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Oposición: ¿qué están esperando?

por 11 enero, 2019

Oposición: ¿qué están esperando?
En un contexto de un talento notable del Presidente Sebastián Piñera para desperdiciar, en tanto poco tiempo, la mayoría con la que ganó y la capacidad de su Gobierno para repetir las malas decisiones, es inevitable cuestionarse por lo que hace la oposición o lo que hacen las oposiciones, esa de centro, de centroizquierda y la de izquierda. La derrota ha exagerado la necesidad de acentuar la identidad y el chovinismo, al punto que algo necesario se ha transformado en un obstáculo para el entendimiento. ¡Qué poco hemos aprendido de nuestra propia historia!
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Se termina el año político con un Gobierno severamente dañado, especialmente por su incumplida promesa de los “tiempos mejores”, a tal punto que se vio obligado a cambiar el eslogan por el de “Chile en marcha”. El gabinete depreciado y su jefe, el ministro del Interior, cuestionado en lo más relevante: su credibilidad. Para sus adeptos la pregunta que se escucha es “para qué ganamos”, los más radicales critican que La Moneda “no tiene coraje para gobernar con sus propias ideas”, y los detractores consideran que solo hay más de lo mismo, incluida la incapacidad de hacer Gobierno.

La crítica llega al Presidente Sebastián Piñera, quien ganó con una mayoría inédita para la derecha, con una diferencia insospechada por su holgura, pero que en estos diez meses ha demostrado un tremendo talento para desperdiciar esa oportunidad, al punto de tener una aprobación más baja que en su primer Gobierno en similar período, con un nivel de rechazo mayor que el apoyo. Todo en tan corto tiempo. Notable.

Lo interesante es que no se vislumbra una rectificación o, al menos, una reflexión autocrítica, una mínima inflexión hacia la anunciada voluntad de grandes acuerdos y búsqueda de consensos con la que volvió a La Moneda en marzo. Con los antipatriotas no se puede. El Gobierno todavía no entiende que ganó en la presidencial, pero perdió en la parlamentaria y que, en consecuencia, su estratega del pirquineo de votos –que siempre encontrará a algún despistado– no sirve para reformas sustantivas y menos con perspectiva de largo plazo que las hagan sostenibles.

Se observa una perspectiva de insistir en los errores e, incluso, incrementarlos. Solo así se explica que, después del episodio del hermano del Presidente designado como embajador de Chile en Argentina, se insiste en el mismo criterio con la hija del amigo-socio del Mandatario y se rubrica con el hijo de la ministra de solo 27 años a cargo de la APEC 2019. Todo, con severas críticas desde sus propios partidos de Chile Vamos.

En los primeros meses como oposición, el PS tuvo una conducta eminentemente fiscalizadora, pero después de eso no ha podido dar el salto a la articulación y la propuesta, a pesar de sus esfuerzos. Su agenda de control de la acción del Gobierno le ha impedido avanzar en su línea histórica de ser un partido de densidad programática y de acción unitaria. El socialismo siempre ha sido de coaliciones y de amplitud política. No en vano su responsabilidad emana de tener la bancada parlamentaria más numerosa de la oposición.

Pero en este cuadro de las malas decisiones e incapacidad de un diálogo constructivo, cabe preguntarse: ¿qué hace la oposición o qué hacen las oposiciones, de centro, de centroizquierda, de izquierda? La derrota ha exagerado la necesidad de acentuar la identidad y el chovinismo, al punto que algo necesario se ha transformado en un obstáculo para el entendimiento. ¡Qué poco hemos aprendido de nuestra propia historia!

En los primeros meses como oposición, el PS tuvo una conducta eminentemente fiscalizadora, pero después de eso no ha podido dar el salto a la articulación y la propuesta, a pesar de sus esfuerzos. Su agenda de control de la acción del Gobierno le ha impedido avanzar en su línea histórica de ser un partido de densidad programática y de acción unitaria. El socialismo siempre ha sido de coaliciones y de amplitud política. No en vano su responsabilidad emana de tener la bancada parlamentaria más numerosa de la oposición.

