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¿Una Desaceleración Autoinfligida?

por 2 julio, 2014

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Si buscamos las razones detrás de la pérdida de dinamismo de nuestra economía podríamos reseñar al menos cuatro factores preponderantes. Primero, tal cual lo señalamos en el segundo semestre del año pasado, es evidente que el “ciclo de oro” de inversión en la minería comienza a quedar atrás, lo que significa un impacto significativo sobre el ritmo de crecimiento por la suma del efecto directo de la menor inversión sectorial, más el efecto indirecto sobre todas aquellas actividades que se benefician del ciclo minero, como construcción, transporte, comercio o servicios de ingeniería, por nombrar las más relevantes.

Recordemos que hace algún tiempo el Banco Central estimó que el aporte al crecimiento global de la inversión minera en los últimos años alcanzaba a 1,5 puntos del PIB, es decir, una cifra muy significativa. ¿Qué llevó a su fin a este favorable ciclo de inversión? Un mayor costo en la mano de obra, escasez de agua, encarecimiento proyectado en el costo de la energía y problemas de aprobación medio ambiental, son todos elementos claves. Si agregamos perspectivas menos favorables y más inciertas respecto a la trayectoria futura del precio del cobre, en un mercado mundial que ya habría puesto al día la capacidad de producción para abastecer el flujo de demanda, tenemos un conjunto de razones que permiten entender el freno en la inversión sectorial.

Un segundo elemento detrás de la desaceleración es el componente cíclico normal, propio de cualquier economía que luego de un período de alto crecimiento registra una desaceleración. Esto se hace evidente en componentes como la inversión en general o el consumo de bienes durables, que normalmente muestran ciclos más marcados que el resto de los componentes de la demanda. Recordemos que hasta mediados del año pasado las importaciones de bienes de capital mantenían un ritmo de crecimiento extraordinario, lo que no era sostenible, algo similar a lo observado en las ventas de automóviles hasta comienzos de este año.

Tercero, el grueso de las economías emergentes a nivel mundial registra una importante desaceleración, como consecuencia principalmente de la normalización gradual en los mercados financieros y las mejores perspectivas para las economías desarrolladas. Así, luego de un período extraordinario de flujos de inversión hacia las economías emergentes, que buscaban retornos interesantes para una enorme abundancia de crédito barato proveniente de las economías desarrolladas, los capitales comenzaron a retornar hacia sus países de origen, donde reaparecían oportunidades interesantes. Así, disminuyeron los flujos de inversión directa, lo que tiene un impacto negativo sobre la actividad, y los financieros, provocando una importante depreciación de las monedas emergentes en general y ajustes a la baja en sus mercados de valores.

El cuarto elemento es el que más preocupa, toda vez que es de autoría propia. Como lo comentamos en este informe en ediciones anteriores, el proyecto de reforma tributaria ha generado mucha incertidumbre en los agentes económicos, porque es una megarreforma, por la cantidad de cambios que propone y el monto objetivo de recaudación, porque el proyecto muestra problemas de diseño, que provocarían un daño mayor al mínimo necesario sobre el ahorro y la inversión, y, principalmente, por la actitud intransigente y dogmática mostrada por la autoridad, que generó un clima enrarecido y polarizó las posiciones.

En las últimas semanas el clima se ha distendido algo. El ministro de Hacienda muestra una mejor disposición para discutir temas importantes del proyecto y eventualmente realizar correcciones. La Comisión de Hacienda del Senado está “haciendo la pega”, a diferencia de lo observado en la Cámara, y se dará el tiempo necesario para recoger opiniones diversas y plantear reparos en una serie de temas relevantes. Es de esperar que el paso por el Senado signifique introducir cambios que mejoren el fondo del proyecto y no sólo algunas indicaciones que satisfacen intereses de algunos grupos de presión.

(Esta columna apareció originalmente en el informe mensual de junio de la consultora Gemines).

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