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Mathias Hüne y la inédita exploración de bosques submarinos: “Estamos en carrera contra el tiempo” Medioambiente

Mathias Hüne y la inédita exploración de bosques submarinos: “Estamos en carrera contra el tiempo”

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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El proyecto Megatransecto Patagonia busca estudiar los bosques de huiro, vitales para la biodiversidad y la captura de carbono. En esta entrevista, Mathias Hüne, director del programa marino de Rewilding Chile, comparte cómo esta investigación puede transformar la lucha contra el cambio climático.


En el sur de Chile, uno de los ecosistemas marinos más fascinantes y vitales para el equilibrio ecológico y el cambio climático está bajo estudio. Los bosques de Macrocystis pyrifera, también conocidos como huiros o kelp, son algas gigantes que, a menudo, alcanzan hasta 80 metros de longitud y forman una estructura submarina comparable a un bosque en tierra firme. Estos bosques marinos, reconocidos como uno de los sumideros naturales de carbono más eficientes del planeta, tienen la capacidad de almacenar hasta 20 veces más carbono que los bosques terrestres. Esta función es crucial para mitigar los efectos del cambio climático, pero hasta el momento, poco se sabe sobre su capacidad real de capturar y almacenar carbono en las aguas chilenas.

Para responder a esta pregunta y explorar otros aspectos de su ecología, Rewilding Chile ha lanzado el proyecto Megatransecto Patagonia, una de las investigaciones marinas más ambiciosas jamás realizadas en el país. A través de seis expediciones programadas en un período de dos años, el equipo de científicos recorrerá más de 1.200 kilómetros de fiordos y canales, desde el Golfo de Corcovado hasta el Cabo de Hornos. Este viaje tiene como objetivo no solo estudiar la biodiversidad asociada a estos bosques submarinos, sino también obtener evidencia científica sobre su capacidad para capturar y almacenar carbono, un concepto cada vez más relevante en el contexto del cambio climático, conocido como “carbono azul”.

El Megatransecto Patagonia no solo busca crear un registro sin precedentes de estos bosques submarinos, sino también proporcionar los datos necesarios para impulsar la creación de áreas marinas protegidas en el sur de Chile. Este esfuerzo se inspira en investigaciones pioneras como las de Charles Darwin en el siglo XIX y los trabajos más recientes de Paul Dayton, quien documentó por primera vez estos ecosistemas hace más de 50 años. Además, se basa en el espíritu del legendario Megatransecto Africano de Michael Fay, quien recorrió extensas áreas de África para ayudar a establecer una red de parques nacionales.

A la vanguardia de este esfuerzo se encuentra Mathias Hüne, Director del Programa Marino de Rewilding Chile, quien lidera a un equipo multidisciplinario de científicos, ecólogos y biólogos marinos, junto a partners internacionales como el Ecological Restoration Fund y The Plum Foundation. Juntos, están comprometidos con la revalorización de los ecosistemas marinos y su conservación a largo plazo.

-Desde la ecología de sistemas, ¿cómo contribuyen los bosques de Macrocystis pyrifera a la productividad, conectividad y secuestro de carbono en los fiordos patagónicos?

-La macroalga Macrocystis pyrifera, conocida como huiro o kelp, es la especie predominante de los bosques de macroalgas pardas que habitan en la Patagonia chilena, considerados los más extensos y resilientes del planeta. Son reservorios de biodiversidad al que están asociados más de 300 especies, entre ellos recursos pesqueros como la centolla, centollón y el ostión del sur, además de invertebrados, peces y otras macroalgas, a los que sirven de alimento y refugio en distintas etapas de su ciclo de vida. Se han visto ballenas jorobadas descansando encima de los huiros y a delfines australes, a los que se llama dolphins of the kelp, usándolos como áreas de alimentación.

Respecto a la conectividad, el proyecto Megatransecto Patagonia se enfoca en el estudio a gran escala de este bosque, es decir, de toda la gradiente latitudinal de norte a sur, para caracterizar toda su biodiversidad. Pensamos que opera como un gran corredor, pero tenemos que probarlo desde la ciencia. En cuanto a la captura y almacenamiento de carbono, en otras latitudes se ha estimado que los bosques de macroalgas son capaces de capturar 20 veces más carbono que los bosques terrestres, lo que los posiciona como actores clave en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, en Chile aún no se tiene claridad de cuánto carbono capturan o almacenan estos bosques de huiro y esa es la incógnita que tenemos como objetivo responder en los próximos dos a tres años de nuestro proyecto.

