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El Covid 19 se le cruzó al Presidente Trump

por 19 abril, 2020

El Covid 19 se le cruzó al Presidente Trump
Para el Presidente de Estados Unidos, que siempre se ha definido por el crecimiento económico y las cifras del mercado de valores (la bolsa), esta es la prioridad incluso a costo de vidas por las incertidumbres que hay en relación al comportamiento del Covid 19. El cálculo de Trump es que si maneja bien la crisis, es decir la economía empieza a crecer de nuevo y las cifras de desempleo caen ante de las elecciones, sus votantes seguirán siendo leales y podría ser reelecto en noviembre.
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Un artículo de Gonzalo Arias (Infobae 12/04/2020) expresaba que “hasta hace algunos meses casi nadie dudaba de que Donald Trump, pese a sus excentricidades, polémicas (declaraciones por twitter) y hasta un proceso de impeachment que…no prosperó, conseguiría la reelección” en las elecciones presidenciales de noviembre en EE.UU. Arias justificaba esta predicción en una frase que utilizó mucho la campaña de Bill Clinton en contra de George Bush padre en 1992 y que decía “¡es la economía, estúpido!”,  en referencia a una economía que se mostraba muy vigorosa (hasta mitad del 2019 tuvo 121 meses de crecimiento continuo) de la mano de las políticas proteccionistas del magnate de los bienes raíces y presidente de la principal potencia global, Donald Trump.

En diciembre del 2019 y a pesar de la relentización de la economía (2.3% de crecimiento al finalizar el año), de un importante déficit comercial y fiscal, una incontenible deuda pública, y una amenaza de juicio político en contra los consejeros y asesores de la Casa Blanca, entre otras posibles variables de interpelación, la tasa de aprobación de Presidente Trump era de alrededor de un sólido 44%.

Sin embargo y a pesar de ello, esta no era una “carrera corrida” para el Presidente. Así los problemas económicos de EE.UU. en un mundo que no marchaba mejor (desaceleración, costo de la guerra comercial con China y con otros países en menor medida, etc.), unido al calentamiento de los motores de un partido demócrata inicialmente fragmentado por más de 20 de candidatos y un amplio arco ideológico, primeramente con el impeachment en su contra lidereado por fiscales y parlamentarios demócratas, luego con las primarias y finalmente con el apoyo brindado por Bernie Sanders (una de las caras de la moneda) y luego por el intachable ex Presidente Barak Obama (y con ellos el posible favor del voto joven y del afroamericano respectivamente), es bien posible suponer que llevaron a los asesores a recomendar al presidente que apelara al tradicional recurso del “Presidente en Guerra” a través de una operación militar de alto impacto para recomponer su popularidad y situarlo en mejor posición para encarar las elecciones de noviembre de este año.

Esto no solo serviría como una de las hipótesis posible para explicar la disputa con China (comercial o en el Mar de China) másallá de la lucha hegemónica, sino que también el atentado que acabó con la vida de Qassem Soleimani (el general más importante de Irán), el bombardeo de milicias proiraníes en Irak y ahora el despliegue de un número importante activos navales estadounidenses en El Caribe y en la fronteras de Venezuela con lo que aumentó su apuesta en la confrontación con Nicolás Maduro (se adujo oficialmente el combate al narcotráfico).

Estos ejercicios se acoplaron seguidamente a las acusaciones penales contra Maduro y varios de sus colaboradores cercanos y al anuncio de Mike Pompeo de un plan de transición democrática para ese país. En relación a esto último, Shannon O'Neil, experta en América Latina del Council of Foreign Relations, ancló estas acciones en el proceso electoral al decir que "estas acciones de línea dura de la administración Trump reflejan la importancia de Florida en las elecciones, y no una estrategia bien pensada para terminar con el régimen autoritario de Maduro en Venezuela". Agregando que "estos actos simbólicos (espectáculo) no hacen nada para relajar el control de poder de Maduro y deberían percibirse como una estrategia política de un gobierno preocupado por las elecciones de noviembre" (DW 07/04/2020).

No es raro que este tipo de maquinaria se ponga en marcha para subir la popularidad del mandatario a la vez satisfacer el poderoso “complejo militar-industrial”. Se sabe bien que la aprobación de los presidentes aumenta cuando la nación está bajo amenaza. Todos los mandatarios, desde Franklin Roosevelt hasta George W. Bush, vieron aumentar su índice de aprobación al menos 10 puntos después de un importante evento nacional (france24.com 10/04/2020).

