Grabación revela que copiloto habría causado accidente del Germanwings tras impedir al piloto volver a la cabina
«Comienza a tocar ligeramente la puerta, pero no hay respuesta, y entonces golpea la puerta más fuerte y no hay respuesta», dijo una fuente militar que tuvo acceso al audio y en el cual se alcanzan a escuchar los infructuosos esfuerzos del comandante por echar abajo la puerta.
Era una versión que comenzó a circular have varias horas y, finalmente, la fiscalía federal de Düsseldorf confirmó que uno de los dos pilotos del avión de la aerolínea Germanwings que se estrelló el martes en los Alpes franceses, no se encontraba en la cabina en el momento de la tragedia que cobró la vida de 150 personas, entre ellas la abogada chilena Ximena Alegría.
Fue el diario The New York Times el que anoche, citando una fuente militar que participa en la investigación del accidente en París, dio cuenta de la grabación de una de las cajas negras que revela que el comandante de la aeronave salió y luego llamó a la puerta para reingresar, pero «nunca hubo una respuesta».
«Se puede escuchar que está intentando echar abajo la puerta», dijo el investigador sobre los momentos previos a que el avión, que había despegado de Barcelona, se estrellara en los Alpes franceses, indica el medio estadounidense en una nota fechada en la capital francesa.
La tragedia causó la muerte de 150 personas, la mayoría alemanes, españoles y franceses, incluidos seis miembros de la tripulación. El avión tenía por destino la ciudad alemana de Düsseldorf.
Los investigadores informaron hoy de que se ha podido recuperar la grabación sonora de lo sucedido en la cabina antes de que el avión se estrellara, y esperan recuperar una segunda caja que registra los parámetros técnicos.
La información de la edición digital del The New York Times, de la que se han hecho eco varios medios estadounidenses, sostiene que antes del percance se oye una conversación normal entre los pilotos en la primera parte del vuelo.
Pero uno de ellos abandona después la cabina, y posteriormente, desde fuera, «comienza a tocar ligeramente la puerta, pero no hay respuesta, y entonces golpea la puerta más fuerte y no hay respuesta».
«Nunca hubo una respuesta», agregó al The New York Times la fuente, que prefirió mantener en reserva su identidad porque la investigación está en curso.
Se desconoce, sin embargo, por qué salió, así como la razón por la que su compañero no abrió la puerta. Todo apunta, sin embargo, a que el accidente lo habría ocasionado el copiloto de manera deliberada.
La Oficina de Investigaciones y Análisis (BEA) francesa informó el miércoles que tiene en su poder «un archivo de audio utilizable» en el que deberían ser capaces de escuchar lo acontecido en el vuelo.
El proceso, según el director del BEA, Rémi Jouty, podría llevar «varias semanas» o incluso «meses», aunque dijo que confían en recuperar también la segunda caja negra, que registra los parámetros técnicos, para completar su labor.
Por ahora, lo único que descartan los investigadores es que el avión explotase en pleno trayecto.
«El avión voló hasta el final», concretó Jouty.
«No tenemos la menor explicación del motivo que llevó al avión a descender ni por qué este no respondió a los intentos de contacto de los controladores aéreos», reconoció Jouty.
Por eso, al igual que han hecho hasta ahora los responsables políticos franceses, insistió en que «ninguna hipótesis está cerrada» cuando se le preguntó acerca de una supuesta acción terrorista como causa.
Pero el resto de elementos de la investigación que adelantó Jouty solo contribuyeron a sembrar más dudas acerca del suceso.
«La curva de la trayectoria es compatible con la de un avión controlado por pilotos, con la excepción de que no imaginamos que pilotos puedan conscientemente enviar un avión hacia la montaña», explicó, antes de añadir que esa curva también es compatible con la que podría trazar un piloto automático.
Tampoco las óptimas condiciones meteorológicas ofrecen explicación alguna del momento del accidente, aunque su empeoramiento ha complicado las labores de identificación y rescate de los cadáveres que yacen diseminados en el macizo de Les Trois Échêvés.
El gobierno alemán había pedido cautela antes de que se conozcan las causas del siniestro.
