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Los entretelones del premio Salvador Allende a Joan Manuel Serrat CULTURA Crédito: Gentileza Festival Ibero Latino-americano

Los entretelones del premio Salvador Allende a Joan Manuel Serrat

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Patricia Loreto Mayorga Marcos
Por : Patricia Loreto Mayorga Marcos Periodista y escritora chilena, licenciada en Periodismo por la Universidad de Chile (Santiago de Chile), residente en Italia desde 1975.
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Lo recibió el pasado 11 de septiembre en Italia. En su discurso de agradecimiento abordó temas como la migración, la democracia, la guerra y el cambio climático, que calificó que “catástrofe tremenda”.


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La sala Igea del Monumental Palazzo Mattei da Paganica, un edificio renacentista de gran tradición histórica en el corazón de Roma, fue el escenario de la entrega del “Premio Salvador Allende” al destacado cantautor Joan Manuel Serrat, otorgado por el  Festival de Cine Ibero-Latino Americano.

El evento, en sus 41 años de existencia, ha otorgado este galardón a numerosas personalidades de la cultura, entre otros a Patricio Guzmán, en 2004, recientemente fallecido; a Silvio Tendler, en 2005; a Miguel Littín, en 2007; a Fernando Birri, distinguido in memoriam en 2018, y a Constantin Costa-Gavras, en 2024.

En  su emotiva intervención de alrededor de 15 minutos, tras recibir el galardón de manos del director de la Fundación Treccano, el ex ministro del Patrimonio Cultural  italiano Massimo Bray, Serrat se refirió a temas trascendentales como la libertad, la justicia, el cambio climático, las migraciones, con citas que fueron desde Benito Juárez a San Agustín, pasando por Rosa Luxemburgo,  Antonio Gramsci y el poeta español Miguel Hernández, fallecido de tuberculosos en la enfermería de la prisión franquista, en Alicante.

En primer lugar, se refirió al nombre del Premio: “Me agrada mucho que el Premio se llamara Salvador Allende, una figura emblemática de lo que ha sido la lucha por el progreso, por la libertad, por la democracia”, un representante símbolo para la izquierda”.

A su juicio, es una figura “que ha ido más allá de un cargo, más allá de una tozudez personal que la que tenía, incluso podría decir más allá de la honradez de un hombre bueno  como fue Allende, sino como aquel símbolo valiente  que se inmoló en el lugar donde lo había puesto la historia  enfrentando al golpe cívico militar que se produce un 11 de septiembre de 1973”.

Democracia, un espacio de convivencia

Subrayó que, a su juicio la democracia “es el mejor espacio de convivencia, a pesar de lo que puedan opinar y a pesar de todas las barbaridades que puedan llegar a decir los tecnofascistas, los neocapitalistas”.

Reconoció que “a veces la democracia falla, está hecha por humanos…sin duda alguna porque se dejan resquicios, porque se hacen mal las cosas y por ahí se cuela directamente el enemigo de la democracia… y esto es lo que a veces también me confunde, gente que se autoproclama demócrata y que  utiliza mecanismos directamente fascistas  y no democráticos para argumentar”.

Fue tajante al afirmar que “la democracia es libertad y sin democracia no hay libertad… para la libertad sangro, lucho, pervivo, decía Miguel Hernández, y yo también”.

Y apelando al diccionario señaló que “la libertad es la facultad natural que tiene el ser humano para obrar de una manera o de otra, o de no hacerlo,  responsabilizándose de sus propios actos”, y hay que entender lo que dice el diccionario, argumentó,  “cuando se escucha que hay gente que dice queremos libertad, pobre palabra manoseada, gente que no aspira a la libertad, sino aspira a hacer lo que le da la gana que es otra cosa”.

A propósito de esta “manoseada” palabra, libertad, afirmó que “la libertad funciona dentro de un orden que nosotros mismos nos ponemos”, y que somos nosotros, “la sociedad que pone unos límites a las acciones de los demás  a nuestros propios actos”.

Añadió que “la libertad es para pensar, para hacer,  para decir, y sobre todo para discutir”, porque “la tolerancia es fundamental en un estado democrático que quiera vivir en libertad”. Recordó a Benito Juárez, el vigésimo sexto presidente de México, y el primer indígena amerindio en la historia de todo el continente en ocupar ese cargo, que “por allá por mediados del siglo XIX afirmaba que “el respeto al derecho ajeno es la paz… y podríamos decir también que la discrepancia en el respeto  mutuo es lo que da vida a la democracia, lo que la hace crecer”.

