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Ecuador, Perú y Bolivia: las claves de las próximas elecciones

por 1 febrero, 2021

Ecuador, Perú y Bolivia: las claves de las próximas elecciones
Los tres países andinos concurrirán a las urnas en los próximos días y meses. El actual oficialismo camina por el callejón de la amargura en Ecuador y Perú, mientras que en Bolivia puede consolidarse. Los tres países –al igual que el resto de la región– están concentrados en la crisis sanitaria y económica, por lo que tienen poco espacio para referirse a su proyección internacional y su relación con Chile no está en la mesa de prioridades, como tampoco parece haber cambiado drásticamente. ¿Permitirán estas elecciones resolver las tensiones acumuladas? ¿Rebotarán sus economías? ¿Aumentará la migración? ¿A dónde se irían los nuevos migrantes?
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En el primer semestre de este año Ecuador, Bolivia y Perú tendrán elecciones. Presidenciales y legislativas en Ecuador y Perú, de prefectos y alcaldes en Bolivia. El próximo 7 de febrero serán las elecciones ecuatorianas, el 7 de marzo en Bolivia y el 11 de abril en Perú. Si hay segunda vuelta presidencial en Ecuador, también sería el 11 de abril. En cuanto a su contexto inmediato, los tres países comparten las graves consecuencias de la pandemia y de la recesión que se ha desatado. Pese a ello, cada país tiene su peculiaridad. Veamos el cuadro de cada uno de ellos.

Ecuador: la sombra de Correa

La historia reciente del Ecuador está en gran parte marcada por los más de diez años que gobernó el expresidente Rafael Correa, quien impulsó lo que llamó la “revolución ciudadana”, expresión local del auge de gobiernos de izquierda y centroizquierda que florecieron en América del Sur al inicio del presente siglo. Como sabemos, también fue el período del boom de las materias primas. Con ello, la consecuente expansión del gasto público, el empuje a medidas redistributivas e, incluso, alianzas políticas que desafiaban la hegemonía de EE.UU. en la región. Ecuador bajo la administración de Correa adhirió a la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), donde coincidió con la Venezuela de Chávez, la Cuba castrista, Nicaragua dirigida por Daniel Ortega y la Bolivia de tiempos de Evo Morales.

El amplio frente político y social que Correa logró estructurar en sus inicios, sufrió quebrantos. El alejamiento de los movimientos indigenistas fue uno de los primeros. Posteriormente el régimen sufrió acusaciones de corrupción –aclaremos, estas no solo apuntan al oficialismo de entonces–, pero también lo involucró al punto que su vicepresidente terminó siendo procesado. Era la sombra de Odebrecht en gran medida. Correa apostó por la candidatura de Lenin Moreno, quien lo sucedió, pero una vez en el poder se distanció radicalmente de Correa y de buena parte de su obra. El expresidente ha sido acusado ante la justicia y se ha radicado en Bélgica.

En la primera reunión del partido en la que estuvieron presentes tanto Arce como Evo, tuvieron que escuchar durante largos minutos un coro de delegados de base que gritaban a voz en cuello: “¡Queremos gente nueva, queremos gente nueva!”. La selección de candidatos estuvo a cargo de Evo, luego de su retorno desde Argentina, pero parece que no escuchó a plenitud el reclamo. En Santa Cruz trato de imponer al exministro Romero y debió soportar un silletazo lanzado por un indignado militante. En la selección del candidato en el combativo Alto, no reconoció el derecho de la exsenadora Eva Copa (presidenta del Senado durante el gobierno de Jeanine Áñez) y la marginó. ¿Resultado? Copa fue proclamada por las bases y hoy detenta el 66% de las preferencias. En suma, está emergiendo una nueva capa de dirigentes al interior del MAS e incluso abarca a sensibilidades al interior del mundo indígena.

A las inminentes elecciones presidenciales se han presentado 16 candidatos. Mas, solo tres tienen alguna posibilidad: son el joven economista Andrés Arauz, de centroizquierda (con el apoyo de Correa desde la distancia); el banquero Guillermo Lasso, candidato de centroderecha apoyado por el partido Social Cristiano; y Yaku Pérez, postulado por el indigenista Pachakutik. Los trece candidatos restantes no tienen posibilidades, según la mayoría de los sondeos.

