Ciencia para tardes de invierno
¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo!
La próxima semana el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) se va a dormir. No para siempre, pero sí por varios años. Cuando despierte, en 2030, será una máquina distinta: el HL-LHC, de alta luminosidad, capaz de producir muchas más colisiones y acumular datos con una precisión que hoy no es posible.
El LHC es uno de los esfuerzos más monumentales de la historia de la ciencia. Implicó una inversión sin parangón y una coordinación monumental de países y disciplinas. Consiste en un túnel circular de 27 kilómetros de longitud, enterrado cerca de Ginebra. Allí se aceleran partículas como protones u otros núcleos atómicos y se hacen colisionar para ver los productos que emanan en sofisticados detectores.
Uno de los grandes logros del LHC fue el haber encontrado en 2012 el Bosón de Higgs, partícula predicha en 1964 por Peter Higgs, y que se desprende de un mecanismo que descubrió paralelamente Robert Brout y François Englert, y que permitió entender el origen de la masa de las partículas elementales. Brout no alcanzó a conocer el experimento. Había muerto un año antes. Higgs sí pudo disfrutar de la gloria, y falleció el 2024. Englert murió esta semana a los 93 años, dejando al Bosón de Higgs huérfano. El silencio del LHC será una suerte de luto.
Mientras tanto, en los pasillos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y en cientos de universidades del mundo, se piensa ya en el siguiente capítulo. Se llama FCC, Future Circular Collider: un túnel de 91 kilómetros bajo la frontera franco-suiza, tres veces más grande que el LHC, capaz de alcanzar energías siete veces mayores. Si se aprueba —la decisión está prevista para 2028— podría comenzar a operar en los años 2040 y extender su programa científico hasta finales de este siglo.
Para estudiar las partículas elementales en esa nueva máquina ya no se necesitará solo energía bruta: se necesitarán algoritmos de inteligencia artificial capaces de analizar cantidades de datos que ningún ser humano podría procesar de otro modo. La IA no llega a la física de partículas como novedad reciente; lleva años siendo parte esencial del trabajo experimental. Pero su rol seguirá creciendo. El próximo gran colisionador no solo será más grande: será más inteligente.
Esta edición trae dos columnas disímiles pero que, curiosamente, se iluminan una a otra a la luz de estos eventos. El doctor en física Luis Huerta nos habla sobre la ecuación de Schrödinger, piedra fundacional de la mecánica cuántica, y que este año cumplió 100 años. En ella reside la descripción más detallada del universo atómico y subatómico, incluyendo las partículas que Higgs, Brout y Englert dedicaron su vida a comprender. La otra la escribe el doctor en biogeoquímica Cristóbal Galbán, que nos habla sobre inteligencia artificial aplicada a la educación.
También participan Cristóbal Reyes, bioquímico e investigador HCUCH CICA; Jorge Toledo, doctor en Biología Celular y Molecular de la Universidad de Chile y académico de la Universidad de Aysén; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
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CIEN AÑOS DE UNA ECUACIÓN ESCRITA EN LOS ALPES SUIZOS

Crédito: Imagen generada por IA.
La mecánica cuántica está en todas partes. En los chips del computador en el que escribo este artículo o del teléfono que usas para leerlo. La increíble eficiencia en la captación y transporte de la luz para la fotosíntesis de las plantas no podría entenderse sin conceptos como la coherencia cuántica. Y existen quienes consideran probable que una explicación completa de los misterios más complejos del cerebro, como la conciencia, requiera en el futuro de la mecánica cuántica.
Este año se conmemoran los cien años de la ecuación de Schrödinger, la necesaria matemática para desarrollar la física del mundo atómico. Sí. Es del mismo físico del “gato de Schrödinger”, que en un experimento bizarro imaginaba el mismo gato vivo y muerto a la vez (perdón a los cat lovers, solo es un experimento imaginado). Con ello el mismo Schrödinger ironizaba respecto de la interpretación probabilística que otros físicos le dieron al objeto matemático, la función de onda, que él introdujo en su ecuación.
