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La ultraderecha miente

por 28 febrero, 2019

La ultraderecha miente
El señor ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, miente cuando dice que los Chicagos-boys convirtieron a Chile en Suiza. Miente porque los Chicagos-boys llevaron a un colapso económico y financiero que arruinó Chile y que, en 1983, generó la caída de su “gurú” Sergio de Castro y sus acólitos más estrechos, decisión obligada del dictador para retomar el control de la caótica situación creada por sus aliados que estuvieron a punto de echarlo por tierra a el y al aparataje dictatorial.
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En entrevista reciente, el actual ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, que concentra “superpoderes” entregados por el régimen de Jair Bolsonaro, ha declarado su admiración por la dictadura chilena, en especial, por los Chicagos-boys, y no ha tenido empacho en afirmar que gracias a ellos “Chile es ahora como Suiza”.

El señor Guedes miente o es un ignorante. Los Chicagos-boys llevaron a un colapso económico y financiero que arruinó Chile y que, en 1983, generó la caída de su “gurú” Sergio de Castro y sus acólitos más estrechos, decisión obligada del dictador para retomar el control de la caótica situación creada por sus aliados, que estuvieron a punto de echarlo por tierra a él y al aparataje dictatorial.

Según las cifras del Banco Central, sin autonomía en aquel período, el PGB cayó un -14,4% en 1982 y volvió a disminuir en 1983 en un -0,7%. La caída de la industria fue aún más vertical, al desplomarse en un -21,1% y la construcción en un-23,4%. El impacto sobre el empleo fue terrorífico, elevándose por sobre un tercio de la fuerza de trabajo del país.

Un conjunto de factores provocó la crisis: la fijación del tipo de cambio nominal y la apertura indiscriminada que provocó un déficit en la balanza comercial, que se ocultó con un endeudamiento incontrolado que agravó el déficit de la balanza de pagos y, en consecuencia, la vulnerabilidad de la economía con total irracionalidad, como la crisis lo demostró en forma dramática.

Además, la ausencia de regulación del mercado financiero interno, la liberalización de la cuenta de capitales y la fe ciega en el automatismo del “libre mercado”, tan ensalzado por la ultraderecha, están en las causas de esa catástrofe social y nacional.

Ante la dimensión de la convulsión social, Luis Escobar Cerda y otros economistas de la tradición conservadora de la derecha, con el apoyo de Sergio Onofre Jarpa en el Ministerio del Interior, tomaron la dirección económica hasta 1985, abriendo el diálogo político y social, con agricultores, transportistas y comerciantes que en un buen número de ellos estaban ya en quiebra o cerca de estarlo.

El movimiento sindical continuó brutalmente reprimido, pero con mucho arrojo convocó y lideró las Jornadas de Protesta Nacional, desde mayo de 1983 hasta el año 86, Con esa amplia y enorme movilización social logró echar abajo el receso político, imponer la existencia de hecho de las fuerzas políticas y cambiar profundamente la situación nacional.

El binomio Jarpa-Escobar adoptó medidas proteccionistas y apuntó a rebajar el impacto del agudo endeudamiento provocado por los Chicagos-boys, generado por la devaluación del 4 de junio de 1982, que dejó caer sobre el 40% de la población el costo fundamental de la crisis por la ausencia de financiamiento que la estrategia neoliberal provocó. Incluso hubo pago de rezagos, hasta hace no mucho, en la llamada “deuda subordinada”.

La dictadura terminó de estabilizar la situación con el paquete de privatizaciones que, a costa del patrimonio nacional, fue a pagar la farra de los Chicagos-boys y a generar nuevos ricos con la propiedad que había costado levantar en muchos años.

No fue poco lo que Jarpa y Escobar hicieron para salvar a Pinochet. Consiguieron darle un respiro al régimen que sin respuesta se ahogaba por su propia parálisis, salvo una cruenta represión que, en agosto de 1983, dejó cerca de un centenar de víctimas fatales. Aun así, el dictador dejó de lado a la derecha tradicional y, en 1985, colocó a Hernán Buchi como nuevo jefe de la gestión económica, más a gusto de los centros ultraliberales que tanto lo encandilaban.

En todo caso, la seudoapertura le permitió a Pinochet reponer su maltrecha autoridad y se impuso como el candidato de la Junta Militar para el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988, en el que fue finalmente derrotado. Tuvo que recurrir a oficiales de la DINA, aún en servicio y con jefatura castrense, para amenazar con los “corvos” de las tropas especiales a quienes dentro del régimen se movían y propiciaban una candidatura que no fuera la del ya cuestionado dictador.

La catástrofe económica le jugó en contra de forma decisiva. El pueblo de Chile no perdonó el inmenso costo social de la receta neoliberal del régimen. Aún con la fuerza de las armas fue derrotado con el voto de millones de personas. Hoy algunos quieren blanquear la dictadura para volver a aplicar sus dogmas ya fracasados.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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