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Perú 2018: un año que terminó muy distinto a como comenzó

por 26 noviembre, 2018

Perú 2018: un año que terminó muy distinto a como comenzó
El vecino país vive un periodo de fuerte crítica a la legitimidad de sus instituciones, junto a un gran rechazo a los partidos. Si bien el presidente tiene hoy una mayoría en la opinión pública, muchos se preguntan qué va a pasar después del referendo de diciembre. Cómo se va a entender con un Congreso que se siente acosado. Otra pregunta que surge es cuál va a ser el programa de Gobierno, porque, hasta ahora, todo ha sido consumido por el manejo de la crisis. Sin dejar a un lado que la actual representación parlamentaria ha quedado desfasada y es probable que las investigaciones judiciales terminen por involucrar a más de algún parlamentario.
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El 2018 ha sido un año noticioso en Perú. Como empezó en enero, no es como terminará en diciembre. En muchos ámbitos: en la política, en la economía, en su diplomacia y hasta en el fútbol.

Veamos.

A inicios de año, gobernaba el presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien había asumido en julio del 2017. Triunfó en segunda vuelta derrotando apretadamente a Keiko Fujimori, gracias en gran parte a quienes –como la izquierda– lo votaron para impedir el retorno del fujimorismo. Keiko reconoció con rapidez su derrota y pasó a administrar la mayoría parlamentaria que le daban los más de 70 congresistas que eligió su partido, Fuerza Popular (Perú tiene una sola Cámara de 130 miembros).

El resto del Congreso es una bancada del Frente Amplio con cerca de dos docenas de congresistas (los que, como corresponde a la tradición izquierdista, con posterioridad se dividieron), alrededor de una veintena del partido Peruanos por el Kambio (el oficialismo). El saldo quedó en manos de bancadas menores, entre ellos, el otrora poderoso APRA, que solo eligió a media docena. En pocas palabras, el oficialismo era minoría en un Congreso ampliamente dominado por el fujimorismo.

En este marco, tendremos la visita del presidente Vizcarra el próximo martes y, como ya sabemos, nuestras relaciones son intensas en lo económico pero no exentas de dificultades en lo político, donde cada vez que hemos tenido diferencias, la diplomacia peruana nos ha dicho que se trata “del último conflicto”. Además, decenas de miles de ciudadanos peruanos nos han elegido como su país de residencia y millares de turistas chilenos disfrutan cada año de las bondades de dicho país, empezando por su exquisita gastronomía. Desde 1990 a diciembre de 2017, las inversiones chilenas en Perú alcanzaron mas de 19 mil millones, representando el 16% del total de nuestros capitales en el exterior. Muchos analistas señalan que esas fueron las poderosas razones que explicaron las llamadas “cuerdas paralelas”.

Las relaciones entre oficialismo y fujimorismo no fueron fáciles, y desde los primeros meses, el Congreso inició un severo control (perfectamente legal) del Ejecutivo y por esa vía un par de ministros tuvieron que dejar sus cargos, incluido el fiscal de la nación. Envalentonado, el fujimorismo fue tras un impeachment al presidente por presuntos sobornos Odebrecht.

El oficialismo salvó negociando con Kenji, hermano de Keiko, quien con una docena de parlamentarios privó a Fuerza Popular del quorum para impugnar al presidente. A cambio, el 24 de diciembre del año pasado, el gobierno indultó a Alberto Fujimori, lo que provocó airadas protestas de sectores de la ciudadanía. Esta indignación aumentó al darse a conocer videos que demostraban cómo se obtuvieron los votos para salvar al mandatario, revelando una maraña de negocios y tráfico de influencias que involucraban el corazón del Gobierno.

Todo esto sucedía en un país en el que además los escándalos de Odebrecht han puesto en jaque a todos los presidentes desde que se instaló la democracia. La revelación de estos escándalos ha sido consecuencia de las delaciones compensadas que los ejecutivos de Odebrecht realizan en Sao Paulo y por ahí llegan a la justicia peruana. Estas revelaciones aún no han concluido.

El espeso clima político terminó con la renuncia de PPK el 21 de marzo, a pocos días de celebrarse la Cumbre de las Américas en Lima. Para desdicha de la diplomacia peruana, el tema central de dicho evento era la lucha contra la corrupción. El vacío de poder fue llenado constitucionalmente por la asunción del vicepresidente Vizcarra. Así, Vizcarra asumió sin poder propio, sin mayoría en el Congreso y expectante de cómo serían sus relaciones con Keiko. Muchos analistas previeron la instauración de un “cogobierno”.

