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Welcome to Canada

por 16 junio, 2003

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El 17 de mayo pasado las autoridades municipales de Toronto, en compañía de sus pares provinciales y federales, descorchaban felices el champaña, brindando por haber logrado controlar el brote de neumonía atípica que hizo saltar a la palestra a esta normalmente apacible ciudad. A la fecha, esta peligrosa enfermedad había dejado un saldo de 27 víctimas fatales.



Sin embargo, dos semanas después las autoridades de salud reconocían que la neumonía atípica había rebrotado en un hospital de la ciudad. Una semana antes, el Ministerio de Agricultura había reconocido la presencia del mal de la vaca loca en ganado bovino de la Provincia de Alberta, revelación que hizo colapsar instantáneamente las multimillonarias exportaciones de carne a Estados Unidos. Y como si todo esto fuera poco, este verano los que vivimos en la región de los Grandes Lagos tendremos que estar alerta a que no nos pique el mosquito que transmite el virus del Nilo. Y de paso, las relaciones con los vecinos de más al sur siguen tensas y frías.



Gracias a la globalización, la neumonía atípica llegó de la noche a la mañana en un avión procedente de Hong Kong, tomando por sorpresa a un sistema de salud pública que carecía de preparación alguna. Diez años de recortes presupuestarios por parte del gobierno federal a los gobiernos provinciales habían causado estragos en el financiamiento de la salud.



En los años precedentes, similar política de recortes presupuestarios por parte del gobierno de la Provincia de Ontario llevó al cierre de decenas de hospitales y al despido de miles de enfermeras de las plantas hospitalarias. Así, la neumonía atípica puso al desnudo la aguda crisis de la salud pública. De otra forma no se explica cómo una enfermedad contagiosa pudo pasar sin ser detectada por más de 24 horas en un hospital, desatando la epidemia que ya ha cobrado 31 vidas y tiene a más de 4.000 personas en cuarentena.



Lo del mal de la vaca loca es sencillamente un misterio, dado que solamente un animal mostró el síndrome. La vaca, originaria de una granja de la Provincia de Alberta, fue sacrificada en enero. Debido a las sospechas se le hizo un examen, pero los resultados -que normalmente toman tres días- se dieron a conocer cuatro meses después; según las autoridades de Alberta, porque no se trataba un tema prioritario. Esa falta de rigor está causando pánico en las praderas. La carne canadiense está prohibida en Estados Unidos y otros países, a un costo semanal de millones de dólares.



El Ministerio de Agricultura decretó cuarentena en granjas de tres provincias, la investigación de otras diez granjas sospechosas y la destrucción de todo un rebaño de la Provincia de Saskatchewan, luego de descubrirse que la vaca afectada había nacido de ese rebaño. Mientras tanto, se investiga dónde fueron a parar los novillos de la vaca afectada y con qué se está alimentando al ganado canadiense.



Hay que recordar en Gran Bretaña el mal de la vaca loca se produjo tras alimentar al ganado con forraje que contenía proteína animal proveniente de vacas desechadas no usadas para el consumo humano. Es decir, alimentando animales herbívoros con comida más propia de carnívoros.



Entonces si la vaca se alimentó de forraje que contenía proteína animal, el temor existe de que el mal de la vaca loca ha estado presente en este país por años sin ser detectado por las autoridades.



Y pronto, cuando suba la temperatura y regresen los molestos zancudos, los habitantes de la región de los Grandes Lagos tendremos que cuidarnos de no ser picados por el Aedes aegypti, el mosquito vector del dengue y la fiebre amarilla. Gracias también a la globalización, este mosquito llegó a América del Norte hace tres años atrás y viene lentamente cobrando víctimas. El verano pasado causó la muerte de a lo menos dos personas en la región de Toronto.



El gobierno provincial de Ontario advierte por televisión que este verano habrán exámenes rápidos para determinar la infección por picadura. También nos aconseja que vistamos ropa de manga larga y usemos repelentes a base de DDT. Pero las autoridades se niegan a fumigar los lugares donde podría estar presente la larva del mosquito y a prevenir antes que curar.



