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Participación electoral: la variable clave en el futuro de Chile

por 9 octubre, 2020

Participación electoral: la variable clave en el futuro de Chile
Todo aquello que supere los 8 millones el 25 de octubre estará camino a ser una mayor participación, pues estaríamos hablando de nuevos electores sin antecedentes, esencialmente jóvenes. Ahora bien, si estamos cerca de los 9 millones o más, la clase política debería empezar a temblar, pues nos encontraríamos en un escenario completamente impredecible para abril, no solo en alcaldías, sino también en gobernadores regionales y, sobre todo, constituyentes. Estamos frente a un momento histórico no solo por el hecho de poder redactar una nueva Constitución sobre la base de una convención elegida en un 100%, sino también por la oportunidad que permite el intenso ciclo electoral de poder “desprenderse” de mucho de lo antiguo que, definitivamente, “se niega a morir” y darle la bienvenida a mucho de lo nuevo, que no sabe cómo diablos “nacer”.
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No es broma. A pocos días del plebiscito del 25 de este mes, la única incógnita real –y tal vez determinante– es cuánta gente votará en este evento electoral. En el entendido que la opción Apruebo y Convención Constitucional ganarán sin grandes sobresaltos, la pregunta esencial entonces es : ¿cuál es la importancia que tiene esta variable para el futuro de Chile?

En primer lugar y no solo por un tema de legitimidad democrática, el “plebiscito de entrada” requiere de un volumen de participación que no deje lugar a dudas sobre su nivel de representación y apoyo popular al proceso de deliberación que despega ahora.

Pero lo más relevante de saber cuánta gente votará este mes, no tiene que ver solo con la legitimidad del acto propiamente tal, sino además con el impulso que se podría dar a un posible “reseteo” del sistema de partidos actual y, por lo tanto, la renovación forzada de un cúmulo de actores políticos, responsables del statu quo que resiente el país y la escasa representación que expresa la ciudadanía frente a sus demandas.

Una alta e inédita participación, moverá las agujas hacia a un mundo desconocido, del cual solo sabemos que millones de los que han participado, más otros que nunca lo han hecho en elecciones, tienen en común su pésima opinión de casi todos los partidos actuales (nuevos y viejos) y un deseo profundo por ser genuinamente representados por algo, que inapelablemente no es lo de ahora. Estimaciones de la última encuesta de TúInfluyes.com dieron, como escenario probable de participación, 8,7 millones para el 25 de octubre, con un límite superior cercano a los 9,3 millones. Cifras lejanas a 1988 en su proporción, pero altas para Chile en un contexto de voto voluntario.

Como enuncia Dieter Nohlen, “la participación electoral es el más central de los canales de vinculación del electorado y de sus preferencias políticas, con el poder que se manifiesta en su elección de los representantes y mandatarios ejecutivos”. En ese sentido, no son pocos los estudios que vinculan una alta participación con mayores grados de legitimidad democrática e, incluso, cohesión social. Todo aquello que hoy no existe en Chile.

Un ejemplo relativamente cercano aún es el plebiscito de 1988 que puso fin a la dictadura. En tal evento, participó casi el 90% de la población mayor de 18 años que había en Chile, pues, al ser la inscripción obligatoria (se inscribió cerca del 91% de los posibles electores), votó el 97,5% del padrón y, más allá de los resultados, esta participación brindó un fuerte impulso a la naciente democracia. Lo anterior, llevado a cifras actuales, sería algo así como 13 millones de sufragios para este 25 de octubre, algo ¡revolucionario!, pero no descartable como cambio probable con respecto a las próximas municipales. Expliquémoslo.

Sabemos que toda elección con alta participación en un ciclo corto electoral es inercial. Como ocurrió en 1988 y la posterior elección presidencial. En otras palabras, si votase mucha gente este mes, lo probable es que también vote mucha gente en abril de 2021, sobre todo si ambas elecciones están relacionadas (en este caso la elección de constituyentes).

¿Por qué podría ser revolucionario para el sistema de partidos actual? Esencialmente porque la línea de base comparativa y constituida de este sistema es muy baja. En simple, votó muy poca gente en la elección municipal de 2016 (solo 4,7 millones), y de entrar 7,5 millones u 8 millones o más a votar en abril, la correlación de fuerzas conocida se podría ver fuertemente alterada, pues los que estarían entrando teóricamente a votar en el plebiscito y en abril de 2021, son jóvenes y estos no necesariamente tienen una buena opinión de los partidos tradicionales, que tienen el 90% de las alcaldías.

En términos comparados, una alta participación es toda aquella que es significativamente superior, no solo a lo acostumbrado, sino también a lo inherente al sistema, en este caso de voto voluntario. En esa línea, contar con un 65% o 70% se considera una alta participación, según Nohlen.

Entonces el problema es: ¿70% de qué? Esto, pues aún no sabemos qué parte de los 14.796.244 de las chilenas y los chilenos del padrón son reales y cuáles ficticios. Como se ha discutido bastante, sabemos que entre chilenos en el extranjero (no inscritos en los registros electorales de los consulados), presos sin condenas, otros con penas menores a 3 años y un día, contagiados activos por coronavirus, mayores de 130 años aún registrados que ciertamente han fallecido, extranjeros retornados a sus países, mayores de 100 años sin antecedentes de defunción, enfermos postrados, víctimas de violaciones a los DDHH y un sinfín de excepcionalidades, el padrón podría tener fácilmente 800 mil electores menos.

En esa línea, un 70% correspondería a casi 10 millones de electores, en otras palabras, casi 2 millones más de los que votaron entre ambas vueltas el 2017 (sumados electores distintos que fueron a votar el 2017 entre primera y segunda vueltas, lo cual alcanzó a 8.053.534).

En resumen, todo aquello que supere los 8 millones el 25 de octubre estará camino a ser una mayor participación, pues estaríamos hablando de nuevos electores sin antecedentes, esencialmente jóvenes. Ahora bien, si estamos cerca de los 9 millones o más, la clase política debería empezar a temblar, pues nos encontraríamos en un escenario completamente impredecible para abril, no solo en alcaldías, sino también en gobernadores regionales y, sobre todo, constituyentes.

Una alta e inédita participación, moverá las agujas hacia a un mundo desconocido, del cual solo sabemos que millones de los que han participado, más otros que nunca lo han hecho en elecciones, tienen en común su pésima opinión de casi todos los partidos actuales (nuevos y viejos) y un deseo profundo por ser genuinamente representados por algo, que inapelablemente no es lo de ahora. Estimaciones de la última encuesta de TúInfluyes.com dieron, como escenario probable de participación, 8,7 millones para el 25 de octubre, con un límite superior cercano a los 9,3 millones. Cifras lejanas a 1988 en su proporción, pero altas para Chile en un contexto de voto voluntario.

Así, estamos frente a un momento histórico no solo por el hecho de poder redactar una nueva Constitución sobre la base de una convención elegida en un 100%, sino también por la oportunidad que permite el intenso ciclo electoral de poder “desprenderse” de mucho de lo antiguo que, definitivamente, “se niega a morir” y darle la bienvenida a mucho de lo nuevo, que no sabe cómo diablos “nacer”.

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