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Mariano Fernández acusa improvisación de canciller Pérez: “Está diciendo cosas de principiante” PAÍS

Mariano Fernández acusa improvisación de canciller Pérez: “Está diciendo cosas de principiante”

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Mariano Fernández acusa improvisación en la política exterior del Gobierno, defiende la autonomía diplomática construida durante las últimas décadas y advierte que el país corre el riesgo de convertirse en “una pelota de ping-pong ” entre Washington y Beijing.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Mariano Fernández acusa improvisación en la política exterior del Gobierno y cuestiona el manejo de la relación con Estados Unidos y la salida de Chile del Movimiento de Países No Alineados. El excanciller defiende la autonomía diplomática construida durante las últimas décadas y advierte que el país corre el riesgo de convertirse en “una pelota de ping-pong” entre Washington y Beijing.
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La conducción de la política exterior del Gobierno de José Antonio Kast quedó bajo escrutinio tras las controversias por el Escudo de las Américas, el aumento de aranceles aplicado por Estados Unidos y las explicaciones entregadas por el canciller Francisco Pérez Mackenna luego de su visita a Washington.
En ese contexto, y mientras el ministro realizaba una extensa gira por Asia, el exministro de Relaciones Exteriores Mariano Fernández abordó en conversación con El Mostrador el giro que, a su juicio, está experimentando la diplomacia chilena.Fernández —exembajador en Estados Unidos, España, Italia, el Reino Unido y ante la Unión Europea, además de exrepresentante especial de Naciones Unidas para Haití— sostiene que la Cancillería ha actuado de manera reactiva e improvisada. Critica la forma en que Pérez presentó su reunión con Marco Rubio, reivindica la autonomía internacional construida por Chile durante las últimas décadas y advierte que el país corre el riesgo de quedar convertido en “una pelota de ping-pong” entre los intereses de Estados Unidos y China.

El exdiplomático también defiende la utilidad práctica del Movimiento de Países No Alineados, recuerda la importancia del acuerdo de asociación con la Unión Europea y afirma que representar al Estado exige una experiencia que no puede adquirirse en el cargo.

—¿Qué tan acertada considera la gira del canciller Francisco Pérez por Asia, después de los últimos episodios con Estados Unidos y el Escudo de las Américas?

—Tengo la impresión de que este Gobierno, al igual que en otras materias, ha iniciado su política exterior improvisando. Es probable que, si al Presidente le preguntamos alguna cosa, pueda decir que era una metáfora también.

Es muy complicado tratar de arreglar asuntos compensando, aparentemente, lo del Escudo de las Américas, con el viaje a Asia. El problema se lo fabricó espontáneamente el Presidente Kast cuando aceptó esa reunión siendo presidente electo, pero todavía no jefe de Estado. Facilitó el diálogo o la exigencia estadounidense porque, durante el período en que fue presidente electo, tuvo una buena visita a Panamá con jefes de Estado latinoamericanos y, después, una visita horrorosa a Europa, donde se reunió con sus amigos de partido de la ultraderecha europea.

—¿Qué objeción tiene respecto de esa visita de José Antonio Kast a Europa?

—Estuvo con Viktor Orbán y más gente, porque ellos son del Parlamento Europeo, y no se preocupó un segundo de reunirse con las autoridades de la Unión Europea, cualesquiera que ellas fueran: la presidenta del Parlamento Europeo, la presidenta de la Comisión Europea, el encargado de Relaciones Internacionales, en fin. Se reunió con la fracción de ultraderecha, donde se incluyen sus amigos Orbán y otros.

Todo esto creó un clima en el que Estados Unidos —que con el presidente Donald Trump se ha convertido en un gobierno no confiable— empezó a plantear esta exigencia, que probablemente el propio Kast y después el nombrado Pérez Mackenna no esperaban que fuera tan dura para Chile. Chile es un país que ha ejercido, desde luego después de la dictadura de Pinochet, pero también antes, una política exterior autónoma: desarrollamos actividades orientadas a ampliar nuestro espectro internacional, siempre buscando acuerdos y rechazando la confrontación.

Ellos, por no preparar las cosas como corresponde e ignorar muchos factores, se han visto envueltos en esta situación tan enojosa que, al parecer, quisieran equilibrar haciendo un viaje a Asia. Esa es mi primera opinión.

—Usted también ha cuestionado el lenguaje utilizado por el canciller. ¿Cuál es el problema?

—Tengo la impresión de que su lenguaje es más bien de precanciller. Tiene que cuidarlo. En materia internacional se anuncian los resultados, no se anuncia lo que uno podría llegar a hacer, porque es una mala idea y no es una buena presentación.

Usted puede anunciar, en la política nacional y en distintos sectores, que va a construir estaciones de metro, que se va a desarrollar una nueva planta de energía renovable u otras cosas que están dentro de lo que usted está en condiciones de ejecutar. En política exterior, usted anuncia que firmó un tratado de libre comercio; anuncia que acordó con Argentina un nuevo tratado para realizar alguna cosa. Pero no anda diciendo: “Voy a empezar” o “Voy a negociar cosas para el bien de los chilenos”, porque eso es obvio. Es la tarea elemental que le corresponde.

