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Salud en crisis: “Si no regulamos tendremos un sistema para los sanos que deja fuera los enfermos”

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Iván Weissman Senno
Por : Iván Weissman Senno Editor El Mostrador Semanal
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Juan Carlos Said, médico internista y experto en políticas públicas de salud, acaba de publicar “La mejor salud del mundo”. En La Mesa explica que la crisis es el resultado de un diseño que, desde su origen, permitió seleccionar sanos, expulsar riesgos y dejar al Estado la carga de los enfermos.


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La crisis de las isapres no partió con el “supremazo”. Para Juan Carlos Said, ese fallo solo hizo visible una grieta que venía desde 1981: un sistema concebido bajo la lógica de que la salud podía funcionar como cualquier otro mercado.

La frase: “Las isapres no están diseñadas para tener enfermos”, dice Said en esta conversación de La Mesa. Y ahí está, a su juicio, el corazón del problema chileno: un subsistema privado que durante décadas pudo elegir mejor riesgo, captar jóvenes y personas de mayores ingresos, y traspasar al sector público buena parte de los costos sanitarios más complejos.

“No se trata de un enfrentamiento entre lo estatal y lo privado. Se trata de entender que la salud es un bien público”.

  • “Hasta el día de hoy, el principal talón de Aquiles de las isapres es que no están diseñadas para tener enfermos”.

Said no plantea una pelea clásica entre Estado y privados. Su punto es otro: la salud es un bien público, aunque pueda ser provista por privados. Pero para eso requiere reglas estrictas: no discriminación, cobertura real, portabilidad, protección a los enfermos y una institucionalidad que piense en sostenibilidad de largo plazo, no solo en utilidades de fin de año.

En la entrevista también defiende lo que Chile sí ha hecho bien: cobertura universal, Fonasa, GES, vacunas, medicamentos en atención primaria y una expectativa de vida comparable con países desarrollados. Su crítica no es que todo esté mal. Es que el sistema está partido en dos: uno que debe recibir a todos y otro que históricamente pudo decir “a ti sí, a ti no”.

  • El diagnóstico más duro: la ley corta salvó a las isapres, pero no resolvió su problema estructural. Con una población envejeciendo, menos jóvenes de altos ingresos entrando al sistema y más adultos mayores quedándose, Said ve una “bomba de tiempo” para la industria en los próximos 10 o 15 años.

Algunos de sus comentarios más agudos sobre nuestro sistema de salud:

“La salud no funciona como los autos. No importa qué haga, yo me voy a enfermar, voy a morir, voy a experimentar dolor y voy a necesitar atención”.

“Tenemos un sistema que sistemáticamente no le puede decir que no a nadie y los tiene que atender a todos, y otro sistema que puede decir: ‘Mira, yo a ti sí, y a ti no’”.

También habla de los recortes en salud, de la ingenuidad de pensar que se puede producir más simplemente gastando menos, y de una reforma pendiente: profesionalizar la gestión pública, blindar los hospitales de la rotación política y convertir a Fonasa en un verdadero seguro al servicio de sus pacientes.

  • “La desregulación cuesta caro. El mercado no resuelve todo”.

 

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