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“Niño Godzilla”: una alarma mediática

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¡Hola! En esta ocasión me permito partir con una información que no está desarrollada en esta edición de Juego Limpio, pero creo indispensable dar una señal de alerta.

  • En el Santuario del Río Cruces se detectó la presencia del virus H5N1 en un cisne de cuello negro. El SAG activó vigilancia sanitaria en la zona y la Conaf implementó protocolos preventivos ante posibles nuevos casos. El llamado es a que se evite todo contacto con las aves, extremando las medidas de resguardo, con la finalidad de contener la propagación del virus.

Hecha la advertencia, les cuento que en esta edición de Juego Limpio recorreremos un entramado que parte con una premisa común: lo que está en juego no es solo el diagnóstico, sino la capacidad de anticipar, interpretar y actuar frente a escenarios cada vez más complejos.

  • Abrimos con una pregunta que ha ganado espacio en la conversación en Chile: ¿estamos frente a un “Niño Godzilla” o ante una sobrerreacción mediática? El primer artículo se adentra en las proyecciones para el invierno 2026 en Chile, contrastando advertencias locales con la cautela de organismos internacionales. Más que una respuesta cerrada, lo que emerge es un escenario de alta incertidumbre.

Luego nos desplazaremos hacia la Antártica, donde la evidencia ya no admite ambigüedades. Un conjunto de estudios llevaron a reclasificar al pingüino emperador y a la foca peletera antártica como en peligro de extinción. No se trata de un hallazgo aislado, sino de una acumulación de datos –imágenes satelitales, colapsos reproductivos, cambios en la cadena alimentaria– que configuran el diagnóstico.

  • El tercer eje introduce una dimensión menos visible: la economía de la energía. A partir de un informe regional, examinaremos cuánto le cuesta a América Latina –y a Chile en particular– sostener su dependencia de los combustibles fósiles. El dato es concreto e inquietante: una parte relevante del PIB se destina a importar energía para transporte, configurando una fuga constante de recursos.

En paralelo, celebramos el reconocimiento a Francisca Aranda como una de las jóvenes líderes científicas del mundo. La distinciónm permite observar cómo la investigación aplicada –en su caso, enfocada en la descontaminación del agua mediante biomateriales– se posiciona como un espacio clave para enfrentar problemas ambientales complejos.

Finalmente, en la sección Futuro en marcha, iniciativas aterrizan estas discusiones en soluciones concretas. Desde el desierto de Atacama, el desarrollo de recubrimientos biodegradables a partir de microorganismos extremófilos busca transformar la industria frutícola, reduciendo su dependencia de químicos. En la Antártica, el uso de inteligencia artificial para monitorear al pingüino barbijo introduce nuevas formas de observar la vida en ecosistemas extremos, combinando tecnología y conservación en tiempo real.

Y en Islas Desventuradas se mapearon nuevas colonias de Manutara, lo que reavivó la esperanza de un eventual retorno de esta ave sagrada a Rapa Nui, su territorio histórico de nidificación.

¡Listo! Hecho el resumen, ahora vamos a lo nuestro. Aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en 4, 3, 2, 1… ¡Arrancamos!

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¿Niño Godzilla o falsa alarma? El invierno 2026 abre un nuevo frente de incertidumbre climática

El invierno de 2026 comienza a instalarse como un punto de inflexión en la conversación climática en Chile. Mientras desde la meteorología local se advierte sobre un evento de El Niño potencialmente “ultrapotente”, con alegorías alarmistas como “El Niño Godzilla”, los organismos internacionales hablan con más cautela: reconocen una alta probabilidad de que el fenómeno se active entre mayo y julio, pero aún sin certezas sobre su intensidad final.

En ese cruce entre alarma y evidencia, lo que se proyecta no es solo un invierno más lluvioso, sino un escenario de alta incertidumbre.

Desde la prensa nacional, el meteorólogo Jaime Leyton ha planteado que el calentamiento del Pacífico podría superar el umbral de un grado de anomalía térmica, lo que históricamente se ha traducido en precipitaciones más intensas en la zona central. Bajo esa lectura, Santiago podría registrar hasta un 60% más de lluvia en el trimestre junio-agosto. Sin embargo, esa cifra –que ha circulado ampliamente– no forma parte de un pronóstico oficial cerrado, sino de una proyección basada en analogías con eventos anteriores.

