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Cuatro escenarios de salida a la actual crisis de gobernabilidad

por 4 noviembre, 2019

Cuatro escenarios de salida a la actual crisis de gobernabilidad
Un giro del Presidente, a través de un acto de audacia, generaría un cambio en el ecosistema político. La convocatoria a un plebiscito donde él facilite el proceso puede quebrar la tendencia. Sus consecuencias no necesariamente deben considerarse negativas, pues es un escenario que invita a pensar creativamente en nuevas posibilidades para canalizar los hechos positivos o contrarrestar los negativos.
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Muchos análisis se han hecho y todavía faltan para intentar explicar lo ocurrido con el movimiento de indignación y estallido social ocurrido en Chile. Hasta ahora el resumen es que hay más sorprendidos que sorpresas. Pero también debemos preguntarnos por la política después de la indignación, por cómo se sale de la actual crisis de gobernabilidad.

Los ambientes de incertidumbre resultan propicios para realizar escenarios de futuro, porque no hay otra forma de encontrar soluciones. Los estudios prospectivos ayudan a identificar escenarios posibles. Ciertamente, no es posible predecir o acertar con precisión el futuro, sino más bien evidenciar rutas alternativas para prefigurar escenarios deseados o para evitar escenarios indeseados frente a la actuales amenazas y desafíos para la gobernabilidad.

Un primer escenario es el tendencial. Este muestra lo que sucederá si las actuales variables intervinientes se mantienen. La base de este escenario es que el conflicto siga escalando entre quienes están movilizados y activos.

Esto podría dar lugar a un escenario de polarización. El gran aliado y soporte de la polarización es el propio cerebro humano, el cual, en aras de simplificar los procesos, tiende con mucha facilidad hacia lo binario: ellos y nosotros, blanco y negro, cerca y lejos, amigo y enemigo. Observamos en el actual escenario de crisis actores que prefieren este espacio, ya que les permite diseñar estrategias binarias donde intentar instalar discursos y acciones políticas. Este escenario favorece a sectores de extrema derecha y a otros radicalizados en la izquierda extrainstitucional.

Quienes forman parte de la polarización suelen sentirse satisfechos con ella. Y quienes están fuera intentan romperla. Este intento puede dar lugar a un segundo escenario, que llamaremos optimista y que asociamos con la ventana de oportunidades que abre la actual crisis para corregir y generar cambios de corto, mediano y largo plazo.

Este escenario optimista contempla cambios razonables y positivos que no rayan en una ambición desmesurada, basada más en los deseos que en los fundamentos que conllevan los hechos y datos. Este escenario precisa de liderazgos nuevos y convocantes que posibiliten afrontar, desde la lógica de nuevos pactos políticos y sociales, acuerdos de acciones deseables y plausibles.

Por ahora no observamos la emergencia de los liderazgos necesarios para viabilizar este escenario, entre otras cosas porque el Gobierno carece de diseño y ciertamente de liderazgos, y porque los partidos en la oposición han visto más incentivos para potenciar sus propias agendas que soluciones en la lógica del interés público.

Un tercer escenario del tipo pesimista puede surgir de un eventual vacío de poder. Este escenario supone un deterioro de la situación actual. Este se encuentra en medio del escenario tendencial y el escenario catastrófico o aquella situación que empeora dramática y aceleradamente un sistema a causa de factores desestabilizantes, inesperados y descontrolados. La acusación constitucional contra el Presidente Sebastián Piñera podría conducir a este tipo de escenario. Nunca hay vacío de poder, alguien siempre lo ocupa y es aquí donde emergen los fantasmas de una regresión autoritaria.

Finalmente identificamos un último escenario disruptivo que asociamos con un liderazgo del tipo estadista. Un giro del Presidente, a través de un acto de audacia, generaría un cambio en el ecosistema político. La convocatoria a un plebiscito donde él facilite el proceso puede quebrar la tendencia. Sus consecuencias no necesariamente deben considerarse negativas, pues es un escenario que invita a pensar creativamente en nuevas posibilidades para canalizar los hechos positivos o contrarrestar los negativos. Este escenario se reserva para pensar lo impensable. Este tipo de escenarios son por regla contraintuitivos. Un símil sería, por ejemplo, el planteamiento del diputado Mario Desbordes (RN) para condonar la deuda del CAE.

Este escenario exige características propias del estadista. Capacidad de ver más allá de los caminos conocidos y adelantarse a su época. Capacidad para innovar y aprender de la realidad. Capacidad para examinar las reglas del juego social y rediseñarlas.

Sin embargo, se hace más difícil este escenario por el problema de ceguera situacional y encastillamiento que muestran el Presidente Piñera y su equipo de asesores. Los problemas de las personalidades como las del Mandatario muestran que en situaciones de crisis solo se quedan en la reacción y no avanzan en propuestas, lo que denota la ausencia de estrategia y falta de capacidades más propias de los estadistas.

Hoy el Presidente escucha solo pocas voces y se rodea de los mismos. Cuando el soporte cálido y el frío son contradictorios, los gobernantes tienen que optar por uno u otro. Es una decisión difícil. En el líder común tiende a triunfar el soporte cálido de su círculo de confianza o la recomendación unidimensional del tecnócrata; en el estadista, en cambio, triunfa con mayor frecuencia el cálculo frío del razonamiento tecnopolítico.

El actual contexto de incertidumbre se puede abordar desde la descripción de futuribles y del recorrido asociado al mismo. Este es el ejercicio que posibilita configurar escenarios. Construir estas imágenes de futuro nos ayudará a comprender cómo las decisiones y las acciones que hoy tomamos pueden influir en nuestro futuro. Aquí parece radicar el dilema actual del Presidente y de los otros actores involucrados en la actual crisis, en relación con los escenarios que se plantean para enfrentar el actual trance para nuestra gobernabilidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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