Los Luksic bajo la lupa: la dinastía que aprendió a convivir con el poder
El periodista Sergio Jara estuvo en La Mesa para presentar su nuevo libro. Ahí cuenta la historia del ascenso de la familia, su pragmatismo frente a todos los gobiernos, la amistad de Andrónico padre con Allende, su compleja relación con la dictadura y los vínculos del grupo con la Concertación.
Sergio Jara define el libro Los Luksic como el cierre de una trilogía sobre dinero y poder. Después de escribir sobre Sebastián Piñera, los corredores de bolsa y Julio Ponce Lerou, el periodista se mete ahora con la familia Luksic, probablemente el grupo económico más influyente de Chile. No solo por el tamaño de sus empresas, sino por su capacidad de moverse –con pragmatismo, instinto y poder de adaptación– a través de casi todos los ciclos políticos del último medio siglo.
La tesis central del libro es que los Luksic no han sido simplemente un grupo empresarial exitoso. Han sido también un actor político, aunque rara vez de manera frontal. Jara usa una palabra clave para describirlos: “gobiernistas”. Es decir, una familia que aprendió a convivir con el poder de turno, sin importar demasiado su color político, siempre con el objetivo de proteger, proyectar y hacer crecer sus negocios.
- “El concepto que se ha usado para describir a la familia Luksic es ‘gobiernista’: con quien gobierne, están ahí”.
Pero Jara advierte que ese pragmatismo no se explica solo por cálculo económico. En la historia familiar aparece también una idea de pertenencia, de arraigo y de aporte al país que el propio grupo ha cultivado como parte de su identidad. No se ven a sí mismos como capitales de paso, sino como empresarios chilenos con vocación de permanencia.
- “Ese pragmatismo tiene que ver con sacar adelante sus negocios, mantenerlos vivos, proyectarse y crecer, pero también con un sentido patriótico muy presente en ellos”.
Uno de los capítulos más reveladores del libro es la relación de Andrónico Luksic Abaroa con Salvador Allende. Jara dice que quiso despejar el mito de si el patriarca había sido “de la UP” o simplemente había negociado con el Gobierno. Su conclusión es más matizada: Luksic no era marxista, pero sí tuvo una relación cercana con Allende, participó del proceso de estatización de parte de sus empresas y mantuvo una interlocución directa con el Presidente.
- “Luksic no era marxista, pero era una persona que aconsejaba a Allende, que iba a verlo a su casa, que tenía amigos en común con él. En otras palabras, era un amigo”.
Esa cercanía tuvo costos. Según Jara, parte del empresariado tradicional miraba con desconfianza a estos “nuevos ricos” del norte, de origen croata y boliviano, que no pertenecían a la vieja élite santiaguina. La relación con Allende terminó de tensionar ese vínculo con la oligarquía empresarial de ese tiempo.
- “La oligarquía chilena de la época veía a estos nuevos ricos del norte como ‘los negritos del norte’. Y además negociando con Allende: imagínate lo que significaba para ellos”.
Después vino la dictadura, el ostracismo inicial y luego la vuelta a las grandes inversiones. Jara sostiene que desde mediados de los 70 los Luksic comenzaron a comprar activos en Chile en condiciones muy favorables, aprovechando un proceso de privatizaciones y reordenamiento económico que marcaría el nuevo mapa empresarial del país.
- “En 1976 los Luksic empiezan a invertir de nuevo en Chile a precio de huevo, comprando bajo el valor libro. Sacan buen provecho porque toman un riesgo, pero a un bajo precio”.
El otro gran eje es la relación con la Concertación. Jara describe un vínculo intenso, muchas veces indirecto, construido a través de redes políticas, financiamiento de propaganda, apoyo a figuras del mundo progresista y una apuesta por acercarse al poder democrático que emergió tras la dictadura. En su lectura, los Luksic ayudaron a abrir puertas del mundo empresarial a liderazgos como Ricardo Lagos.
- “A Ricardo Lagos los Luksic le permiten introducirse en el mundo empresarial cuando lanzan Pelambres. Le ponen el piso a Lagos, luego a Michelle Bachelet, y después estalla Caval”.
El libro también entra en las zonas más incómodas: Lucchetti en Perú, los Vladivideos, el caso Caval, la compra de Banco de Chile, Canal 13 y la construcción de una estrategia comunicacional propia. Jara no presenta a los Luksic como una caricatura de villanos ni como simples empresarios exitosos. Los muestra como una dinastía que entendió mejor que nadie que en Chile los negocios grandes nunca están completamente separados de la política.
La frase que resume la conversación: los Luksic construyeron poder no enfrentando al Estado, sino aprendiendo a negociar con él.
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