En 1990, por ejemplo, el presidente George Bush uso para la reelección la operación “Causa Justa” (1989), nombre que se dio a la invasión de Panamá y la detención del ex presidente y colaborador de la Central de Inteligencia Americana (CIA), Manuel Antonio Noriega, acción que no tuvo el efecto deseado al no tener el volumen, la complejidad y la duración para ejercer un impacto importante en la opinión pública (Panamá era poco relevante para ella). Bush captó el mensaje y optó por repetir el recurso al duplicar la presencia militar de EEUU en el Golfo Pérsico pero sin declarar la guerra y tal como lo relata Atilio Borón (kaosenlared.com 04/01/2020), poco después se transparentaba esta operación militar-electoral con la filtración de uno de sus principales asesores, John Sununu, diciendo que “una guerra corta y exitosa sería, políticamente hablando, oro en polvo para el presidente y garantizaría su re-elección”.

La invasión de Irak a Kuwait le ofreció a Bush esta oportunidad, y a mediados de enero de 1991 la Casa Blanca lanzó la operación “Tormenta del Desierto” en un país ya devastado por las sanciones económicas y su larga guerra con Irán, y en contra de un antiguo aliado ya satanizado, Saddam Hussein. Sin embargo, estas acciones no siempre tienen el efecto deseado al perder la presidencia frente a Bill Clinton.

Esta apelación bélica ha sido utilizada rutinariamente por EE.UU. tal como lo señalara el ex Presidente James Carter al decir que el país estuvo en guerra durante 222 años de sus 243 años de vida independiente. Agrego que EE.UU. es la nación más guerrera en la historia del mundo porque quiere imponer estados que responden a nuestro gobierno y los valores estadounidenses en todo occidente, controlar las empresas que disponen de recursos energéticos en otros países.

“Hemos desperdiciado $ 300 billones en gastos militares para someter a países que buscaban salirse de nuestra hegemonía” (Newsweek 15/04/2019). Además de ser una acción delicada y potencialmente riesgosa, estas maniobras en El Caribe han sido criticadas desde diferentes esferas. Por ejemplo, Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, dijo que "no hay justificación para usar barcos de la Armada de este tamaño en medio de una pandemia...El momento es extremadamente desafortunado...Es una burda maniobra política de Trump” (Univisión 05/04/2020).

Pero llegó el virus

Y claro, en un mundo extremamente globalizado y a pesar de que la misma administración Trump minimizó los peligros del coronavirus (Covid 19) por varias semanas: "Es una gripe; se irá con el calor; virus extranjero; un día desaparecerá como un milagro…” (El Mundo.es 12/03/2020), este virus llegó a la primera potencia mundial con todo. De acuerdo al El País del 14/04/2020, EE.UU sigue siendo el foco rojo del Covid19 al superar el medio millón de contagios con más de 23.600 muertes, la cifra de fallecimientos más alta del mundo y subiendo. Se pronostica que puede alcanzar entre 100 mil a 240 mil posibles muertos.

El Covid 19 también afectará el escenario electoral, a partir de lo denunciado por Michelle Meyer, economista jefe del Bank of America, quien advirtió a los clientes que EE.UU. está ahora en "una recesión, uniéndose al resto del mundo y es una caída profunda. Se perderán empleos, se destruirá la riqueza y se deprimirá la confianza" (TRT. Net 21/03/2020).

El cierre obligado de negocios en todo el país y el aumento del desempleo por la pandemia provocarán una contracción del 30% en el crecimiento en el 2do trimestre y del 5% en el total de 2020, escribió Pacific Investment Management Co (PIMCO) (El Economista 08/04/2020). Es decir, se acabó el dulce sueño de 121 meses de crecimiento y del pleno empleo y el país se enfrentará a cifras de desempleo históricas: ya más de 16 millones de personas, uno de cada 10 trabajadores han solicitado subsidio de desempleo entre fines de marzo y principios de abril, y los expertos no dudan de que se podría alcanzar un 30% de la fuerza laboral.

