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La experiencia de Nueva Zelanda

por 13 junio, 2020

La experiencia de Nueva Zelanda
La solución neozelandesa es óptima para mantener un registro lo más representativo posible del comportamiento de la enfermedad, sin que ello afecte la privacidad de las personas o las someta a un riesgo de vigilancia. Entendiendo que, mientras no se desarrolle una vacuna, la humanidad deberá vivir con este virus que se transformará en endémico, nunca es tarde para mejorar las plataformas que ayuden a su control y erradicación.
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Mientras Chile está bajo los rigores de plena pandemia, Nueva Zelanda –a donde llegó el virus (28 de febrero) casi en los mismos días que aquí (3 de marzo)– dejó hace pocos días de reportar no solo muertes, sino que también casos positivos. Esta realidad invita a mirar con atención qué hizo y hace aún este país de Oceanía, especialmente respecto del despliegue de plataformas tecnológicas que apoyaron el modelo sanitario y le permitieron una rápida erradicación del virus de sus fronteras.

La estrategia sanitaria de Nueva Zelanda consistió en el denominado keep it out, find it and stamp it out, que es la activación de un plan de trazabilidad y aislamiento de casos diagnosticados y de sus contactos cercanos. Esto último, se denomina como contact tracing, una práctica altamente sugerida por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En dicho contexto, la autoridad neozelandesa desarrolló una aplicación móvil de trazabilidad, la NZ COVID Tracer app, que es parte del sistema nacional de contención de la pandemia y está acotada a una finalidad específica: la de ayudar a recabar información sobre el comportamiento y contención de la enfermedad, y no de sus usuarios.

Las personas diagnosticadas y sus contactos estrechos, de manera voluntaria, pueden descargar la aplicación en su teléfono. Ellos crean un perfil de usuario solo con su correo electrónico como dato personal. La aplicación no pide ningún dato personal adicional, salvo si el usuario lo entrega voluntariamente.

Es una aplicación de fácil implementación, aunque el éxito depende del nivel de digitalización de la población. En Chile, podría reemplazar, complementar o mejorar la “CoronApp”. Esto, debido a que la aplicación neozelandesa no recoge datos personales sensibles. La información sobre la salud de las personas seguiría así siendo custodiada en la forma como lo dispone la normativa sanitaria. El Gobierno, al amparo del Consejo para la Transparencia (CPLT), podría sumarse proactivamente en el desarrollo de esta aplicación, organizando el contenido en una arquitectura de la información amigable para la ciudadanía.

Una vez creado el perfil, el usuario puede registrar las visitas que realice a locales comerciales, edificios o parques públicos, escaneando el código QR estampado –físicamente– en esos lugares. Esa información se conserva en su teléfono por 31 días –catorce días de incubación, siete de desarrollo de la enfermedad y diez desde que no presenta síntomas–, luego de lo cual se elimina automáticamente.

De esa manera, la información que el usuario transmitirá a la autoridad sanitaria será la del número identificador del local que visitó (Global Location Number), que contiene el nombre y dirección del lugar, además de la fecha y hora en que ocurrió el escaneo.

Este modelo resulta atractivo, pues se trata de un “diario digital de visitas” a lugares determinados y previamente enrolados por el gobierno. La autoridad no monitorea, en tiempo real, la geolocalización ni georreferenciación del usuario, puesto que la app no exige la activación de la señal GPS o Bluetooth. El usuario solo hace check-in de sus visitas, las que se incorporan a un registro conservado en su teléfono, al cual puede acceder la autoridad sanitaria con su autorización previa.

Desde el punto de la privacidad, ofrece significativas ventajas. En primer lugar, el dato recogido es mínimo. La autoridad solo pide al usuario su correo electrónico, a fin de estar inscrito en el sistema. En segundo lugar, toda interacción en la aplicación recae –en exclusiva– sobre el usuario. La proactividad de este es esencial para su funcionamiento. A medida que escanee sus visitas, más fortalecido quedará su consentimiento y, con ello, la base de legitimación del tratamiento. El usuario tiene asegurado el control, lo necesariamente pleno, sobre su información.

En tercer lugar, la aplicación es parte de un sistema nacional de control sanitario, el cual abarca infraestructura y personal público. Por lo tanto, la finalidad del tratamiento de datos es reducida a ayudar a los rastreadores, mediante el suministro de información, sobre las visitas que el usuario ha realizado. Esto, con el objeto de contactar a quienes pudieron haber coincidido con este(a) en dichos lugares, dentro de una franja de tiempo, determinados por la fecha y hora en que el dispositivo escaneó el código QR.

Es una aplicación de fácil implementación, aunque el éxito depende del nivel de digitalización de la población. En Chile, podría reemplazar, complementar o mejorar la “CoronApp”. Esto, debido a que la aplicación neozelandesa no recoge datos personales sensibles. La información sobre la salud de las personas seguiría así siendo custodiada en la forma como lo dispone la normativa sanitaria. El Gobierno, al amparo del Consejo para la Transparencia (CPLT), podría sumarse proactivamente en el desarrollo de esta aplicación, organizando el contenido en una arquitectura de la información amigable para la ciudadanía.

Asimismo, como responsable de tratamiento, debiera evaluar el impacto de la aplicación sobre los derechos y libertades de los usuarios, redactar sus términos, condiciones de uso y políticas de privacidad, en lenguaje claro.

La solución neozelandesa es óptima para mantener un registro lo más representativo posible del comportamiento de la enfermedad, sin que ello afecte la privacidad de las personas o las someta a un riesgo de vigilancia.

Entendiendo que, mientras no se desarrolle una vacuna, la humanidad deberá vivir con este virus que se transformará en endémico, nunca es tarde para mejorar las plataformas que ayuden a su control y erradicación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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