Lo que tiene que anunciar es que va a ir a tal lugar, a tal otro y hasta acá, y que cuando regrese informará de los resultados.

—¿Cuál fue, a su juicio, el primer error severo del canciller?

—Ya cometió el primer error severo cuando estuvo en Washington y dijo cosas de principiante. En política exterior hay una regla de oro: no se exagera el contenido, la formalidad ni la presentación de una reunión. No conviene.

El canciller regresó y dijo —esto es casi literal—: “Hemos tenido el privilegio de ser recibidos por el secretario de Estado Rubio, que no recibe a cualquier canciller”. Imagínese lo que significa eso. Segundo, dijo: “Fue una reunión importante, porque habitualmente el secretario Rubio sostiene reuniones de treinta minutos; conmigo fue una hora”. Eso también es otra ingenuidad infantil. Y, por último, dijo: “Como todos sabemos, Estados Unidos es nuestro principal socio estratégico”.

—¿Qué contradicción observa en esa definición de Estados Unidos como “principal socio estratégico”?

—El socio estratégico no deja de comunicarle a su íntimo que tres días más tarde le va a subir los aranceles. Y no solamente no le comunica que va a subirlos: los sube. Después de subirlos, tampoco le comunica que ha colocado a nuestro país, Chile, en una lista de cuarenta países que hacen transbordos ilegales de mercaderías hacia terceros países. Es una alusión muy clara a China.

Después, Estados Unidos mezcla la política exterior con la defensa, crea el Escudo de las Américas, arma esta reunión en Panamá y el secretario de Defensa les dice en la cara a ministros y oficiales de las Fuerzas Armadas que América Latina es el patio trasero y que quiere un patio trasero asegurado y limpio. Agrega que la doctrina Monroe se aplica con el rigor de que todo el mundo sepa que la posición de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental no va a cambiar, sino que se va a consolidar.

—¿Cómo evalúa la reacción del Gobierno chileno ante esas declaraciones?

—Usted comprenderá toda la grosería envuelta en esos anuncios. Menos mal que el ministro de Defensa, con sentido común, rechazó el asunto y dijo lo que habría dicho cualquier gobernante nuestro: “Chile no es el patio trasero de nadie”. De la misma manera, el ministro de Defensa había rechazado como una actitud poco amistosa el aumento de los aranceles al 12,5%.

Pero lo único que mencionó el canciller fue que no iba a comentar las declaraciones del ministro de Defensa. Debió haber aprovechado el campo que le abrió el ministro de Defensa para consolidar la posición chilena. Y, buscando compensar, cuando Pete Hegseth, el secretario de Defensa de Estados Unidos, pidió que los países se salieran de la Corte Penal Internacional, él por lo menos insinuó que Chile no se saldría. Pero usted no ve ni una sola iniciativa de política exterior.

—¿Por qué atribuye tanta importancia a que Chile tenga iniciativas propias?

—Estamos reaccionando, y la política exterior, más que las políticas internas sectoriales, se construye fundamentalmente sobre iniciativas. Hay 193 países en la Organización de las Naciones Unidas, además de otros territorios, y todo ese mundo desarrolla iniciativas. Por lo tanto, usted tiene que tener las propias para no ser avasallado o quedar envuelto en tensiones y conflictos que no quiere tener.

Todo lo que hemos hecho los gobiernos —hablemos desde después de la dictadura, para no volver más atrás— ha sido crear una red de acuerdos políticos y tratados de libre comercio que nos permiten actuar con autonomía, en favor de una política exterior que represente nuestra democracia, nuestros valores principales y nuestros intereses, y que permita que seamos respetados por la autonomía con que nos desenvolvemos. Además, se sabe que Chile es un país que busca acuerdos.

—¿Qué representa, en ese sentido, el acuerdo con la Unión Europea?

—A veces la gente se olvida: nuestro tratado con la Unión Europea no es simplemente un tratado de libre comercio. Es el primer tratado de tercera generación que se hizo, porque incluye ciencia, incluye política e incluyó desde el inicio una cláusula democrática. De esta manera, tenemos un tratado de asociación.

Tenemos otros tratados diversos, multinacionales y bilaterales, y hemos creado para Chile una red —no sé si llamarla de protección, porque soy un poco empírico— de acuerdos que nos permiten desempeñarnos con autonomía y llegar a todas partes.

—Usted considera que el retiro de Chile del Movimiento de Países No Alineados fue otro error. ¿Por qué?

—Otro error elemental de falta de planificación fue el retiro del Movimiento de Países No Alineados, seguramente con una lectura prejuiciada de que esto fue una cosa del Tercer Mundo, surgida con ocasión de las potencias de la Unión Soviética y Estados Unidos. Estamos hablando del año 1961.