¿Qué dicen los organismos de monitoreo en abril de 2026? NOAA/CPC informó el 9 de abril que las condiciones actuales aún son ENSO-neutral, pero que El Niño probablemente emerja entre mayo-julio y junio-agosto de 2026, con probabilidades de 61% a 62%, y que persista al menos hasta fines de año. La OMM, por su parte, indicó que existe una señal muy consistente de calentamiento y que varios modelos sugieren un El Niño fuerte ya desde junio/julio, aunque advierte sobre la incertidumbre típica de esta época del año.

Pero la advertencia es clara: en esta época del año, conocida por su “barrera de predictibilidad”, las proyecciones aún tienen márgenes amplios de error.

Tal cual. La ciencia climática, por su parte, introduce un matiz clave. Aunque la relación entre El Niño y mayores precipitaciones en Chile central está bien documentada, investigaciones recientes muestran que ese vínculo ya no es tan lineal como antes. Factores como el cambio climático, la persistente megasequía y la variabilidad oceánica de largo plazo han modificado el comportamiento de las lluvias. En otras palabras, un Niño fuerte hoy no garantiza, por sí solo, un invierno extraordinario.

En síntesis: hay señales serias de que 2026 puede evolucionar hacia El Niño y aumentar el riesgo de un invierno más lluvioso en la zona central de Chile, pero todavía no existe base oficial para afirmar con certeza que será un “Niño Godzilla” ni que Santiago recibirá exactamente 250 mm entre junio y agosto. Lo más sólido hoy es hablar de probabilidad alta de transición a El Niño, con opción de que sea moderado a fuerte, y con impactos plausibles sobre las lluvias de invierno en Chile central.

El punto crítico no es solo cuánto va a llover, sino cómo se enfrenta esa posibilidad. Tras años de déficit hídrico, un aumento abrupto de precipitaciones puede traducirse en riesgos, especialmente en zonas vulnerables o afectadas por incendios recientes.

Por ejemplo, las laderas afectadas por los incendios de enero de 2026 se han convertido en zonas de alto riesgo ante la posible llegada de El Niño, advierte el geólogo Cristian Vera, investigador de la Universidad Andrés Bello, quien señala que lluvias intensas podrían gatillar deslizamientos en suelos debilitados y sin cohesión.

Sectores como Florida, Penco y Tomé aparecen especialmente expuestos, en un contexto donde la pérdida de vegetación y la urbanización en pendientes agravan la vulnerabilidad. Aunque el fenómeno no provoca directamente remociones en masa, sí actúa como detonante al saturar el terreno, por lo que autoridades y universidades ya trabajan en monitoreo y medidas preventivas urgentes para evitar nuevas emergencias.

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No fue un solo estudio: la evidencia científica que puso al pingüino emperador en peligro de extinción

La alarma no nació de un hallazgo aislado, sino de una cadena de estudios, imágenes satelitales y datos demográficos que hoy convergen en una misma conclusión: el cambio climático está alterando el hielo, el alimento y la reproducción de dos especies emblemáticas de la Antártica.

La noticia se conoció el 9 de abril de 2026: la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) reclasificó al pingüino emperador y a la foca peletera antártica en la categoría En Peligro de su Lista Roja.

¿Por qué importa tanto? El pingüino emperador funciona como una especie centinela del estado del hielo; la foca peletera, como un termómetro del equilibrio entre océano, krill y depredadores. Por eso la reclasificación de 2026 importa tanto: porque traduce en una señal política y pública lo que los satélites, los conteos de campo y los modelos ecológicos vienen diciendo hace años. La amenaza ya no es hipotética. Tiene fechas, cifras y mecanismos bien descritos.

Y no se trata de una etiqueta simbólica. En el lenguaje de la conservación, significa que ambas especies enfrentan un riesgo muy alto de extinción en estado silvestre. Pero detrás de ese anuncio no hay un paper único y definitivo, sino algo más inquietante: una acumulación de evidencia que, vista en conjunto, ya no deja mucho espacio para la duda.

Veamos. En el caso del pingüino emperador, la señal más clara proviene del hielo marino. Esta especie depende del hielo fijo adherido a la costa para reproducirse, incubar y criar a sus polluelos.

  • Cuando ese hielo se rompe antes de tiempo, los polluelos caen al mar antes de desarrollar plumas impermeables y mueren. En su nueva evaluación, BirdLife International –la autoridad de la Lista Roja para aves– advirtió que los cambios en la persistencia del hielo podrían reducir la población global a la mitad hacia la década de 2080. Además, imágenes satelitales ya habían detectado una caída cercana al 10% entre 2009 y 2018, equivalente a más de 20 mil adultos.