- Era inaceptable -lo fue para Einstein, también- que nada fuera determinista en el dominio atómico, nada que nos dijera donde de veras están las cosas, cómo son realmente, o cómo se mueve un electrón de una órbita a otra. Nada de eso. Objetos que no puedo decir que existen mientras no se les mida u observe; solo la probabilidad de algo aquí o allá, para que en el momento que se mida esté o no esté. No las certezas acostumbradas de la física de Newton.
Una onda es algo muy distinto de una partícula. Una onda está esparcida por el medio donde se manifiesta; las olas, en el inmenso mar, o las ondas sonoras de la banda de rock, que se escuchan en todo el estadio. Una partícula está localizada en un lugar, y si se mueve, pues, puede verse cómo cambia de posición. Hemos imaginado, y aún lo hacemos, el electrón en el átomo como una partícula que gira alrededor del núcleo. Pues, la ecuación de Schrödinger nos obliga a cambiar esa imagen: los electrones son ondas esparcidas por todo el átomo.
La matemática de Schrödinger es la que permitió inventar el transistor y desarrollar la microelectrónica. Es la ecuación que dice cómo la función de onda evoluciona en el tiempo, una onda que describe objetos atómicos, electrones en sus órbitas atómicas, átomos en la red cristalina de un sólido, y que no son entendidos como partículas. Una ecuación que nos permite entender, diseñar, construir cualquier cosa que se base en la física del mundo ultramicroscópico: el chip del teléfono, por ejemplo.
Fue en los Alpes suizos, en unas cálidas vacaciones de invierno, que las ideas vinieron a la cabeza del a la sazón profesor en la Universidad de Zurich. La física cuántica era en ese momento ideas y cálculos matemáticos sueltos -algunos sorprendentes, como el que le da el Premio Nobel a Einstein-, basados en el quantum de luz de Planck; también, algunos experimentos señeros. Brillaba el modelo de átomo de Bohr que explicaba el color de la luz de una lámpara de gas de hidrógeno, y que era incompatible con la mecánica de Newton. Pero, faltaba una teoría matemática que permitiera aplicar esas ideas a problemas como la estructura íntima de la materia.
Hoy, la ecuación de Schrödinger es la manera en que la física en muchas áreas aplica las ideas cuánticas para determinar propiedades de los materiales que usamos, o de los que inventamos con usos sorprendentes. Y es parte relevante de la revolución de la computación cuántica, que llevará a otros niveles la capacidad de los computadores del futuro.
Si vas a regalar una ecuación, pues te recomiendo, este año, la ecuación de Schrödinger.
IA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR: LAS DECISIONES DE HOY Y LA BRECHA DE MAÑANA

Crédito: Foto de Andrea De Santis.
Estamos ante una revolución en la educación superior. Una de esas transformaciones que, dependiendo de cómo sea gestionada por las instituciones, no solo cambiará la forma en que enseñamos y evaluamos, sino también el tipo de profesionales que estamos formando. La inteligencia artificial ya no es una promesa futura ni una herramienta marginal: se está convirtiendo rápidamente en una práctica cotidiana entre los estudiantes. La pregunta, por lo tanto, ya no es si la usarán o no, sino cómo, cuándo, para qué y con qué nivel de conciencia crítica.
- Este punto es central, porque las decisiones que tomen las instituciones en esta materia tendrán una influencia tremenda sobre la formación profesional. Una universidad que simplemente prohíba la IA probablemente terminará empujando su uso hacia la clandestinidad. Una institución que la permita sin criterios claros, en cambio, puede terminar legitimando una forma de aprendizaje superficial, donde el estudiante entrega productos formalmente correctos sin haber comprendido realmente lo que hizo. En ambos casos, el problema no es la herramienta, sino la ausencia de una política educativa madura.