Sabemos que, en una parte importante, el Movimiento de Países No Alineados ha sido manipulado para algunos objetivos. Pero ¿Por qué nos manteníamos ahí? Porque el Movimiento de Países No Alineados reúne a 120 países, con los cuales tenemos relaciones directas —es decir, embajadas— solo con una veintena.

—¿Qué utilidad práctica tenía esa participación para la diplomacia chilena?

—Aprovechando la institucionalidad del Movimiento de Países No Alineados, Chile lleva a cabo políticas diplomáticas con cerca de un centenar de países con los que, de otro modo, no tenemos más contacto que durante los días en Naciones Unidas. Allí, cada país trabaja habitualmente en temas bilaterales o subregionales, pero no en temas globales.

En las reuniones de los No Alineados —y lo han dicho varios excancilleres, porque hemos estado todos en ellas— hemos podido presentar nuestros valores y defender nuestros intereses con éxito en ocasiones bastante complejas: desde nuestras críticas a los ensayos atómicos de países que forman parte del Movimiento hasta desacreditar la campaña realizada por un presidente boliviano a propósito de los acuerdos y los fallos de la Corte Internacional de Justicia en materia de negociaciones entre Chile y Bolivia, además de otros temas menores. Sin saber de qué se trataba, salieron del Movimiento de Países No Alineados.

—Con todo, usted ha dicho que la gira por Asia le parece positiva. ¿Qué reparos mantiene?

—Este viaje me parece bien. Sin embargo, tiene ese olor, ese aroma de que se está compensando para recuperarse de los errores. Y se dice que es un viaje “para el bienestar de todos los chilenos”. Eso también es como el señuelo infantil y manipulador.

Sabemos que una política exterior tiene que beneficiar al conjunto de los chilenos, y lo sabemos porque, además, lo hemos demostrado. La economía exportadora chilena se debe a los gobiernos de la Concertación, que luchamos internamente contra varias oposiciones que hoy seguramente negarán que se opusieron o que no les gustaba.

—¿Qué papel debería tener Europa en la política exterior chilena?

—Puedo decir que fui el primer embajador ante la Unión Europea que se encontró con una parte importante del empresariado que pensaba que no teníamos nada que hacer con Europa. Decían que a Europa no le interesaba Chile. Yo les dije que me parecía que, efectivamente, a Europa no le interesaba Chile, pero que la cuestión era que a Chile sí le interesaba Europa.

De hecho, tuvimos una recuperación muy importante que hay que volver a tener ahora, porque las relaciones entre Chile y Europa, por ejemplo, no aparecen para nada en el proyecto ni en las acciones que está llevando adelante el Gobierno del presidente Kast. Está enredado entre Estados Unidos y China, realizando exactamente lo que los grandes poderes quieren: que la gente obedezca a uno o al otro.

—¿Cuál es el riesgo de quedar atrapados entre Estados Unidos y China?

—Creo que eso es bastante crítico. Espero que el canciller o el equipo de Gobierno piensen un poco más las cosas y que, cuando termine esta gira y de cara al próximo año, Chile realmente tenga una política exterior. A todos nos interesa que funcione y produzca los beneficios que ha producido en años anteriores, y que no terminemos simplemente como una pelota de ping-pong entre grandes intereses, donde uno quiere vernos alineados con uno o con el otro.

Nosotros queremos y debemos seguir siendo autónomos. No tenemos por qué hacer cosas contra Estados Unidos, contra China o contra quien sea, pero podemos hacer cosas distintas en nuestro beneficio y en representación de nuestros valores.

—¿La política que está llevando adelante la actual Cancillería se distancia de la tradición del Estado chileno de los últimos treinta años?

—No tengo por qué explicarlo: está a la vista lo que hemos hecho durante los últimos treinta años. No es una cosa cuyos antecedentes haya que andar buscando. Chile se proyectó internacionalmente de una manera maciza, contundente y muy beneficiosa para todo el país.

Toda esa idea se está improvisando en la política exterior con gente que nunca ha trabajado en política exterior. Porque una cosa es la gente de negocios privados, que también tiene su experiencia, y otra es representar el interés público de un país en temas comerciales, pero también económicos, financieros, políticos, culturales, sociales, ambientales y científicos.

—¿Qué experiencia requiere la conducción de la política exterior?

—Se requiere una capacidad bastante amplia de entendimiento y conocimiento, pero, sobre todo, una capacidad de gestión importante que obliga a tener un background, un trasfondo. Un cargo como este no es un cargo al que se llegue a aprender. Aquí se tiene que llegar con las cosas sabidas. Y ahí siguen surgiendo las dudas.

Creo que el Gobierno tiene que sostener una reunión muy de fondo y poder definir qué política exterior, qué programa de política exterior, va a tener el Gobierno del presidente Kast. Esperamos que tenga la inteligencia política suficiente para entender que un programa de política exterior de un gobierno chileno tiene que seguir el cauce más o menos natural que hemos creado, porque con esa base nos ha ido bien. Si quieren alterarlo todo sin una discusión programática a fondo, van a enfrentar una oposición cada día más creciente.

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