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La industrialización sacará a África de la pobreza

por 25 abril, 2019

La industrialización sacará a África de la pobreza
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La industrialización africana es de lo más importante que está sucediendo en el mundo actualmente. Este amplio continente, que alberga a más de 1.200 millones de personas, es el hogar de una porción de la población mundial que aún está atrapada en la pobreza extrema.

Para 2030, el Banco Mundial pronostica que casi todas las personas en pobreza extrema vivirán en el África subsahariana. La razón es doble.

En primer lugar, la población de África está creciendo rápidamente.

En segundo lugar, África se ha rezagado en la industrialización necesaria para generar empleo masivo. La falta de gobiernos sólidos y estables –un legado del colonialismo– ha dificultado la operación de los sistemas de educación, infraestructura, jurídicos y demás sistemas públicos que ayudan a preparar a los países para el salto que existe entre la agricultura de supervivencia y el trabajo industrial. Las agencias bienintencionadas de Occidente y las entidades de desarrollo internacional no pudieron llenar esta brecha. Entretanto, países del Extremo Oriente y del sureste asiático se convirtieron en las fábricas del mundo antes de África.

No obstante, llegar tarde no significa no llegar. Los crecientes costos de la mano de obra en China y la amenaza de los aranceles de Estados Unidos finalmente han obligado a los fabricantes a diversificar sus cadenas de suministro. Algunas de sus fábricas serán trasladadas a Vietnam y Bangladesh, dos estrellas en alza del mundo en desarrollo. Sin embargo, estos países no son lo suficientemente grandes como para remplazar a China, lo que significa que si los fabricantes realmente quieren mantener costos bajos, muchos deberán mirar hacia África.

Para prevenir este futuro sombrío y dar esperanza y seguridad a las personas más necesitadas del mundo, EE.UU. y otros países ricos necesitan alentar las importaciones de productos hechos en África. La Ley sobre Crecimiento y Oportunidades para África, aprobada en 2000, fue un buen comienzo, pero se puede hacer más. El acceso al mercado garantiza una demanda estable, lo que permite un incentivo para que los chinos y otros empresarios inviertan y construyan a largo plazo.

Este proceso ya está bien avanzado. En su libro The Next Factory of the World: How Chinese Investment Is Reshaping Africa (La próxima fábrica del mundo: cómo la inversión china está reformando a África), Irene Yuan Sun –investigadora de McKinsey & Co.– describe la ola de inversión china que se evidencia en el continente africano. A menudo, esta inversión es omitida por la prensa internacional, la cual tiende a enfocarse en los proyectos y los préstamos respaldados por el gobierno de China. No obstante, lo que Sun describe es algo distinto: empresarios chinos que se mudan a África y construyen fábricas de propiedad privada.

En 2017, el equipo de investigación de Sun estimó que existen cerca de 10 mil de estas fábricas en el continente. Seguramente esta cifra es aún más alta hoy en día. Nigeria, Zambia, Tanzania y Etiopía cuentan con las concentraciones más amplias, pero muchos otros países entran en la lista. Si bien China aún presenta menos capital total invertido en África que en otras regiones, está ganando terreno rápidamente.

Esta inversión extranjera directa –y la manufactura de manera más general– es una de las razones por las que África está en pleno impulso.

La imagen que pinta Sun sobre el capitalismo chino en África no siempre es bonita. Cita anécdotas de corrupción, contaminación, exceso de trabajo, lesiones y el desdén de los gerentes por los trabajadores locales, fenómenos que parecen universales para todos los países en las primeras etapas de la manufactura. Pero Sun argumenta con ímpetu que este desagradable y costoso proceso sigue siendo la única manera en que los países pueden escapar de la pobreza.

Los programas de liberalización y desregulación que ofrecieron los países occidentales en la década de 1990 bajo el nombre del Consenso de Washington no lograron los resultados deseados. La ayuda al desarrollo por parte de los países ricos ha hecho algo realmente bueno (y ocasionalmente algo malo) en África, pero no ha sido suficiente para cambiar las condiciones económicas básicas del continente. Y con algunas pequeñas excepciones como Botswana, los recursos naturales generalmente han sido más una maldición que una bendición. Lo único que, de manera confiable, parece transformar a los países pobres en países ricos sería el llamado paradigma de los gansos voladores –la idea de que la manufactura se mueve en oleadas, buscando la próxima base de producción económica y políticamente estable–.

Ahora los gansos finalmente están volando hacia África. No se trata del neocolonialismo que algunos temen; de hecho, Sun evidencia que las fábricas chinas emplean de manera abrumadora a trabajadores locales africanos en lugar de trabajadores chinos importados. Tampoco hay ninguna señal de que la automatización haya hecho obsoleta la fabricación intensiva por mano de obra. En otras palabras, todo indica que el proceso que sacó a Europa y Asia de la pobreza está comenzando a funcionar en África.

La pregunta para EE.UU. y otros países desarrollados es cómo pueden ayudar a que la industrialización africana continúe. Un África industrializada es muy conveniente para Estados Unidos. En primer lugar, debido a los crecientes costos chinos, las fábricas africanas son necesarias para evitar que los precios de la ropa, los productos electrónicos y otros productos suban demasiado. Y si bien algunos pueden afirmar que la competencia africana está aceptando empleos de fabricantes estadounidenses, la verdad es que, si la fabricación se realizara en EE.UU., la mayoría sería automatizada.

Aún más importante, el desarrollo africano es la clave para un mundo estable. Un África subdesarrollada, con una explosión de población empobrecida, sería presa de desastres y guerras. Esto generaría tensiones globales, ya que EE.UU., Rusia y otros países poderosos compiten por la influencia sobre las regiones devastadas por la guerra, como ha ocurrido en Siria. También crearía oleadas de refugiados, llamando a las puertas de los países ricos, como lo ha hecho Siria, pero a una escala mucho mayor.

Para prevenir este futuro sombrío y dar esperanza y seguridad a las personas más necesitadas del mundo, EE.UU. y otros países ricos necesitan alentar las importaciones de productos hechos en África. La Ley sobre Crecimiento y Oportunidades para África, aprobada en 2000, fue un buen comienzo, pero se puede hacer más. El acceso al mercado garantiza una demanda estable, lo que permite un incentivo para que los chinos y otros empresarios inviertan y construyan a largo plazo.

La industrialización africana completará la gran transformación que inició hace más de dos siglos en Gran Bretaña: el movimiento masivo de la humanidad, pasando de la indigencia a la seguridad material. Esta es la última frontera de la reducción de la pobreza.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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