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Caputto, ¿bombero o superhéroe?

por 10 agosto, 2019

La U necesita paz, tranquilidad y todos los estamentos alineados. Hoy volví a recordar una frase de un histórico azul y que sufrió ese momento duro del 15 Enero 1989: "La U volvió a nacer después de descender…ahí nació la mística y la magia del romance entre los hinchas y el club”, eso me lo dijo Horacio Rivas hace un par de años. Recuerdo su rostro emocionado y enrabiado a la vez. Ese rostro que hoy muchos hinchas de la U tienen y sienten.
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Darío Franco, Marco Antonio Figueroa, Cristián Romero, Martín Lasarte, Sebastián Becaccece, Víctor Hugo Castañeda, Angel Hoyos, Frank Kudelka y Alfredo Arias. Desde el 13 de diciembre 2012, los azules solo han conseguido dos títulos nacionales, una Copa Chile y han debido pagar en indemnizaciones casi US2 millones de dólares en todos los técnicos antes mencionados. Desde la partida de Jorge Sampaoli a la Roja, verdaderamente la U no ha logrado paz ni estabilidad, ni siquiera cuando fueron campeones con Lasarte y con Hoyos.

Precisamente ambos técnicos dieron un tiempo de estabilidad a la U, ya que el uruguayo Lasarte estuvo un año y seis meses dirigiendo, mientras que Angel Guillermo Hoyos lo hizo por un año y 3 meses. Es que desde que se fue el “sabio de Casilda”, los técnicos del romántico viajero han durado, como promedio, unos seis meses en la banca laica. Es que es inevitable que en los denominados equipos grandes o de mayor convocatoria, el resultado domingo a domingo es ganar.

No sirven para los hinchas los conceptos como “procesos”, el “trabajo a largo plazo” o “invertir en las estructuras del club”. Y eso pasa cuando las dirigencias pierden convicciones, se dejan amedrentar o presionar por sectores bravos de la barra, por las temibles redes sociales y su barómetro popular.

El plantel está mal conformado. Nadie lo duda. Una herencia que ahora la tiene que asumir Hernán Caputto, que llegó hace menos de un mes para revitalizar y potenciar las divisiones menores, el mayor activo de un club. Punto para la gestión de Goldberg y Vargas con eso, pero lo cierto es que Caputto debe ponerse el traje de bombero. No dudo de sus capacidades ni de su trabajo, pero no sé si era el minuto o el momento para que se sentará en esa hoguera que es hoy el banco de la U. Pero bueno, se tomó la decisión y ahí está preparando el partido de este sábado con Deportes Antofagasta, uno sobre el cual surgen muchas dudas e inquietudes.

La U viene haciendo las cosas mal hace rato. Si tuviéramos que hacer una lista de todos esos errores, esta columna tendría tres o cuatro carillas. Y no se trata de solo ver o hacer presente la parte negativa, pero cuesta entender como un club profesional, que debe ser líder en muchos aspectos de nuestro mermado fútbol, cometa un traspié tras otro.

Vamos a lo más inmediato, la salida de Alfredo Arias. Los números del torneo son indesmentibles para el uruguayo: de 36 puntos posibles sólo consiguió 10, o sea un 27%. Un rendimiento así -en un equipo de esta magnitud y trascendencia- en cualquier lugar del mundo le hubiese costado mucho antes el buzo de entrenador a Arias, pero como se había ido Kudelka, molesto y fastidiado por los problemas internos del club, la organización inestable y algunos “personajes” que asumían más atribuciones y “poderes” de lo que les correspondía, no hicieron otra cosa que tratar de calmar las aguas y entregarle un crédito gigante a un técnico, que no lograba enmendar el rumbo ni entender que el equipo estaba entrando en una crisis futbolística y anímica, de la cual cuesta mucho salir.

Casi todos los hinchas de la U sienten que hay muchas coincidencias y señales con el fatídico 1988, ese año cuando Universidad de Chile, por primera vez, descendió a segunda división. Ni siquiera la quiebra generó tanto dolor y rabia como el perder la categoría. Por eso, se logra entender el temor actual, ven que el equipo no logra levantar vuelo, no consigue una racha de victorias que le permitan tomar aire y además, siguen siendo testigos de los errores dirigenciales. Observan y pierden la paciencia, con los berrinches de algunos jugadores o la actitud de otros que sienten angustia e inquietud al momento de vestir la azul.

El plantel está mal conformado. Nadie lo duda. Una herencia que ahora la tiene que asumir Hernán Caputto, que llegó hace menos de un mes para revitalizar y potenciar las divisiones menores, el mayor activo de un club. Punto para la gestión de Goldberg y Vargas con eso, pero lo cierto es que Caputto debe ponerse el traje de bombero. No dudo de sus capacidades ni de su trabajo, pero no sé si era el minuto o el momento para que se sentará en esa hoguera que es hoy el banco de la U. Pero bueno, se tomó la decisión y ahí está preparando el partido de este sábado con Deportes Antofagasta, uno sobre el cual surgen muchas dudas e inquietudes.

¿Cuánto estará a cargo Caputto del equipo? ¿Quién se hará cargo del proyecto que estaba encabezando en las divisiones menores, en el caso que se quede en el primer equipo? ¿Hay tiempo necesario para que un técnico extranjero asuma esta situación? Son tantas y más las dudas, que deben ir aclarando en medio de las crisis los hombres de la U.

Claramente, no verán un equipo estiloso ni visualmente atractivo. Los azules solo necesitan sumar puntos y rogar que sus rivales no sumen de a tres. El famoso tobogán del cual se habla en el fútbol y al cual tanto se le teme, está ad-portas de la existencia de la U. Caputto iniciará un camino que puede derivar hacia cualquier lado. Puede ser el “salvador” del chuncho o sentir esa presión cuando el agua sube y no queda espacio para respirar.

Por eso ¿Caputto tendrá capa? No es por ironizar, pero literalmente se necesita un superhéroe para intentar enmendar el rumbo de tantos desaciertos dirigenciales y futbolísticos. La U necesita paz, tranquilidad y todos los estamentos alineados. Hoy volví a recordar una frase de un histórico azul y que sufrió ese momento duro del 15 Enero 1989: "La U volvió a nacer después de descender…ahí nació la mística y la magia del romance entre los hinchas y el club”, eso me lo dijo Horacio Rivas hace un par de años.

Recuerdo su rostro emocionado y enrabiado a la vez. Ese rostro que hoy muchos hinchas de la U tienen y sienten. Hay esperanza todavía y puede ser a partir de hoy, siempre y cuando todos remen para el mismo lado. Frase simple, pero llena de verdad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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