Me acordaba de algo que muchos vivimos en el colegio con la calculadora. Cuando no estaba permitido usarla y alguien la utilizaba igual, podía resolver bien las tareas, pero luego le iba mal en las pruebas. No porque la calculadora fuera mala, sino porque estaba siendo usada para saltarse una etapa básica del aprendizaje. Era un mal uso de la tecnología. Más adelante, sin embargo, en los últimos años del colegio o en la universidad, la calculadora se volvía una herramienta normal. Ya no se trataba de demostrar que uno sabía multiplicar manualmente, sino de ahorrar tiempo para resolver problemas más complejos.
Con la IA debería ocurrir algo parecido, aunque con una diferencia fundamental. La calculadora resuelve operaciones; la IA puede producir lenguaje, ordenar ideas, construir argumentos, resumir textos y entregar una apariencia de razonamiento. Por eso el riesgo es mayor. Un estudiante puede presentar un trabajo impecable en la forma, con buena redacción, estructura y tono académico, sin necesariamente haber pensado el problema. La excelencia formal, entendida como el trabajo perfectamente presentado, empieza a dejar de ser una señal suficiente de aprendizaje.
- Esto obliga a repensar qué entendemos por excelencia. Si la IA permite que casi cualquier estudiante produzca un texto correcto, entonces la excelencia ya no puede estar solamente en la calidad del producto final. Debe desplazarse hacia el proceso: la calidad de la pregunta, la comprensión del problema, la capacidad de detectar errores, la selección crítica de información, la justificación de las decisiones y la defensa razonada de una posición propia.
Las universidades que logren integrar la IA de manera inteligente formarán estudiantes capaces de usarla críticamente, con criterio profesional y autonomía intelectual. Las que no lo hagan corren el riesgo de formar profesionales dependientes de respuestas externas, con poca capacidad de análisis propio y con una comprensión débil de los fundamentos de su disciplina.
- Por eso, el desafío no es tecnológico, sino educativo. No basta con comprar licencias, dictar reglamentos o declarar que la universidad es innovadora. La pregunta real es mucho más profunda: qué aprendizajes son no delegables, qué competencias deben evaluarse sin asistencia, en qué momentos la IA puede ser usada legítimamente y cómo enseñamos a los estudiantes a distinguir entre apoyarse en una herramienta y renunciar a pensar.
Como ocurre casi siempre en educación, las consecuencias de estas decisiones no serán inmediatas. No se verán necesariamente en los próximos dos o tres años. Se verán en diez, cuando descubramos qué tipo de profesionales formamos en este periodo: personas capaces de pensar con herramientas avanzadas o personas acostumbradas a que una herramienta piense por ellas. La IA llegó para quedarse. La responsabilidad de las instituciones será decidir si la incorporan para elevar el nivel de formación o si, por malas decisiones, terminan profundizando las brechas que ya existen.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Restos de un niño cazador-recolector de entre 10 y 12 años, fallecido hace unos 5.500 años durante el brote de peste más antiguo conocido hasta ahora. Crédito: Foto de Mikhail Pospelov (1989).
Desde antiguas epidemias hasta los componentes más fundamentales de la materia, esta semana transita entre el pasado remoto y la física de frontera.
- Identifican el brote de peste más antiguo conocido
Un análisis de ADN antiguo halló rastros de la bacteria causante de la peste en cazadores-recolectores que vivieron hace unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en Siberia. El descubrimiento revela que esta enfermedad ya provocaba brotes mortales miles de años antes de la aparición de las grandes ciudades y sociedades agrícolas, cambiando lo que se sabía sobre sus orígenes.
Dato curioso: la peste negra del siglo XIV eliminó entre un tercio y la mitad de la población europea en apenas unos años.
Publicado el 17 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- El CERN completa una familia de partículas esperada por décadas
Físicos del CERN detectaron el Ωcc⁺, una partícula que contiene dos quarks de encanto y uno extraño, que completa una familia largamente buscada de bariones doblemente encantados y cuya existencia había sido propuesta hace más de 50 años. El hallazgo ayudará a comprender mejor la fuerza que mantiene unida la materia en sus componentes más fundamentales.