En Ecuador esta prevista una segunda vuelta por si ninguno obtiene la primera mayoría. Se efectuarían el 11 de abril próximo. La mayoría de las encuestas da los primeros lugares a Arauz y Lasso, mientras Yaku figura siempre en tercer puesto. El dato más interesante es que entre un 30% y un 60% de los más de 13 millones de votantes se declara –a menos de dos semanas– indeciso. Esto podría tener varias explicaciones.

Primero, la mayoría ciudadana hoy está preocupada por la crisis económica y la amenaza del COVID-19, para ello, la dispersión de candidaturas no la ayuda a elegir preferencia. Entonces, esta se decidirá en los últimos días. Segunda hipótesis: vamos a tener una alta abstención, quizás por las mismas razones de la indecisión. Tercera hipótesis: una buena parte de los indecisos no lo son, están ocultando su voto, quizás por qué razón, pero no es primera vez que pasa (recordemos el reciente triunfo del MAS en Bolivia, una sociedad con características muy similares a la ecuatoriana). Esta opción podría ser la de algunos adherentes silenciosos de Arauz y, si en las encuestas supera hoy el 30%, en una de esas podría ganar en primera vuelta. Lo sabremos el 7 de febrero en la noche.

Por su parte, Yaku jura que llegará a la segunda vuelta. En todo caso, en una elección anterior le dio su apoyo a Lasso en el balotaje. ¿Pasaría lo mismo con la derecha ecuatoriana si la segunda vuelta fuese entre Arauz y Yaku?

Perú: bicentenario con pandemia

El 2021 el Perú conmemora sus 200 años de vida independiente. El poderoso virreinato fue el bastión realista en Sudamérica que resistió hasta el final. Fue la unión de los independentistas peruanos con el apoyo de los libertadores lo que pudo derrotar a las fuerzas colonialistas. Nació el Perú moderno.

Este bicentenario encuentra al Perú en una crisis originada en largos procesos que se acumularon en los últimos años: un desgaste acelerado de su sistema político, unido a una cíclica crisis provocada por una economía basada en pocas actividades primarias, muchas de ellas extractivas y dependiente de los vaivenes de la economía global.

2020 fue elocuente en el Perú. El pasado año se sucedieron tres presidentes. Además, al igual que el resto del planeta, fue devastado por la pandemia. La economía peruana, con un 50% de trabajadores informales, experimentó un descenso que se calcula en más de un 10%. El último presidente electo fue el empresario Pedro Pablo Kuczynski. Ganó en segunda vuelta, cuando muchos votaron por él para impedir el retorno del fujimorismo de la mano de Keiko, ganadora de la primera ronda. El nuevo presidente tuvo un triunfo electoral, pero sin construir una mayoría política, especialmente, sin apoyo en el Congreso unicameral peruano. Ya sabemos lo que pasó: en medio de acusaciones de corrupción, renunció al cargo y asumió su segundo vicepresidente, Martin Vizcarra, en una maniobra que implicó algún acuerdo con el Congreso, entonces de mayoría fujimorista.

Pero Vizcarra eligió el camino de confrontar al Congreso, el cual le correspondió con decisión. Al final lo disolvió mediante decreto el 30 de septiembre del 2019 y convocó a la elección de uno nuevo. El nuevo legislativo, electo en enero del 2020, de composición variopinta y sin grandes mayorías, a poco andar volvió a chocar con el presidente y, esta vez, el renunciado terminó siendo Vizcarra bajo acusaciones de corrupción aún en proceso. Correspondió asumir al presidente del Congreso, Manuel Merino, pero se desató una poderosa protesta en las calles que terminó provocando la renuncia del flamante presidente, quien alcanzó a durar cinco días. Fue sustituido por Francisco Sagasti, quien asumió el 17 de noviembre del 2020. En una semana, el Perú tuvo tres presidentes. En suma, la inestabilidad se apoderó del país, en medio de la pandemia y de la crisis económica.