El virus esta desbocado en EE.UU. y las razones son varias además de las características propias del patógeno. Entre ellas, en primer lugar, cabe destacar lo expresado por la profesora de Políticas y Finanzas Públicas de la Universidad de Harvard, Linda J. Bilmes, quien cuestionó los recortes presupuestarios que hizo Trump a varios organismos dedicados a la investigación y la prevención de enfermedades infecciosas. Bilmes lo ejemplificó con el recorte de US$ 1.300 millones al presupuesto anual del Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) del Departamento de Salud de EE.UU. (es un 20% del presupuesto de 2019 – spuniknews.com del 26/02/2020).

En segundo lugar, si en algo están de acuerdo los especialistas como Anthony Fauci es que EE.UU. tenía que haber tomado medidas más serias y amplias mucho antes y se podrían haber salvado vidas; es decir hubo una extrema lentitud de la Casa Blanca.

En tercer lugar, se han planteado problemas iniciales con los test; es decir, hubo pruebas defectuosas que tuvieron que ser cambiadas y/o hubo un limitado acceso a los exámenes.

En cuarto lugar, se critica el sistema que en su gran mayoría está  basado en seguros privados (Trump quería terminar con el Obamacare o Ley de Asistencia Asequible), lo que complicó la identificación de los casos de Covid-19 de manera temprana para contener la propagación. Por último, estuvo la descoordinación de los 50 estados, unos los cerraron temprano y otros no, producto de la falta de liderazgo de la Casa Blanca y donde los gobernadores tuvieron que tomaron las decisiones (BBCMUndo 13/04/2020).

Al final, esto ha causado que el número de personas contagiadas en Nueva York y otras partes del país aumentase rápidamente, y hoy hay cada vez hay más hospitales que están llegando a sus límites y los médicos en Nueva York se preparan para afrontar la posibilidad de tener que decidir quién se salvará y quién morirá en ausencia de ventiladores. 

Sin embargo y ajeno a la contingencia cotidiana, el Presidente Trump quería a como diera lugar que la economía se reactivase pronto y había puesto como plazo Semana Santa y sopesaba cómo relajar las directrices de distanciamiento social (algo básico para combatir el virus). Expresó que “mucha gente está de acuerdo conmigo. Nuestro país no está diseñado para cerrar... Puedes destruir un país de esta manera, cerrándolo” (el universo.com 26/03/2020). Pero fue el propio director general de salud pública del gobierno, Jerome Adams, quien advirtió que EE.UU. no podría reabrir su economía por completo ni siquiera el 1 de mayo, ya que 42 de los 50 estados del país, además de Puerto Rico y el Distrito de Columbia, habían emitido decretos para obligar a sus ciudadanos a quedarse en casa, lo que supone que aproximadamente el 95% de la población (unos 316 millones) se encuentran recluidos (cooperativa 10/04/2020).

Echarse flores y la culpa es de otros

Tras varios días de críticas por la demora de medidas en la lucha en contra del coronavirus, el autodenominado "Presidente de la Guerra" aprovechó una rueda de prensa para lanzar una defensa frontal de su gestión, con un video promocional incluido, en el que pasaba al ataque y acusaba a los medios de comunicación de haber minimizado el riesgo de la Covid-19, a China de haber escondido la epidemia y de tergiversar las cifras de infectados y muertos, y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de haber obrado en favor de China y fallado en sus previsiones sobre la pandemia del coronavirus (Taiwan acusa que una alerta temprana a la OMS de los casos en Wuhan que fue desechada). En relación a la OMS lanzó frases del estilo: “Recibe enormes cantidades de dinero de EE.UU.”, “Se equivocó”, “Podrían haberlo dicho meses antes. Deberían haberlo sabido y probablemente lo sabían”, “Vamos a suspender el dinero que gastamos en la OMS”, amenaza que cumplió (cooperativa.cl 14/04/2020).

La suspensión de los aportes de EE.UU. a la OMS (el mayor contribuyente), ha causado innumerables críticas en momentos que es más necesaria que nunca la información, cooperación y coordinación internacional como lo expresó la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardens. 

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pidió "poner en cuarentena" cualquier intento de politización de la pandemia y el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que este “no es el momento” de cortar los fondos de la OMS. China expresó su “profunda preocupación” y Rusia a través de su Cancillería dijo que los políticos de EE.UU. siempre encuentran culpables.

