente Emmanuel Macron. A partir de esa muerte, Carrère reconstruye la vida de una mujer excepcional y, con ella, la historia de una familia atravesada por Rusia, Georgia, el exilio y los grandes cataclismos políticos del último siglo.

Hélène Carrère d’Encausse fue una de las grandes historiadoras europeas especialistas en Rusia y la Unión Soviética. Miembro de la Academia Francesa, llegó a ocupar hasta su muerte el cargo de secretaria perpetua de esa institución. Por línea materna descendía de aristócratas rusos: entre sus antepasados había un escolta de Catalina II, un ayudante de campo de Alejandro I, un regicida que participó en el asesinato del zar Pablo I. Por el lado paterno, su padre había sido un prominente abogado y alto funcionario de la efímera República independiente de Georgia. La revolución bolchevique obligó a aquella familia de aristócratas, funcionarios y ministros a exiliarse en Francia, donde muchos debieron empezar desde abajo: como taxistas, mozos de almacén o costureras.

Esa genealogía familiar ya había ocupado un lugar central en la obra de Carrère. En Una novela rusa (2007), el escritor se acercó a la historia de su abuelo materno, quien desapareció de forma misteriosa en 1944, probablemente ejecutado por colaborar con los nazis. Era un asunto que la familia había mantenido cuidadosamente dentro de la intimidad y que provocó una ruptura entre Carrère y su madre. Hélène le pidió que no escribiera sobre aquello: temía que la historia familiar terminara comprometiendo la imagen de una ciudadana francesa ejemplar. Carrère, sin embargo, decidió hacerlo.

En Koljós el escritor cuenta que aquella fractura finalmente quedó atrás. Lo que ahora hace es regresar a ese territorio, pero desde otro lugar: el resultado pretende ser un homenaje a Hélène, cuya fotografía de juventud, rodeada de sus tres hijos pequeños, ocupa la portada del libro.

Pero a medida que avanza el relato, el homenaje se desplaza. La madre sigue siendo el centro aparente, pero el personaje que emerge con mayor fuerza es el padre, Louis-Édouard Carrère, un agente de seguros que recorría Francia organizando las delegaciones provinciales de su empresa y que, en sus horas libres, se dedicaba a investigar la intrincada genealogía de su esposa. Frente a la brillantez intelectual y la ambición de Hélène, él aparece como un hombre sencillo, silencioso, casi invisible. Un hombre fascinado por la historia de la familia de su mujer y que terminó relegado incluso físicamente al cuarto de la criada

En Koljós Carrère observa a su madre con una cercanía que no excluye la crítica. La presenta incansable, idealista, brillante y dogmática, una mujer que se abre camino hasta alcanzar una posición extraordinaria, y que también puede ser fría con quienes la rodean.

El título resume esa mezcla de historia familiar y memoria íntima. <<Un koljós es la explotación intensiva colectivista de Rusia, ineficaz y tiránico. Mi madre que era especialista en la Unión Soviética nos había explicado lo que significaba, pero ella lo usaba cuando éramos pequeños y mi padre se ausentaba por trabajo en otro sentido. Cuando mi padre se iba de viaje, con el pretexto de que uno estaba enfermo, por ejemplo, nos metíamos en su cuarto, dormíamos con ella, o en el suelo en colchones, todos juntos, y a eso lo llamaba hacer koljós. Es un título que cuenta a la vez la gran historia soviética y la pequeña historia íntima de nuestra familia, de amor puro>>, explicó Carrère en una entrevista.

De ahí también la frase que podría funcionar como clave de lectura de todo el libro: <<Rusia, para bien y para mal, es para mí un asunto de familia>>, comentó Carrère. Y como buen relato ruso, Koljós es, finalmente, la historia de una familia. De una familia desafiada y en entredicho.

El logro de Carrère consiste, precisamente, en pasar de esa pequeña historia a la Historia con mayúscula. Las raíces rusas y georgianas de su madre le permiten recorrer buena parte del siglo XX soviético y llegar hasta la reciente guerra de Ucrania. El relato se transforma por momentos en una crónica bélica y en una discusión ideológica a distancia con Hélène, incluso después de su muerte. La historiadora, pese a su extraordinario conocimiento de Rusia, se equivocó al predecir que Vladímir Putin jamás invadiría Ucrania (curiosamente Carrère se encontraba en Moscú cuando comenzó la invasión, a raíz de un proyecto cinematográfico relacionado con su libro Limónov).

Ese juego entre memoria personal e Historia es uno de los mayores atractivos del libro. El pasado familiar no funciona como simple decoración ni como excusa autobiográfica: es la puerta de entrada a un mundo que Carrère intenta comprender mientras examina también sus propias contradicciones. En ese movimiento, el padre termina recuperando una dimensión que durante mucho tiempo había quedado eclipsada por la figura monumental de Hélène.

A pesar de sus más de 400 páginas, Koljós se lee con notable facilidad. Los numerosos capítulos y sus subtítulos permiten avanzar con rapidez por una narración que cambia constantemente de escala, mientras el estilo conserva la agilidad característica de Carrère. También está presente su humor, especialmente esa capacidad de reírse de sí mismo y de exhibirse sin demasiadas defensas: el niño mimado que nunca tuvo que preocuparse demasiado por las necesidades materiales y que, justamente por eso, puede observar sus propios privilegios con cierta ironía.

Lo más interesante es que Carrère vuelve aquí sobre muchos de los temas que han definido su obra como la familia, la identidad, Rusia, la enfermedad, la culpa, la memoria, pero lo hace desde una perspectiva renovada. Koljós dialoga directamente con Una novela rusa, retoma el conflicto con su madre, incorpora la reconciliación y convierte la muerte de Hélène en la ocasión para reconstruir una historia familiar que es también una historia europea.

En Chile tendremos, entonces, el retorno de Emmanuel Carrère. Pero para nosotros, en tanto lectores, el regreso no es solamente geográfico. Koljós representa también su retorno a lo mejor de su propia literatura. Es, para muchos, uno de sus libros más logrados. Algunos, incluso, han llegado a considerarlo el mejor.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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