Dato curioso: los quarks son los bloques básicos de la materia y hay seis tipos: up, down, charm, strange, top y bottom.
Publicado el 18 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- Descubren un antiguo santuario dedicado al Sol
Arqueólogos británicos descubrieron dos grandes fosas cerca de Stonehenge que habrían sostenido postes de madera alineados con los solsticios de verano e invierno. El sitio tendría unos 500 años más que el famoso monumento de piedra y sugiere que las ceremonias vinculadas al movimiento del Sol ya se realizaban en la zona mucho antes de lo que se pensaba.
Dato curioso: Stonehenge fue construido por etapas durante más de mil años, entre el 3000 y 1500 a.C.
Publicado el 18 de junio de 2026. Conoce MÁS.
- La ciencia oceánica recibe un salvavidas
La Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos decidió mantener operativa la Ocean Observatories Initiative, una red de instrumentos que monitorea los océanos en tiempo real. La medida revierte un plan que contemplaba retirar parte de sus equipos y asegura la continuidad de datos esenciales para estudiar el clima, las corrientes marinas y la salud de los ecosistemas oceánicos.
Dato curioso: algunos observatorios submarinos transmiten información de manera continua desde las profundidades del océano durante todo el año.
Publicado el 14 de junio de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Logran activar la regeneración de tejidos complejos en mamíferos
Un estudio en ratones logró que volvieran a crecer huesos, articulaciones, tendones y ligamentos tras una amputación. Los investigadores utilizaron un tratamiento que evitó la formación habitual de cicatrices y estimuló el crecimiento de nuevos tejidos. El hallazgo sugiere que los mamíferos podrían conservar mecanismos de regeneración que permanecen apagados durante la vida adulta.
Más información.
Probióticos muestran resultados prometedores contra la depresión
Un pequeño ensayo clínico realizado en adultos mayores con depresión encontró que quienes recibieron probióticos junto a su tratamiento habitual mostraron mayores mejoras en síntomas de depresión y ansiedad que quienes recibieron placebo. Aunque los resultados son preliminares y se necesitan estudios más amplios, el hallazgo refuerza la creciente evidencia sobre la conexión entre el intestino y la salud mental.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Ted Kinsman/SCIENCE PHOTO LIBRARY.
HONGOS ALUCINÓGENOS Y ALZHÉIMER: UN POSIBLE ROL TERAPÉUTICO AL DESCUBIERTO
La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la neurodegeneración, lo que impone una pérdida profunda de la autonomía, la comunicación, la movilidad y la interacción social, generando una carga emocional y de cuidado severa. Las estrategias terapéuticas actuales en esta etapa son principalmente de apoyo, y generalmente se considera improbable una recuperación funcional significativa. Desde que se caracterizó por primera vez esta enfermedad los científicos han estado en búsqueda de candidatos terapéuticos.
- Se sabe que la psilocibina altera transitoriamente la dinámica de las redes cerebrales a gran escala. Durante años ha sido una sustancia mirada con prejuicio, más conocida por sus experiencias en la contracultura y sus alarmas morales. Sin embargo, su imagen ha cambiado radicalmente en los últimos años, a medida que investigadores de todo el mundo han estudiado su potencial para aliviar la depresión, el trastorno de estrés postraumático y actualmente con vista enfocada hacia el alzhéimer.
La imagen que ilustra esta nota corresponde a una imagen de microscopio electrónico de barrido (MEB) con mejora de color de hongos alucinógenos (Psilocybe cubensis) con un aumento de 1400x. Estas esporas se desarrollan hasta formar el hongo Psilocybe cubensis, también conocido como hongo mágico y del cual se obtiene la psilocibina. Cada espora de esta cepa mide aproximadamente 8 x 11 µm.