Angela Merkel, canciller alemana, denunció que la suspensión “no ayuda” y su ministro de Relaciones Exteriores, Heiko Maas, dijo  que “tenemos que trabajar estrechamente contra la Covid-19. Una de las mejores inversiones es fortalecer a la ONU, en particular a la OMS, que no cuenta con fondos suficientes, por ejemplo, para el desarrollo y la distribución de pruebas y vacunas”. 

La presidenta de Asociación Médica Americana (AMA), la Dra. Patrice A. Harris, indicó que  “durante la peor crisis de salud pública en un siglo, suspender la financiación a la OMS es un paso peligroso en la dirección equivocada que no hará más fácil vencer al Covid-19” (La Vanguardia y BBCMundo 15/04/2020).

Trump también pelea con los gobernadores al asegurar que es él, como mandatario, quien tiene “autoridad total” para decidir la reactivación de la actividad económica, y no los gobernadores de cada Estado, cuando han sido estos los competentes a la hora de ordenar los confinamientos y es a estos a los que la Constitución reserva el poder sobre el orden público y la seguridad.

“Cuando alguien es presidente de EE.UU., la autoridad es total. Y así es como debe ser. Total” expresó (El País 14/04/2020). Y ha prometido que “el país saldrá más fuerte que nunca de esta crisis porque EE.UU. es EE.UU. Un gran país que puede lograr cualquier cosa”. Sin embargo, en esta pugna no es el mandatario quien está actuando con coraje y determinación y dando valor a un país inseguro, sino que los gobernadores, especialmente el demócrata y gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, quien está en medio del epicentro de la crisis en EE. UU.

A sus seguidores no les importa las excentricidades (de creerse rey” y abuso “de forma flagrante” del poder como lo acusaron los demócratas durante el impeachment) o dar volteretas  como el “relajo” en las políticas migratorias ahora, en especial de profesionales de la salud. Ellos creen ciegamente en "su" presidente y pronto recibirán un cheque de 1.200 dólares del gobierno, como ayuda directa en la crisis que también hace tambalear la economía.

El dinero es parte del paquete de rescate más completo en la historia de EE. UU. aprobado por el Congreso y con el amplio respaldo de ambos partidos. Incluye miles de millones de dólares en ayuda para los trabajadores, pero también subvenciones y préstamos para pequeñas empresas, hospitales e industrias especialmente afectadas, como la aviación (las líneas aéreas recibirán 25 mil millones).

En este contexto y al igual que en todos los países, tanto los demócratas como los republicanos han tenido que tragarse grandes sapos y culebras para poner en marcha este proyecto de ley para que el país pueda sobrevivir a esta crisis económica considerada que puede ser igual o peor que la de 1929.

Para el Presidente, que siempre se ha definido por el crecimiento económico y las cifras del mercado de valores (la bolsa), esta es la prioridad incluso a costo de vidas por las incertidumbres que hay en relación al comportamiento del Covid 19. El cálculo de Trump es que si maneja bien la crisis, es decir la economía empieza a crecer de nuevo y las cifras de desempleo caen ante de las elecciones, sus votantes seguirán siendo leales y podría ser reelecto en noviembre.

En este contexto, si hay algo que caracteriza al proceso electoral de noviembre en EE.UU. es la gran incertidumbre y la volatilidad política con el comportamiento de un electorado complejo, un proceso indirecto y un futuro bastante incierto (profundidad de la crisis y lentitud de la reactivación).

La última encuesta de CNN (09/04/2020) que mide la intención de voto para las elecciones presidenciales de noviembre de este año y otras de rango menor, expresa que el 53% de los votantes registrados en EE.UU. prefiere a Joe Biden frente a un 42% que se inclina por Donald Trump. Sin embargo, otras como Gallup o el portal especializado Real Clear Politics hablan de un repunte del Presidente y en algunas más republicanas logra acercarse a casi el empate técnico.

Tyler Law, una veterana estratega demócrata, dijo a Reuters: será una combinación de la crisis de salud pública y la crisis económica, las dos cosas que determinaran mayoritariamente el comportamiento de los votantes (france24.com 10/04/2020). Y en ambas no hay buen pronóstico. El Covid 19, entonces, puede transformarse en el Némesis (esa diosa de la justicia retributiva, la venganza, el equilibrio…) para  las aspiraciones del  Presidente Trump de seguir en la Casa Blanca.

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