Las elecciones presidenciales están programadas para el próximo 11 de abril, si ningún candidato obtiene mayoría se irá a una segunda vuelta. El ganador tomaría posesión el 28 de julio del 2021. Tomemos nota de que en las últimas elecciones tenemos dos constantes: siempre ha habido segunda vuelta y, en estas, siempre ha ganado el candidato que llegó segundo en la primera.

Como señalamos en la apretada síntesis histórica reciente, el Perú ha asistido también al desgaste del sistema de partidos. En estas últimas décadas concurrimos al deterioro progresivo del Partido Popular Cristiano, a la disolución de Izquierda Unida y al colapso del APRA, por nombrar los más significativos. Fue reemplazado por la emergencia de una prolífica camada de nuevos partidos, con escasa profundidad programática, pero surgidos al amparo de figuras carismáticas, algunas de ellas a la vez mecenas de la organización. La migración de dirigentes es abundante y, así, varias de estas nuevas organizaciones tienen líderes con pasado aprista o fujimorista, entre otros.

Este cuadro de dispersión explica la abundancia de candidaturas, que llegó en su momento más alto a alcanzar las dos docenas, aunque a la fecha algunas se han caído y es probable que otras las sigan. Las encuestas ubican en primer lugar a George Forsyth, exalcalde pero más conocido como el exarquero del popular Alianza Lima. Lo postula el partido Victoria Nacional y, si bien encabeza las encuestas hace algunos meses, su umbral de votos supera los 10 puntos pero nunca alcanza a los 20. Le siguen, entre otras, dos mujeres: Keiko Fujimori y la frenteamplista Verónica Mendoza, ninguna de las cuales llega al 10% hoy. El resto esta más abajo aún. Julio Guzmán, candidato del partido “Morados” –al que pertenece el actual presidente Sagasti– no supera el 6% en las encuestas a la fecha.

Con este cuadro, en medio de una segunda ola de la pandemia que ha generado una difícil situación sanitaria con la consecuente recesión, los votantes no muestran un gran entusiasmo. La pandemia arrecia y el gobierno ha decretado recientemente una nueva cuarentena, que amenaza con ser desobedecida por grandes sectores sociales. Pese a las reiteradas cadenas nacionales del expresidente Vizcarra, donde se prometían millones de vacunas para diciembre del año pasado, a la fecha no ha llegado ninguna y todo indica negligencias y exceso de publicidad gubernamental.

En síntesis: elecciones en pandemia, sin grandes mayorías, con una crisis económica persistente y una bronca social en ascenso. El actual Gobierno, debilitado y a ratos desbordado, a duras penas podrá conducir el proceso que le resta. Pero la dureza de la segunda ola es tal, que no son pocas las voces que empiezan a mencionar la necesidad de postergar las elecciones. ¿Resistirá el sistema?

Bolivia: el retorno del MAS

El 7 de marzo los bolivianos volverán a las urnas. En noviembre pasado, el MAS logró una contundente victoria presidencial y parlamentaria, que instaló en el gobierno a Luis Arce Catacora. Lo secunda como vicepresidente el líder indigenista David Choquehuanca.

Las elecciones de marzo son subnacionales: prefectos (jefes de departamentos) y municipales. La oposición aún no se repone de la derrota y enfrenta estas elecciones dispersa, lo que augura un buen resultado para el oficialismo. Hasta ahí lo formal.

El Gobierno está concluyendo su instalación, donde se aprecia un marcado énfasis de parte del presidente Arce por la recuperación económica. En esta materia, el presidente nada como pez en el agua. Sabe, tiene experiencia y conoce todos los rincones de la economía boliviana. Choquehuanca, por su parte, permite mantener el perfil indigenista y campesino del MAS.

Decíamos que la dispersión de la oposición augura una victoria masista. Es así, pero no es todo, en el oficialismo se han desatado dinámicas comprensibles, pero poco detectables desde fuera de Bolivia. El proceso de selección de candidatos al interior del MAS develó nuevas realidades.

