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[Opinión] Chile: la mejor selección y los peores clubes

[Opinión] Chile: la mejor selección y los peores clubes

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Le euforia por la conquista de la Copa America se contrapone abiertamente con el desánimo por la actuación de los equipos en la Copa Sudamericana. Son tantos los desaciertos locales, que ya es hora de que en Quilín alguien se ponga a pensar.


Lo sucedido con los equipos participantes en la actual versión de la Copa Sudamericana ya es una tendencia: pasa uno y se quedan tres. Y ese único que supera la primera ronda, generalmente no llega muy lejos.

Uno podría consolarse pensando que no es tan grave, porque a este torneo van los equipos que ganan premios de consuelo, pero el problema es que lo mismo ha sucedido en las dos últimas versiones de la Copa Libertadores con las escuadras que llegan a la cita máxima continental exhibiendo los mayores méritos.

SUDAMERICANA

En la versión 2014 de la Sudamericana, el que sacó la cara fue Huachipato: pasó la ronda inicial eliminando a San José de Oruro (Bolivia), superó la fase siguiente dejando en el camino Universidad Católica de Quito (Ecuador) y cayó previsiblemente, pero haciendo pelea, con Sao Paulo (Brasil).

En cambio, Universidad Católica se rindió ante Danubio (Uruguay), Iquique no pudo con Universitario (Perú) y Cobresal quedó marginado por General Dìaz (Paraguay).

Este año, la excepción en la seguidilla de fracasos fue la UC, que ganó en casa y a domicilio a Danubio (Uruguay), mientras los tres restantes se inclinaron ante modestos rivales paraguayos: Wanderers no pudo con Libertad, Huachipato fue superado por Olimpia y Universidad de Concepción le regaló las victorias a Nacional. Un dato adicional: entre los tres, sólo pudieron hacer un gol como dueños de casa. Y fue de penal.

LIBERTADORES

El año pasado, Universidad de Chile pasó sin contratiempos la ronda inicial: 3-2 y 4-2 sobre Guaraní (Paraguay), y hasta ahí le llegó el vuelito: remató en el tercer lugar del grupo que integraba con Defensor (Uruguay), Cruceiro (Brasil) y Real Garcilaso (Perú).

Igual suerte y ubicación en su grupo obtuvo O’Higgins, que compitió con Cerro Porteño (Paraguay), Lanús (Argentina) y Deportivo Cali (Colombia).

Mejor le fue a Unión Española: ganó el grupo que integraba con San Lorenzo (Argentina), Independiente del Valle (Ecuador) y Botafogo (Brasil). Después, en octavos, fue frenado por Defensor de Sarandì (Argentina). Mérito extra de los rojos: en su grupo estaban los que serían campeones: los de Boedo.

En la versión de este año, todo peor. Palestino sorteó la ronda preliminar eliminando a Nacional (Uruguay), favorecido por un gol como visitante. En la fase de grupos, los tricolores terminaron terceros detrás de Boca Juniors (Argentina9, Wanderers Montevideo (Uruguay) y delante de Zamora (Venezuela).

La misma suerte corrió Colo Colo: tercero, superado por Independiente Santa Fe (Colombia) y Atlético Mineiro (Brasil) y por encima de Atlas (Mèxico).

El del desastre fue la U, último detrás de Internacional de Porto Alegre (Brasil), Emelec (Ecuador) y The Strongest (Bolivia).

COMPARACIÓN

Resultados tan pobres no se condicen con el poderío exhibido y los éxitos logrados por la Selección.

Campeón invicto en la Copa América, el equipo nacional se mostró como una fuerza compacta, y a ratos brillante, para superar a rivales que están considerados como potencias mundiales.

Top ten en el ranking de la Fifa, la escuadra nacional es respetada en todo el orbe y mirada con curiosidad por aquellos que acostumbraban a pasarle por encima.

Los clubes, en cambio, no son capaces de superar a modestísimos rivales del continente.

Ya es hora de encontrarle razón a Jorge Sampali, que mira muy en menos a los que participan en la competencia local y que pone todas sus fichas en los que se desempeñan en el extranjero, incluso cuando no son titulares en sus clubes. Al casildense no lo conmueven los goles de Esteban Paredes o Roberto Gutièrrez, ni se deslumbra por los 6,5 con que son calificados algunos en los partidos del torneo nuestro.

Aunque ha mejorado el ritmo de juego en la competencia local, aún está lejos de los niveles internacionales. Y esa diferencia se acrecentará en la medida en que los torneos chilenos sigan siendo los más cortos del mundo y, por consecuencia, los menos exigentes de la tierra. Así como se está jugando, basta un pequeña racha positiva para ser campeón.

Las autoridades del fútbol hacen leseras como obligar a poner juveniles, en vez de mejorar las competencias de la series menores. Arman torneos con pocos equipos y en una sola rueda, al revés de lo que hacen los países desarrollados futbolísticamente. Mandan a las competencias internacionales a equipos sin méritos, algunos de lo cuales apenas se han salvado del descenso.

Es imperioso: ya llegó el momento de que en Quilín alguien se ponga a pensar.

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