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Opinión

Reforma de pensiones: No + huevos en la misma canasta

por 6 octubre, 2017

Reforma de pensiones: No + huevos en la misma canasta
Si uno mira el problema de pensiones en el largo plazo, podrá advertir que el real desafío de Chile no es determinar si debe seguirse un modelo de reparto o de capitalización individual, ambos pueden (y deben) complementarse. El real desafío que enfrenta Chile es el de generar un sistema multipilar como base universal para la generación de las pensiones de todos los chilenos, a fin de gestionar de mejor manera el riesgo de la vejez.
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No poner todos los huevos en una misma canasta es probablemente uno de los consejos financieros más difundidos.

La idea es diversificar el riesgo. Si se cae una canasta se rompe solamente un huevo y no toda la docena.

Este mismo consejo es especialmente aplicable al diseño de un sistema de pensiones.

Si todos los huevos de la pensión están en la misma canasta, una caída puede degenerar en una vejez desprotegida y en una fuerte carga fiscal imprevista, porque en caso de bajas pensiones el Estado deberá salir al rescate (salvo que queramos dejar a los jubilados viviendo en la pobreza).

Muchas veces se escucha hablar en Chile de un sistema multipilar. Se discute si el sistema chileno ha sido multipilar desde su origen o solamente desde las reformas del año 2008.

La verdad es que si uno analiza la filosofía del sistema de AFP, la idea central es concentrar el riesgo de la pensión en el ahorro individual. Por algo se le denomina “Sistema de Capitalización Individual”.

La existencia de elementos como la Pensión Básica Solidaria (PBS) y el Aporte Previsional Solidario (APS), por ejemplo, constituyen paliativos mínimos al modelo central. En estricto rigor, cuesta llamarlos “pilares”. Por definición un pilar tiene capacidad de sostener una estructura y ni el PBS ni el APS la tienen. A lo más podríamos llamarlos “soportes”, pero pilar les queda grande.

Si lo pensamos, la PBS está limitada a un monto bajísimo ($104.646) y cubre únicamente a quienes no han aportado y no reciben pensión alguna (o sea, no participan de otro pilar), el APS se restringe a aquellos que habiendo aportado no alcanzan una pensión mínima.

En ambos casos hay que demostrar el cumplimiento de requisitos (fundamentalmente demostrar un nivel de pobreza en el sentido de ausencia o insuficiencia de recursos) y el no cumplimiento de alguno de ellos deriva en la pérdida del beneficio.

Lo anterior demuestra que el único real beneficio universal no sujeto a requisitos que tienen los afiliados al sistema de pensiones chileno, es la pensión que se puede lograr a través del ahorro individual (capitalización individual).

Es indesmentible entonces que el sistema de pensiones chileno apunta a concentrar casi exclusivamente el riesgo de vejez en la capitalización individual y ofrece muy poca diversificación de los riesgos asociados a este pilar.

El diseño mismo del modelo de pensiones chileno busca que los huevos sean puestos en una sola canasta.

Riesgos del Sistema de Capitalización Individual

El sistema de capitalización individual se caracteriza por ser un sistema de contribución definida. Vale decir, sabemos cuánto debemos aportar al sistema (tasa de cotización obligatoria) durante la vida activa, pero no lo que vamos a obtener una vez que nos jubilemos.

La pensión final estará dada por el ahorro que cada uno haya realizado más la rentabilidad de esos ahorros hasta el momento del retiro.

No hay promesas de pensión ni de rentabilidad.

Lo anterior se traduce en tres riesgos importantes:

1. Riesgo de pérdida de empleo o ingresos: Quienes no tienen trabajo o ingresos no contribuyen, se generan lagunas y menores pensiones (algo que el proyecto de reforma al sistema de pensiones intenta abordar). Asociado a este riesgo está el riesgo de informalidad (cotizar por menos o trabajar sin contrato para no cotizar).

2. Riesgo de Rentabilidad: Si el retorno de las inversiones a las que se destinan los fondos previsionales es insuficiente, también lo será la pensión.

3. Riesgo de Longevidad: A mayor expectativa de vida, menor será la pensión o, eventualmente, se podría producir un agotamiento de los recursos antes del fin de la vida. En un sistema de capitalización individual la única forma de reducir este riesgo es aportando más y cruzando los dedos para que la rentabilidad de los ahorros logre financiar lo que queda de vida.

La consecuencia de un sistema que concentra el riesgo en el pilar de capitalización individual es que funciona muy bien para quienes pueden esperar gran estabilidad laboral junto a altos ingresos, suficientes para cotizar por el monto obligatorio, cubrir todas sus necesidades mensuales, tener ahorros para fines generales y, además, aportar a sus cuentas de ahorro previsional voluntario. Un club reservado para unos pocos. Para los que tienen buenas uñas para rascarse.