-El Megatransecto recorrerá más de 1.200 kilómetros de fiordos y canales. ¿Qué implica, en términos logísticos y de diseño de muestreo, levantar información comparable a esa escala?

-Estamos caracterizando toda la Patagonia chilena sin repetir los mismos sitios y siempre en verano, es decir, desde enero a comienzos de marzo. Las expediciones, de un total de seis, son un desafío logístico mayor que implica mover equipos y personas, cargando y descargando en los puertos cercanos a los sitios de muestreo, desde donde zarpamos. Ya en el agua, tenemos entre cuatro a seis personas buceando: unos registran la biodiversidad, otros se ocupan de la caracterización del almacenamiento de carbono, nos acompaña un equipo audiovisual especializado, etc. O sea, son cuatro a seis tanques de aire, que es necesario llenar cada vez que se hace un descenso para muestrear, por poner sólo un ejemplo.

Realizar una expedición toma un par de semanas, considerando incluso días de mal tiempo en que tuviéramos que parar. El proyecto Megatransecto Patagonia se realiza en un contexto geográfico único. A lo largo de todo el sistema de canales y fiordos patagónico el panorama es agreste y remoto, con un clima extremo, por lo que requiere de una embarcación de gran autonomía y de una tripulación preparada para esas condiciones.

¿Cómo se integran herramientas como el ADN ambiental y los fotocuadrantes en la construcción de una línea base robusta de biodiversidad y estructura ecológica?

-Para nosotros, la herramienta del fotocuadrante y el censo visual in situ representa el espíritu de este proyecto, similar al que animó a Paul Dayton hace 50 años cuando caracterizó por primera vez a los bosques de macroalgas. ¿Qué puede ser más vivencial que estar bajo el agua anotando en una tablilla los peces que se va viendo? Pero ahora nos apoyamos en la mejor tecnología disponible para cumplir nuestros objetivos. Usamos el fotocuadrante para poder identificar lo que vamos viendo con la mayor resolución, sobre todo a la fauna bentónica e invertebrados, que son muchísimos. Serán más de 7.000 imágenes, un mosaico del fondo marino que después analizaremos con programas computacionales para obtener una capa de información sobre lugares puntuales.

Vamos a usar la técnica del ADN ambiental para registrar la presencia de especies que no son documentadas mediante los fotocuadrantes o el censo visual, como, por ejemplo, las que tienen hábitos nocturnos. Con estas herramientas podremos catastrar de mejor forma la biodiversidad asociada a los bosques de huiro. Aparte del muestreo de biodiversidad, vamos haciendo conteo de las ramas de los huiros (estipes) y las raíces (grampones) para estimar la biomasa y densidad del bosque, que nos permitirá obtener información para estimar la cantidad de carbono que estos bosques asimilan y capturan, lo cual se complementa con otros recursos como Diving-PAM, uso de drones e imágenes satelitales.

-Ya han detectado presiones como especies invasoras y pérdida de cobertura. ¿Qué amenazas aparecen hoy como más críticas para estos sistemas y qué tan reversibles son bajo escenarios de manejo o conservación?

-Efectivamente, cuando armamos el proyecto teníamos detectadas amenazas sobre la biodiversidad como la presencia de especies invasoras como salmones que estarían compitiendo o depredando sobre especies asociadas al bosque, así como potenciales aumentos en la frecuencia de episodios de marea roja. En la primera expedición del proyecto, en enero de 2026, vimos en terreno la expansión de la anémona invasora Metridium senile y nos topamos con la desaparición de un bosque en el archipiélago de las Guaitecas que había sido registrado previamente con imágenes satelitales hace dos años, situaciones que nos pone en una carrera contra el tiempo. Ahora estamos trabajando en los resultados, información que quedará disponible a través del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF) una vez que se haya publicado en revistas científicas.

En término de manejo, la prohibición de extracción por 10 años del huiro impuesta por la administración pesquera en Magallanes es una medida relevante, más aún cuando fue levantada desde la propia pesca artesanal. Pero el avanzar en una figura de conservación robusta y permanente en el tiempo, como nombrarlos monumentos naturales, otorgaría a los bosques de huiro otro estatus y posicionaría a Chile como un referente a nivel global en la conservación de estos ecosistemas.

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