Lo más grave es que esa amenaza ya dejó de ser una proyección remota. En 2023, investigadores del British Antarctic Survey reportaron un fracaso reproductivo catastrófico en el mar de Bellingshausen: en cuatro de cinco colonias analizadas no sobrevivió ningún polluelo tras la pérdida total del hielo marino en 2022. Un año después, el mismo equipo informó que 14 de 66 colonias sufrieron fallas reproductivas durante 2023, lo que equivale a una quinta parte de todas las colonias conocidas.

La situación de la foca peletera antártica sigue una lógica distinta, pero igual de preocupante. Aquí el problema no aparece primero en el hielo bajo sus cuerpos, sino en la trama alimentaria que sostiene su vida.

La UICN informó que su población de individuos maduros cayó de 2.187.000 en 1999 a 944.000 en 2025, una reducción superior al 50%. La explicación científica apunta al calentamiento del océano y a la disminución del hielo marino, procesos que empujan al krill –su presa clave– hacia aguas más profundas y frías, fuera del alcance habitual de estos animales. Cuando el alimento se vuelve escaso, cae la supervivencia de las crías y envejece la población reproductiva.

En síntesis: la lectura científica es que no hubo un único estudio que “reveló” que ambas especies están en peligro, sino que fue una decisión sustentada en un paquete de evidencia. Lo que se está rompiendo en la Antártica no es solo el hábitat de un pingüino o la cadena alimentaria de una foca, sino un sistema ecológico extremadamente sensible al calentamiento global.

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Chile y el costo oculto del petróleo: la dependencia que persiste

El informe Mapas del costo de los combustibles fósiles en América Latina y el Caribe construye una radiografía precisa –y poco discutida– sobre cuánto le cuesta a la región sostener su sistema de transporte basado en gasolina y diésel. A partir de datos comparados entre países, el estudio muestra que América Latina destina, en promedio, cerca del 3% de su PIB a importar estos combustibles, con fuertes diferencias internas según infraestructura, políticas públicas y matriz energética. Más que un diagnóstico técnico, el documento propone una lectura económica: la dependencia fósil no solo contamina, también drena recursos estratégicos.

En ese mapa, Chile aparece sin estridencias, pero con señales claras. Según el informe –visible en la página 5–, el país destina alrededor de un 2,3% de su PIB a la importación de gasolina y diésel para transporte terrestre. No es un caso crítico dentro de la región, pero tampoco marginal: se ubica en una zona intermedia que evidencia una dependencia sostenida de los mercados internacionales, sin capacidad propia de amortiguación frente a shocks externos.

Esa posición intermedia adquiere mayor densidad al considerar la estructura energética chilena. A diferencia de economías con producción de crudo, Chile no enfrenta el problema de exportar petróleo e importar combustibles refinados, pero sí depende casi completamente de la compra externa para sostener su movilidad.

En ese sentido, el informe permite leer al país como un caso paradigmático de vulnerabilidad indirecta: no por escasez interna, sino por exposición total a precios globales.

  • Cada punto del PIB destinado a combustibles fósiles representa una transferencia constante de recursos que limita la inversión en otras áreas estratégicas. En el caso chileno, esa presión se traduce en costos de transporte elevados y en una economía particularmente sensible a la volatilidad energética, un factor que tiende a amplificar tensiones inflacionarias y desigualdades territoriales.

Sin embargo, el mismo informe abre una posibilidad concreta de cambio. En el caso de Chile, recorrer 100 kilómetros en un vehículo a combustión puede costar cerca de cuatro veces más que hacerlo en uno eléctrico, según los datos comparativos del mapa de la página 10. La diferencia no es menor: introduce una lógica económica que favorece la electrificación más allá de los argumentos ambientales.

La conclusión que se desprende es menos evidente, pero más urgente. Chile no está en crisis energética en los términos más agudos del informe, pero sí inserto en una estructura que reproduce dependencia y fuga de recursos.

La transición hacia la electromovilidad –apoyada en una matriz eléctrica regional con alta presencia de energías renovables– aparece como una oportunidad concreta, aunque insuficiente por sí sola. El desafío, como sugiere el estudio, no es solo cambiar de tecnología, sino transformar el sistema de movilidad en su conjunto para evitar que la nueva energía replique las viejas desigualdades.

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Francisca Aranda entra en la élite científica mundial con los biomateriales

El reconocimiento llegó desde uno de los centros más influyentes de la química mundial. La científica chilena Francisca Aranda, formada en Química Ambiental en la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), fue seleccionada entre los 100 jóvenes líderes científicos del mundo por el programa CAS Future Leaders de la American Chemical Society. No se trata solo de una distinción académica: es una señal de proyección global en un momento donde la ciencia aplicada al medioambiente se vuelve urgente.

