Óscar Landerretche: “El objetivo de la política económica es que sobreviva la democracia liberal”
En este nuevo capítulo de Diálogos de El Mostrador, el decano de la FEN dice que la IA obliga a reescribir el contrato entre capital y trabajo, y afirma tener “una esperanza perversa: en la medida en que la inteligencia artificial afecta a las élites, las obliga a enfrentar el problema”.
La alerta de Óscar Landerretche es que esta revolución tecnológica puede tener ganadores, pero la transición será el problema.
- “Al final la revolución tecnológica termina creando más valor y más empleo. Al final. Pero entre el principio y el final pueden pasar 40 años”, dice el decano de la FEN de la Universidad de Chile y expresidente de Codelco.
Y esta vez la amenaza subió de piso. La automatización ya no golpea solo a trabajadores menos calificados:
- “Ahora están bajo amenaza el médico, el abogado, el contador”. Landerretche reconoce incluso una “esperanza perversa”: que al afectar a las élites, la IA las obligue finalmente a enfrentar el problema.
El punto de fondo es que trabajar es mucho más que recibir un sueldo. “El trabajo no es solamente para ganarse la plata; es un sentido de pertenencia, de cuál es tu rol en el mundo. ¿Para qué sirves?”.
Por eso descarta que la solución sea simplemente compensar a quienes pierdan sus empleos: no se trata, ironiza, de darle plata a la gente “para que sea un hámster en su jaula, viendo TikTok todo el día y pidiendo delivery”.
¿Y Chile? El modelo que funcionó puede no servir para lo que viene. Landerretche reconoce el salto que permitió la estrategia basada en recursos naturales, pero advierte que “lo que sirvió en ese momento histórico puede no ser lo único que sirve para el siguiente”.
Eso obliga a meterse con una vaca sagrada: el mercado laboral.
- “Tenemos que enfrentar la reforma laboral de verdad y sincerar que ya no vivimos en el mundo de las economías industriales. Estamos en otra economía, en otro mundo: necesitamos un nuevo Código Laboral”.
También significa recuperar al Estado, pero no para reemplazar al mercado. Y su crítica apunta en ambas direcciones: una izquierda que desconfía de la empresa privada y una derecha reacia a que el Estado adopte decisiones estratégicas.
Y ahí aparece el corazón político de la entrevista. “En esto soy keynesiano hasta el tuétano. El objetivo de nuestra política económica es que sobreviva la democracia liberal”, afirma. Su modelo incluye un Estado socialdemócrata “que tenga mínimos de protección social y niveles de equidad”.
La advertencia final es bastante menos optimista: ninguna revolución tecnológica garantiza un final feliz. “Algunos países terminaron siendo potencias industriales y otros terminaron en el fascismo. Estas cosas pueden ir en una y en otra dirección”.
Para Landerretche, el desafío no es frenar la IA, sino administrar una transición que, mal manejada, puede terminar poniendo en jaque mucho más que los empleos.
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