Pero junto a esas negras realidades hay más. En Toronto, cuando llega el verano, la contaminación ambiental se está haciendo cada vez peor. Desde el verano pasado las alertas ambientales se han transformado en la tónica semanal. Aunque gran parte de los contaminantes provienen de las industrias del Valle de Ohio en Estados Unidos, el principal culpable son las centrales termoeléctricas a carbón ubicadas a pocos kilómetros de Toronto.



El sistema de transporte público de Toronto, considerado hasta fines de los 80 como el mejor de toda América del Norte, ahora opera con serias reducciones, llevando más pasajeros en menos trenes, tranvías y buses y eliminando recorridos por falta de presupuesto. Las calles y carreteras presentan serio deterioro por falta de mantención, ya que el gobierno provincial traspasó la responsabilidad a las municipalidades, las que se han visto económicamente incapaces de hacerse cargo de esos servicios.



No toco el tema de la educación, en crisis constante desde 1995 debido a la falta de presupuesto.



Todo esto forma parte de la realidad de vivir en Canadá, una sociedad convulsionada que sin embargo se da por afortunada de que la economía todavía crezca y siga creando fuentes de empleo. Todo esto podría cambiar de golpe y llevar al país a la crisis si se llega a producir una contracción en la economía de Estados Unidos, país con el cual el intercambio comercial alcanza a la increíble suma de US$ 2.000 millones diarios. En las actuales condiciones, cualquier baja en esta cifra traería serias repercusiones para la economía canadiense.



Por fortuna, el comercio bilateral no está sujeto a los vaivenes políticos. Decimos por fortuna, ya que las relaciones entre ambos países actualmente están en su nivel más bajo de las últimas décadas. A pesar de la insistencia y expectativas norteamericanas, el gobierno canadiense del Primer Ministro Jean Chrétien optó por no plegarse a la invasión de Irak, decisión que fue muy mal recibida en Washington y causó paroxismos de ira en George W. Bush.



Es sabido que Bush se toma las relaciones internaciones como un asunto personal, de modo que la decisión canadiense fue para él una afrenta. Así, con Chrétien no se comunican desde hace meses y en la reciente reunión del G-8 en Evian sólo se saludaron de forma protocolar.



Rumbo al G-8 en Europa, Chrétien se jactó ante la prensa de que su gobierno había logrado controlar los déficit fiscales, logrando importantes superávits en los últimos cinco años. Por si quedaran dudas de a qué se refería, Chrétien dijo a los periodistas que viajaban con él que entre Ottawa y Washington habían profundas diferencias, sobre todo de política fiscal, acusando de irresponsable a Estados Unidos por aprobar el déficit fiscal más alto de la historia. Chrétien agregó que tales cosas no ocurrían en Canadá, subrayando que además entre ambos mandatarios hay profundas diferencias de estilo personal.



Para encontrar peores relaciones entre estos dos primos hay que remontarse a la era de Richard Nixon, quien acusaba al entonces Primer Ministro Pierre Trudeau de ser filocomunista, sobre todo luego de su célebre visita a Cuba. O bien al inicio de la guerra de Vietnam, cuando el Primer Ministro canadiense Lester Pearson, de visita en Estados Unidos, pronunció un discurso antiguerra en una universidad justo antes de reunirse con Lyndon Johnson, quien luego, con su dulce estilo texano, lo zamarreó por las solapas, gritándole furioso " Ä„Te invito a mi casa y me meas la alfombra, tal por cual!"



Parece paradójico para un bucólico país que pocas veces hace noticia, pero todo esto está ocurriendo hoy en Canadá. Mientras las autoridades tratan de frenar la epidemia, parar a las vacas locas y prepararse para las posibles repercusiones sobre la economía de la ciudad y el país, nosotros nos preparamos para un verano con mosquitos y el virus del Nilo.





* Jorge Garretón es periodista chileno residente en Canadá..



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