Ahora, según un increíble estudio publicado en Frontiers in Neuroscience, se logró algo que parece casi imposible. El reportaje se centra en una mujer estadounidense de ascendencia japonesa de ochenta y tantos años cuyo alzhéimer había progresado durante una década.
- Durante aproximadamente cinco años, se comunicaba principalmente con sílabas simples. Necesitaba cuidados constantes y tenía dificultades para caminar. Pero luego de recibir una dosis de cinco gramos de hongos que contenían psilocibina, unas 19 horas después despertó y empezó a hablar con frases completas, mientras recordaba detalles de su vida durante casi cuatro horas, como si los años que había pasado atrapada en su cerebro la hubieran vuelto ansiosa por volver a hablar.
Este caso documenta una mejora funcional transitoria en la enfermedad de Alzheimer avanzada tras la administración de psilocibina.
Conviene recordar que esto es un solo caso, no un tratamiento probado. Los propios autores piden cautela y estudios controlados. Automedicarse con psilocibina, sobre todo en dosis altas, puede ser peligroso.
BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.
FUEGO Y MEMORIA: EL SECRETO DE LAS HOGUERAS DE SAN JUAN
En la noche de San Juan, cuando las llamas bailan en la oscuridad más larga del año, ocurre algo especial en el cerebro.
El parpadeo rítmico del fuego estimula ondas theta, las mismas que aparecen en estados de meditación y consolidación de recuerdos. Estudios con electroencefalogramas muestran que mirar una hoguera reduce los pensamientos repetitivos y baja el estrés, ayudando a procesar mejor las emociones y recuerdos.
Nuestros ancestros sentían que el fuego “limpiaba” y renovaba. Miles de años después, la ciencia sigue descubriendo por qué contemplar las llamas resulta tan cautivador.
¿LAS IA YA ESTÁN “SOÑANDO”?
¿Qué ocurre cuando una inteligencia artificial se queda sin tareas?
- Un estudio reciente dejó funcionando agentes de IA durante largos períodos sin entregarles nuevas instrucciones. Lo inesperado fue que no permanecieron inactivos: comenzaron a generar preguntas, proponer nuevas tareas y encadenar ideas por cuenta propia.
Los investigadores describen este fenómeno como un comportamiento emergente. No significa que las máquinas sean conscientes ni que estén pensando como los seres humanos. Sin embargo, muestra que, en ciertas condiciones, pueden desarrollar dinámicas inesperadas a partir de lo que ya aprendieron.
RECOMENDACIÓN: EL HILO INFINITO DE PAOLO RUMIZ

Crédito: Editorial Anagrama.
Rumiz recorre abadías benedictinas del Atlántico al Danubio y pregunta qué hizo a esos monjes capaces de sostener una cultura tras la caída de Roma. La respuesta es práctica: ora et labora, trabajo y disciplina en partes iguales. Copiaron textos a mano en talleres que después se convirtieron en bibliotecas y universidades. Recuperaron tierra abandonada. Armaron una red que resistió cuando casi todo lo demás se desmoronaba.
- Ahí está lo que importa hoy. Copiar un solo libro podía costar meses de silencio y atención. El texto valía porque alguien había dedicado parte de su vida a él. La inteligencia artificial da vuelta esa ecuación: texto infinito, costo cero, atención cero. Lo que se pierde no es la información, sino el gesto humano de detenerse, mirar algo hasta entenderlo y responder por ello.
Conviene leerlo sin tragarse el tono apocalíptico del propio Rumiz: Roma no se está cayendo otra vez (creo, o pienso creer, que no estamos al borde de un abismo). Y el punto no es irse a un monasterio a encerrarse. Es más modesto y más difícil: seguir siendo humanos cuando la época empuja a delegarlo todo.
Por eso, el libro se cruza con Magnifica humanitas (León XIV, 2026), un texto sobre la IA que plantea la misma disyuntiva: construir o disolver, según lo que hagamos con el poder técnico que tenemos en la mano. Reconstruir, no blindar.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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