Para quienes no cuenten con ingresos altos y estabilidad laboral, la experiencia empírica chilena demuestra que el sistema es un desastre. Este grupo (mayoritario) no tiene uñas para rascarse.

Como consecuencia de lo anterior, no sacamos mucho reformando el sistema para seguir incrementando el pilar de capitalización individual.

Es hora de ponerle más patas a la mesa, de traer más canastas para repartir los huevos.

Una reforma de largo plazo debería tender a esparcir el riesgo entre pilares que no presenten el mismo riesgo y que tengan inspiraciones distintas.

El sistema canadiense sirve para graficar lo que vengo diciendo.

En Canadá el sistema está diseñado para que de forma universal la pensión se construya a partir de distintas fuentes o pilares.

1. Un pilar no contributivo financiado con rentas generales y que asegura a todos, sin necesidad de demostrar ser pobre, por el simple hecho de residir 10 años o más en Canadá, una pensión básica que se complementa dentro del mismo pilar no contributivo de forma tal que exista un ingreso similar al ingreso mínimo mensual. Este pilar está diseñado para otorgar el beneficio de forma universal, pero reduciéndolo en función del ingreso de cada pensionado a objeto de no hacerlo regresivo. Se diseñó de esta manera porque se estimó hace más de 50 años que obligar a demostrar la condición de pobre era estigmatizante, a lo que se puede agregar que al hacerlo universal se genera un mayor sentido de pertenencia al sistema mismo en el general de la población.

2. Pilar contributivo obligatorio solidario: este pilar se financia a partir de la contribución de todos los trabajadores canadienses y entrega una pensión relacionada con la contribución al sistema. Aquellos que han aportado por 40 años, tienen asegurada una pensión vitalicia equivalente al 33% del promedio de sus remuneraciones durante su vida activa con un tope. Una sola contribución es suficiente para obtener algún nivel de beneficios. Es cierto que este pilar es contingente a la estabilidad laboral, pero reduce fuertemente los riesgos de longevidad y rentabilidad (la rentabilidad sigue siendo un factor para el sistema toda vez que la tasa de contribución considera una rentabilidad mínima, pero su incidencia es mucho menor que en el de capitalización individual). Este pilar es un sistema de reparto, pero de reparto semifinanciado que permite mantener el sistema sin déficits en el largo plazo, no obstante el envejecimiento de la población canadiense.

3. Pilar Voluntario: En Canadá este pilar adopta distintas formas tales como, planes de retiro laborales que pueden adoptar formas de beneficios o contribuciones definidas o sistemas de ahorro previsional individual voluntario con beneficios tributarios (postergación de tributación personal).

4. Los pilares anteriores se complementan con apoyos sociales como un sistema de salud universal gratuito y otros programas que de manera directa o indirecta apoyan, ya sea la generación de pensiones o la vida durante la vejez.

Como se ve, la pensión final que se obtiene en Canadá se logra a partir de diversas fuentes, cada una de ellas con riesgos, formas de gestión y beneficios distintos.

Los huevos se reparten realmente en varias canastas, independientemente si al final de la vida activa, para hacer la tortilla de la jubilación, se sacan más huevos de uno o de otro pilar. Eso va a depender de la situación que se tiene al momento de retirarse.

En Chile, la idea de diversificar el riesgo no se ve o los esfuerzos por hacerlo son mínimos.

Por una parte, la reforma de pensiones que impulsa el gobierno trata de generar más capitalización individual cambiando solamente el administrador de esos fondos (para que no vaya un peso más a las AFP) e incorporando una especie de pilar solidario, pero sin un objetivo de universalidad, sino que con finalidades de complementar con los recursos de algunos las pensiones de otros, lo que implica que varios aportarán sin obtener nada a cambio. Una mala idea (aunque para las cuentas fiscales sea más cómoda).

Del otro lado está la postura que empuja por incrementar la contribución hacia las cuentas individuales, lo que equivale a seguir poniendo más huevos en una canasta que ya está bien llena.

Si uno mira el problema de pensiones en el largo plazo, podrá advertir que el real desafío de Chile no es determinar si debe seguirse un modelo de reparto o de capitalización individual, ambos pueden (y deben) complementarse. El real desafío que enfrenta Chile es el de generar un sistema multipilar como base universal para la generación de las pensiones de todos los chilenos, a fin de gestionar de mejor manera el riesgo de la vejez.

Para transitar hacia un sistema de pensiones capaz de responder a la realidad chilena, más que un eslogan NO+AFP, el primer grito debería ser ¡NO+HUEVOS EN LA MISMA CANASTA!

Rodrigo Córdova
Abogado

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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