Publicidad

Gas natural: Te lo dije

Publicidad


El Mostrador Fuente Preferida

No es por repetir monsergas, pero hace años, cuando comenzó el auge por concretar la conversión a gas natural, Fundación Terram hizo la advertencia. El gas natural argentino es una dependencia peligrosa: es un solo y frágil viaducto, la llave de paso está del otro lado y el respaldo no está claro.



Sin embargo, el negocio inmediato era fantástico: a partir de un solo gaseoducto se picaron todas las aceras de Santiago, se conectó más del 90 por ciento de las industrias capitalinas, el 25 por ciento de las viviendas y se construyeron centrales termoeléctricas que respaldan el 20 por ciento de la producción eléctrica nacional.

Pero todo fue mal. Chile subió su consumo de gas natural y éste se situó en el 16 por ciento de todos los energéticos primarios del país, convirtiéndose en el segundo combustible más importante. Ahora, la sola amenaza de reducción de entrega de gas por parte de Argentina, pone en jaque las acciones de las eléctricas y amenaza con dejar con racionamiento o sin energía a buena parte de la industria capitalina y a un cuarto de los hogares.



Nuestra precaria dependencia energética es una muestra de nuestra falta de planificación y visión a largo plazo. Todo se hace según el negocio del momento, las predicciones meteorológicas del año y la conveniencia de las empresas privadas y su correlación posible con el crecimiento medianamente planificado del país. Pero a largo plazo, de políticas estatales que regulen esta situación, no hay nada.

Chile, históricamente ha debido comprar en el mercado externo sobre el 90 por ciento del petróleo que consume. También importa el 100 por ciento del gas natural y más del 50 por ciento del carbón mineral. Sólo queda como netamente nacional la contribución que hace la leña y un aporte variable de la Hidroelectricidad.



En resumen, dependiendo de las lluvias del año anterior, nuestra dependencia energética varía entre el 60 y el 70 por ciento de los insumos primarios. Esto significa que nuestra seguridad energética depende en un 70 por ciento de productos que no controlamos, que están sujetos a mercados internacionales, decisiones políticas ajenas, guerras remotas, caídas de las bolsas y catástrofes naturales.

La sustentabilidad energética de Chile en el largo plazo es por ahora un mito. Necesitamos de inversiones y planificación para décadas, que apunten a este importante objetivo de desarrollo. Lograr la libertad energética es la única independencia verdadera de un país. Chile está lleno de recursos para ello. Estamos buscando mal y dejando que el mercado internacional -que no controlamos en absoluto- maneje nuestro futuro energético. Estamos en una de las economías de mercado más abiertas del planeta, pero por favor, Ä„nunca tan tontos!



*Pedro Serrano Rodríguez es presidente de la Fundación Terram.


  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
Publicidad