Y siempre en tema de libertad, unió idealmente a Rosa Luxemburgo y a San Agustín. De la filósofa alemana hizo referencia a su frase “la libertad es siempre y exclusivamente la libertad para el que piensa de otro modo”.

Y luego enlazó la libertad, con la democracia y la justicia, afirmando que “siempre van de la mano o no van: sin justicia no hay democracia, sin justicia no hay libertad…y aquí uso palabras de otro individuo que dijo, ‘sin justicia, ¿que son los reinos?, sino una gran banda de ladrones’, lo decía San Agustín y de esto hace muchísimos más siglos”.

Crédito: Gentileza Festival Ibero Latino-americano

“Hombre mayor, pero no resignado”

Refiriéndose a su vida actual, afirmó que es “un hombre mayor tirando a viejo, vivo tranquilo pero no me hubiera enterado sino porque me lo han dicho los demás, vivo en paz pero no resignado”.

“Es decir, yo envejezco en este mundo en el  que el ruido no deja escuchar las voces, lo cual es muy incómodo. Soy viejo, pero no soy invisible ni quiero que me hagan invisible ni quiero que hagan invisible a nadie por el hecho de ser un viejo, un negro, o un musulmán”.

Agregó que aunque no es pesimista no le gusta este mundo en el que vivimos, y acá se adentró en la actualidad contingente: migraciones, cambio climático, guerras, al explicar las razones por las que no le gusta este mundo:

“Es un mundo hostil,  contaminado, insolidario, donde los valores democráticos y morales han sido sustituidos por la avidez del mercado donde todo tiene precio, es un Super enorme: todo se compra y todo se vende”.

“No me gusta”, agregó, “ser testigo  de atrocidades que se producen a mi alrededor y que no tienen las unánimes, consecuentes y contundentes respuestas que deberían tener hechos absolutamente terroríficos que van desde masacres, a expulsiones de gente, a actos que en cualquier otro momento podrían ser considerados claramente como terroristas y dignos de estar en el tribunal de La Haya, pero claro, también les diré que los que los cometen, el Tribunal de La Haya se lo pasan por el fundillo, incluso se pasan por el fundillos los tribunales suyos, ya que éstos no son los tribunales para juzgarse, sino para juzgar a los demás”.

En lo que concierne al cambio climático, que definió una “catástrofe tremenda, una situación en la que nos encontramos y que no se enfrenta como se debiera…pensemos que nosotros no heredamos la tierra de nuestros padres, eso es mentira nosotros la hemos tomado prestada de nuestros hijos y ahí estamos nosotros, piensen entonces en todo lo que vamos a hacer con todo esto: nos han puesto una patata caliente entre las manos y realmente el cocinero no está por bajarle la temperatura”.

Crédito: Gentileza Festival Ibero Latino-americano

Migraciones y guerras

En referencia a las olas migratorias recordó que quienes llegan a España, Italia y otros países, lo hacen porque son países  “que de alguna manera representan una esperanza para aquello que  tratan de cruzar e Mediterráneo, que buscan las playas de Europa, una Europa que ha dejado atrás el pensamiento  de la ilustración y que vacía de los valores del humanismo, la justicia y la fraternidad ha quedado reducida a un puro mercadillo, y divaga lejos de la tragedia de miles de personas que por razones económicas, políticas o bélicas han tenido que dejar atrás el lugar donde nacieron para buscar refugio en otro”.

En este sentido pidió que haya “un poco de empatía en esto, ya que, dígame quien se va de su casa para cruzar un desierto en África, meterse a una patera, ser golpeado, ser violada, enfrentar todos los dramas que tiene que enfrentar si no es  para tratar de encontrar un lugar donde poner a sus hijos”.

Recordó “cuantas guerras y genocidios se producen hoy en día en el mundo: Ucrania, Palestina, el Congo, Birmania, el Zahel y tampoco estaría demás más girar la vista al mar a nuestro Mediterráneo tan cercano y tan mal tratado, reclamando socorro por sus aguas y playas contaminadas, y pidiendo justicia por haberlo convertido en un cementerio, por haberlo rebajado al nivel de un gran ataúd”.

Al terminar, y para enfatizar que “no soy un pesimista y que no voy por la vida de quejica”, citó una frase de Antonio Gramsci: “frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”.

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