«Esperamos poder aclarar las causas, pero por el momento no nos permitimos especulaciones sobre lo sucedido», afirmó el ministro de Transporte, Alexander Dobrindt, tras comparecer de forma extraordinaria en una comisión del Bundestag (cámara baja) para dar cuenta del accidente.
El ministro de Interior alemán, Thomas de Maizière, coincidió también en la pertinencia de abstenerse de especular sobre las causas y resaltó que por el momento «no hay ningún indicio sólido» que apunte a que la catástrofe aérea tenga sello terrorista.
En una entrevista con la televisión pública, el primer ministro francés, Manuel Valls, pidió esperar «algunas horas» para que se pueda completar un análisis preliminar de la grabación y disponer de nuevos elementos.
La carcasa de la segunda caja negra fue descubierta el miércoles por los servicios de rescate, pero no su contenido.
El BEA –que está trabajando en cooperación con sus instituciones homólogas en Alemania y España, la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC)– también ha abierto pesquisas sobre el historial y la formación de los pilotos, cuya identidad permanece en el anonimato.
El presidente de la aerolínea alemana Lufthansa, Carsten Spohr, dijo el miércoles tras expresar el pésame a los familiares de las 51 víctimas españolas, que confía en que las causas del «terrible» accidente del vuelo de su filial de bajo coste se puedan conocer «muy pronto».
Sphor declaró que espera que con parte del audio de una de las dos cajas negras encontradas «se pueda trabajar», y que desea que las autoridades francesas encuentren pronto la segunda para tener un «panorama completo» del siniestro.
Insistió en calificar de «incomprensible» el accidente, añadió que el avión se encontraba en condiciones técnicas «perfectas» y que había superado una revisión el día antes del siniestro, mientras que los pilotos tenían amplia experiencia.
La lista provisional de víctimas mortales aportada el miércoles por el Gobierno germano, a partir de las informaciones facilitadas por Germanwings, apunta a que cerca de la mitad de las 150 víctimas mortales eran ciudadanos alemanes.
El presidente de la aerolínea, Thomas Winkelmann, afirmó que esa lista incluye a 72 alemanes y a 35 españoles, cifra que no calza con la de las autoridades españolas, que hablan de 51 muertos nacionales, aunque los datos pueden variar por la existencia de pasajeros con doble nacionalidad.
Además, hay constancia de que en el aparato siniestrado viajaban dos australianos, dos argentinos, dos iraníes, dos venezolanos, dos estadounidenses, un británico, un holandés, un colombiano, un mexicano, un japonés, un belga y un israelí.
Mientras tanto, se ultiman los preparativos para acoger cerca de la zona del accidente a los familiares de las víctimas, que está previsto que lleguen a la región en dos aviones, uno procedente de Barcelona y el otro de Düsseldorf.
Las autoridades locales han habilitado hasta 900 camas, suficientes para acoger a los 400 familiares que se esperan.
Por su parte, los servicios de rescate franceses emprenden este jueves una nueva jornada de búsqueda para recuperar los restos del avión.
Será el tercer día en el que el dispositivo técnico y humano puesto en marcha por las autoridades trabaje en la zona de los Alpes franceses donde tuvo lugar la catástrofe.
Como en los dos días anteriores, lo esencial del esfuerzo de este jueves consistirá en afrontar las dificultades que supone acceder a la zona por lo escarpado del terreno, a casi 2.500 metros de altura, y por las difíciles condiciones climáticas.
Por eso, será a través de helicópteros como asciendan hasta el lugar los gendarmes e investigadores que buscarán sobre el terreno indicios para aclarar una de las mayores catástrofes aéreas ocurridas en Francia.
Nueve helicópteros se relevaron el miércoles durante todo el día para llevar hasta la zona a gendarmes, militares, investigadores y forenses, en un auténtico «puente aéreo» que solo se detuvo con la caída de la noche.
En el lugar trabajan 400 gendarmes y militares, 300 bomberos y muchos investigadores.
La vía aérea aparece como la única viable para llegar a la zona montañosa, escarpada, donde los restos del aparato, prácticamente pulverizados, se extienden en un área de cuatro hectáreas, al igual que los cuerpos de los fallecidos.
Los gendarmes tratan también de establecer una vía terrestre, pero la orografía y el clima juegan en su contra.