Su trayectoria, sin embargo, no se explica únicamente por el premio. Aranda ha construido un camino coherente entre formación, investigación y propósito. Tras egresar de la UCSC, continuó su especialización en el Doctorado en Ciencia e Ingeniería de Materiales de la Universidad de Concepción, donde desarrolla líneas de investigación orientadas a enfrentar uno de los problemas más complejos del presente: la contaminación del agua.

En ese campo, su trabajo se centra en el desarrollo de biomateriales avanzados, capaces de capturar contaminantes como antibióticos y colorantes presentes en sistemas hídricos. Se trata de soluciones que combinan química, ingeniería y sostenibilidad, con un foco claro en la aplicabilidad. No es investigación abstracta: es ciencia pensada para intervenir en el mundo real.

Uno de los elementos distintivos de su trabajo es el uso de residuos naturales –como la corteza de pino– para crear materiales funcionales, lo que introduce una dimensión circular en su propuesta científica. En un contexto marcado por la crisis climática, su enfoque dialoga con una pregunta clave: cómo transformar desechos en herramientas de mitigación ambiental sin aumentar la huella ecológica.

El programa CAS Future Leaders, que reúne a doctorandos del más alto nivel a escala global, no solo reconoce la excelencia académica, sino también la capacidad de liderazgo y el potencial de impacto. En ese sentido, la selección de Aranda la inserta en una red internacional de investigación avanzada, donde la colaboración y la transferencia de conocimiento son tan relevantes como la producción científica.

Más allá del logro individual, su reconocimiento instala una imagen más amplia: la de una nueva generación de científicas chilenas que trabajan desde los márgenes tradicionales del conocimiento para incidir en problemas estructurales. En el caso de Aranda, su trabajo no solo mira el laboratorio, sino también el territorio. Y en ese cruce –entre ciencia, medioambiente y futuro– es donde su carrera comienza a tomar forma pública.

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Futuro en marcha

Microorganismos en Atacama al rescate de la fruta chilena

Un equipo del CeBiB de la Universidad de Chile está desarrollando un recubrimiento natural y biodegradable para proteger fruta de exportación usando moléculas bioactivas obtenidas de microorganismos extremófilos del desierto de Atacama. La apuesta busca frenar hongos postcosecha, como BotrytisPenicillium y Colletotrichum, sin depender tanto de fungicidas sintéticos, un punto clave para una industria donde la fruta puede pasar hasta 50 días en tránsito.

Los avances ya muestran resultados alentadores: de doce cepas analizadas, tres concentraron la actividad antifúngica más relevante, con potencial para integrarse en los procesos actuales de envasado de la industria frutícola chilena.

IA para seguir la vida del pingüino barbijo en la Antártica

El Instituto Antártico Chileno (INACH) está adaptando herramientas de inteligencia artificial (IA) para monitorear el ciclo de vida del pingüino barbijo en la península Antártica, en un proyecto liderado por la bióloga marina Magdalena Márquez Díaz. A partir de cámaras trampa instaladas bajo estándares de la CCRVMA y un sistema de visión artificial basado en redes neuronales, el equipo puede procesar en pocas horas imágenes que antes exigían una revisión mucho más lenta, distinguiendo entre adultos y polluelos para identificar patrones de llegada, permanencia y partida en las colonias.

La iniciativa, desarrollada desde Punta Arenas, consolida una estrategia de monitoreo de vanguardia para observar con mayor precisión las fluctuaciones poblacionales de esta especie en un ecosistema particularmente sensible.

El Manutara vuelve a abrir una posibilidad

El hallazgo y mapeo de nuevas colonias de Manutara en la isla San Ambrosio, en las Islas Desventuradas, reavivó la esperanza de un eventual retorno de esta ave sagrada para Rapa Nui a su territorio histórico de nidificación.

Aunque ese regreso aún no está asegurado, el descubrimiento confirma la presencia de poblaciones relevantes en Chile insular y refuerza la idea de que, con restauración ecológica y control de especies invasoras, todavía es posible pensar en la recuperación de un vínculo biológico y cultural que parecía perdido.


Presentado por:


Antes de despedirme les cuento que este jueves se dará a conocer un informe clave sobre la violencia contra personas defensoras ambientales en Chile. Sin adelantar mayores detalles, los datos son preocupantes: aumentan las agresiones físicas y también la difamación.

Ahora sí, muchas gracias por llegar hasta el final de Juego Limpio. No olviden compartir este boletín para sumar más inscritos y así hacer crecer nuestra comunidad comprometida a JUGAR LIMPIO. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirme a juegolimpio@elmostrador.cl.

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