La DC, en tanto, deambula en reiterar su condición de partido de oposición, de duro contradictor de las políticas de gobierno, que pide la salida del ministro Andrés Chadwick el mismo día en que se reúne con el Gobierno.

Y el Frente Amplio, por su parte, conversa en privado y niega en público y además ese entender suyo que la política se inicia y termina en ellos, hace muy difícil el entendimiento. Algunos entienden la idea del actuar conjunto como obvia, pero otros están por la sustitución, ya que sienten una superioridad propia de la adolescencia en crecimiento. La frase “queremos derrotar a la Nueva Mayoría y luego a la derecha” es lo más indicativo de la agenda política de esta nueva fuerza. No hay nada peor en la vida y en la política –por cierto– que creer que la historia empieza con uno, es no entender que para derrotar a la derecha nos necesitamos todos. Es no entender que, detrás de cada situación, hay mucha historia y muchos involucrados.

Pido excusas si no me refiero a los demás partidos. Es por razones de espacio.

¿Cómo se puede salir de este embrollo, que impide avanzar en alguna dirección salvo al despeñadero?

Primero, hay que asumir y declarar que la actividad política es para la gente, para hacerse cargo de sus problemas, de sus necesidades, de sus privaciones, de los abusos de que son objeto, es decir, reafirmar el compromiso de que la acción política tiene sentido en la medida que es para los otros, para quienes depositaron su confianza, para los que requieren de ella, para hacer posible la solución de estas precariedades.

Segundo, hay que tener conciencia de que este país tiene una mayoría social y cultural de progresismo, de libertades, de progreso social, de acogida, de tener una mirada crítica a la sociedad en que vive, que le indigna la desigualdad y el abuso, que aspira a la democracia, el progreso y la seguridad, a una sociedad con menos privilegios.

Tercero, se debe asumir con certeza que no es bueno para Chile y sus habitantes que gobierne la derecha, que no lo hace bien y que sus convicciones apuntan a menos derechos sociales, a menos libertades, a menos progreso social, a menos democracia. La derecha prefiere el autoritarismo a la participación, el centralismo a la regionalización, la concentración del poder y la riqueza a la repartición justa y equitativa.

Cuarto, ha aparecido una derecha radical, con tintes neofascistas, que penetra el bloque oficialista, que se enquista en sus partidos y los tira más a la derecha, que atenta contra los derechos humanos, contra las diversidades, contra avances civilizatorios logrados. Es un error creer que Chile está libre de contraer este virus y, en consecuencia, impedirlo debiera convocarnos en unidad.

Quinto, hay que entender que la crisis de las instituciones públicas, su descrédito y menosprecio, constituyen un problema de la democracia y debe resolverse allí. El desmoronamiento de las instituciones hace viable la aparición de populismos de colores diferentes, de privatización de la acción pública y de poner al mercado en el trono y con el control de todos los ámbitos de la vida.

Sexto, que es imperativo escuchar más los adherentes, a las bases, al pueblo. Hay tanta sensatez en los de a pie, hay tanta sabiduría en los sencillos, hay tanta historia en sus luchas, que bien vale la pena escucharlos, aunque sea un poquito. En los barrios, comunas, distritos, regiones, en los jóvenes y en los viejos, en los hombres y mujeres hay gran voluntad unitaria, hay gran colaboración, hay mucho diálogo, hay afectos y fraternidades que debieran replicarse en las direcciones políticas.

Si estamos de acuerdo en esto, ¿qué estamos esperando? Si tenemos similares reflexiones, ¿por qué cuesta tanto hacerse cargo de ellas?

Si no estamos de acuerdo, si no nos parece, si pensamos que podemos hacerla solos, digámoslo de una vez y así cada uno se hace cargo y asume su responsabilidad ante ese pueblo que espera otra cosa. Está claro de quiénes depende.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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