El clima se enredó más con las revelaciones de otro escándalo, esta vez, en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y la Corte del Callao, donde denuncias vía audios proporcionados por organismos de DDHH revelaron que se ejercía un grosero tráfico de influencias. ¿Resultado? Se intervino al CNM (ente que controla y elige a los jueces) y se abrió otro debate.

Digamos a estas alturas que los ciudadanos peruanos –al igual que la mayoría de los latinoamericanos, empezando por nosotros– reclaman airados por tanta corrupción. Hasta entonces la indignación se había centrado en los políticos por financiamiento ilegal de campañas y también sobornos para entrega de concesiones (modelo de negocios de Odebrecht). Con las cochinadas de los jueces, la crítica abarcó también a la justicia. Esta fue la oportunidad para que el presidente Vizcarra pasara a la ofensiva: planteó un referendo que permita renovar la magistratura, impedir la reelección de los parlamentarios y volver a tener Senado. Esta consulta se efectuará el próximo 9 de diciembre.

No le ha ido mal al presidente, que subió rápidamente a más de un 60% de adhesión. Apoyado por una ciudadanía que no se ha callado para pedir que se disuelva el Congreso. Todo indica que se aprobarán las reformas, salvo la de crear un Senado (al parecer, los peruanos no quieren más políticos). Y para completar el cuadro, el fiscal del caso ordenó la detención preventiva (¡por tres años!) de Keiko, acusada de financiamiento ilegal. Fuerza Popular sin su líder se empieza desdibujar.

No le ha ido mal al presidente, que subió rápidamente a más de un 60% de adhesión. Apoyado por una ciudadanía que no se ha callado para pedir que se disuelva el Congreso. Todo indica que se aprobarán las reformas, salvo la de crear un Senado (al parecer, los peruanos no quieren más políticos). Y para completar el cuadro, el fiscal del caso ordenó la detención preventiva (¡por tres años!) de Keiko, acusada de financiamiento ilegal. Fuerza Popular sin su líder se empieza desdibujar.

No es todo, hace poco más de una semana, el ex presidente Alan García, quien residía en España, concurrió a la citación que le hiciera fiscalía para aclarar casos de corrupción. El fiscal lo dejó con arraigo de año y medio, García citó a la prensa para decir que no era un castigo vivir en el Perú y luego se fue a la embajada uruguaya a pedir asilo. Se abrió así otra faceta, ahora diplomática, de la política peruana, delegaciones del Frente Amplio y del APRA, cada una por su lado, peregrinan a Montevideo en un curioso lobby parlamentario.

El 2018 está terminando con un cuadro muy distinto al que inició: con un nuevo presidente, con un fujimorismo devaluado, con una sociedad indignada. No todo fue amargo en este año, la selección peruana tuvo una noble participación en el Mundial de Rusia y su hinchada fue reconocida como la más leal.

Perú vive un periodo de fuerte crítica a la legitimidad de sus instituciones, junto a un gran rechazo a los partidos. Si bien el presidente tiene hoy una mayoría en la opinión pública, muchos se preguntan qué va a pasar después del referendo de diciembre. Cómo se va a entender con un Congreso que se siente acosado Otra pregunta que surge es cuál va a ser el programa de Gobierno, porque, hasta ahora, todo ha sido consumido por el manejo de la crisis. Sin dejar a un lado que la actual representación parlamentaria ha quedado desfasada y es probable que las investigaciones judiciales terminen por involucrar a más de algún parlamentario.

En este marco, tendremos la visita del presidente Vizcarra el próximo martes y, como ya sabemos, nuestras relaciones son intensas en lo económico pero no exentas de dificultades en lo político, donde cada vez que hemos tenido diferencias, la diplomacia peruana nos ha dicho que se trata “del último conflicto”. Además, decenas de miles de ciudadanos peruanos nos han elegido como su país de residencia y millares de turistas chilenos disfrutan cada año de las bondades de dicho país, empezando por su exquisita gastronomía. Desde 1990 a diciembre de 2017, las inversiones chilenas en Perú alcanzaron mas de 19 mil millones, representando el 16% del total de nuestros capitales en el exterior. Muchos analistas señalan que esas fueron las poderosas razones que explicaron las llamadas “cuerdas paralelas”.

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