En efecto, pareciera que en esta recuperación del poder, en el MAS emerge una tensión entre lo viejo y lo nuevo. Se aplica en especial a su dirigencia. La vieja guardia que acompaño a Evo sufre desgaste ante su propia militancia. Vale para García Liniera, José Ramón Quintana, Héctor Arce, Carlos Romero entre otros, en suma, el equipo que se turnó en el poder en los años de Evo. Pareciera que también vale para el propio Evo, aunque con más reconocimiento a su labor. A modo de hipótesis podríamos sostener que la base del MAS, la que resistió la hostilidad del Gobierno de Añez y su ministro Murillo, asume que el “fin del Gobierno de facto” se debe a su propio esfuerzo y a su movilización y su lucha. Por cierto, también refleja una demanda de renovación.

En la primera reunión del partido en la que estuvieron presentes tanto Arce como Evo, tuvieron que escuchar durante largos minutos un coro de delegados de base que gritaban a voz en cuello: “¡Queremos gente nueva, queremos gente nueva!”. La selección de candidatos estuvo a cargo de Evo, luego de su retorno desde Argentina, pero parece que no escuchó a plenitud el reclamo. En Santa Cruz trato de imponer al exministro Romero y debió soportar un silletazo lanzado por un indignado militante. En la selección del candidato en el combativo Alto, no reconoció el derecho de la exsenadora Eva Copa (presidenta del Senado durante el gobierno de Jeanine Áñez) y la marginó. ¿Resultado? Copa fue proclamada por las bases y hoy detenta el 66% de las preferencias. En suma, está emergiendo una nueva capa de dirigentes al interior del MAS e incluso abarca a sensibilidades al interior del mundo indígena.

En efecto, Choquehuanca, quien fuera destituido sin miramientos de la Cancillería por parte de Evo, es el líder natural de los aymaras del altiplano central, con epicentro en Las Yungas y en el Alto. Es la zona cocalera tradicional, que produce la hoja para al akuyiku cotidiano (masticado ancestral). Otra cosa es la realidad de los cocaleros del Chapare, donde Evo la lleva, ahí surgió y ahí también se produce la hoja de coca, nada más que los que saben dicen que es muy ácida para el masticado. El líder del Chapare hoy es el joven Andrónico Rodríguez, senador por la zona, actual presidente del Senado y a quien muchos ven como el delfín de Morales.

En suma, las elecciones de marzo no solo despejarán la relación entre Gobierno y oposición en materia de poder local, servirán también para dirimir la hegemonía al interior del MAS y su gobierno.

A diferencia de Ecuador y Perú, el tema de quién mandará en los próximos años ya está resuelto en Bolivia. Una consolidación del presidente Arce en el aparato estatal, despejando la sombra de Evo, crea condiciones para la estabilidad económica próxima. Incluso en medio de la dura pandemia, el Gobierno ha logrado tomar rápidas medidas como la importación de vacunas Sputnik, con generoso apoyo ruso y argentino. Bolivia tiene en el Gobierno del presidente Fernández a su mejor aliado en la región, mucho más que a Venezuela como fue en tiempos de Evo. Para proseguir con su mejoría diplomática, el nuevo Gobierno ha logrado recomponer la relación con México y España, que se dañó en tiempos de la administración anterior por groseras violaciones a la inmunidad de sus sedes en La Paz.

Colofón

Los tres países andinos concurrirán a las urnas en los próximos días y meses. El actual oficialismo camina por el callejón de la amargura en Ecuador y Perú. En Bolivia puede consolidarse.

Los tres países, al igual que el resto de la región, están concentrados en la crisis sanitaria y económica. Poco espacio tienen para referirse a su proyección internacional. Su relación con Chile no está en la mesa de prioridades, como tampoco parece haber cambiado drásticamente.

¿Permitirán estas elecciones resolver las tensiones acumuladas? ¿Qué sucedería en caso negativo? ¿Rebotarán sus economías? ¿Aumentará la migración? ¿A dónde se irían los nuevos migrantes?

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