Basta de rounds
Acabo de leer, que el primer debate entre las candidatas de la Concertación se trató de un «round» en que una de las candidatas venció a la otra. La verdad es que lo que yo vi, junto a otros cuatro millones de personas, no fue un «round» sino un evento en que ambas candidatas fueron sometidas a las preguntas de los periodistas, lo que ambas hicieron de modo bastante solvente, demostrando así que cualquiera de las dos están en condiciones de asumir la presidencia de Chile.
La verdad es que me voy a saltar las cuestiones habituales sobre las aptitudes de las candidatas para asuntos de Estado, para tratar de contestar una pregunta bastante obvia, pero poco abordada: ¿Por qué las dos opciones presidenciales de la Concertación son mujeres? ¿es sólo coincidencia o responde a un mensaje que estamos enviando los hombres y mujeres de a pie, a los círculos del poder político? Y si lo anterior es así, ¿qué significa que estemos, por decirlo de alguna manera, en tiempo de mujer?
En un momento en que la popularidad está del lado de los duros, no es menor la pregunta sobre estas dos mujeres que lejos de la dureza y de la asertividad ruda, han sido articuladoras de equipos, sintetizadoras de diálogo y constructoras de acuerdos. Los tratados internacionales, el plan Auge, la reforma procesal penal y la eliminación de distorsiones en el sistema de previsión de las Fuerzas Armadas, son logros construidos de esa manera y no «máquinas» de férrea conducción centralizada.
Decía que, sin embargo, la popularidad en política solemos asociarla a los duros, pero en el caso de Chile eso se explica, porque no había habido aún una oferta distinta. La sociedad chilena se ha ido democratizando desde hace muchas décadas y durante todo ese tiempo se ha construido una corriente silenciosa y discreta que es mucho más libre y más pluralista que los estamentos de dirección del Estado y de la política.
Solo así se explica que recién hayamos sido capaces de reconocer en la ley situaciones sociales amplia y crecientemente aceptadas por la sociedad desde antes, como la familia no matrimonial y el divorcio. Chile siempre ha sido un país diverso pero ahora, crecientemente, acepta esa diversidad como buena.
Son esas las ideas que están en la calle, son las que se han volcado hacia las encuestas dando la posibilidad muy cierta de que, por primera vez en Chile, tengamos una Presidenta de la República. No se trata del examen social sobra cuál de ellas es la que más sabe, ni cual tiene más claridad, certeza, dirección o solvencia. Ellas han llegado ahí, no por hablar golpeado y menos por golpear la mesa, ellas han llegado donde están por ser escuchadoras, dialogantes y articuladoras de acuerdos donde se incluyen las ideas resultantes del diálogo.
Eso es lo que los chilenos y las chilenas queremos, articular diálogos y avanzar sobre la base de acuerdos legitimados por ellos. Y, a menos que creamos que los hombres y mujeres que contestan las encuestas son unos imbéciles que no entienden la realidad y están embrutecidos por sonrisas y simpatía, eso es lo mejor para Chile.
Todavía cabe la posibilidad de que las mayorías estén equivocadas y sean una tropa de brutos, aún cabe la posibilidad de que en el siglo XXI unos cuantos iluminados e ilustrados dirijan a la masa perdida y sedienta de dirección. Todavía, de hecho, cabe la posibilidad de que las potentes señales de las ciudadanía viren hacia otro lado; todavía, en efecto, cabe la posibilidad de que la patriarcal comunidad que rodea a la candidata, la siga empujando al enfrentamiento, a la comparación, a la expresión de certezas totales, a la salida al pizarrón. Y a que esta demostración de democracia y de diálogo que estamos presenciando, sea tironeada por algunos hacia «rounds» de medición de aptitudes.
Yo sigo creyendo (y parece que varios junto conmigo) que ellas están ahí, precisamente porque simbolizan y encarnan otra cosa opuesta a ésa, y que ambas deberían seguir el ilustre y esclarecido consejo que le dio la hija de una de las candidatas: sé lo que tú eres y habla sobre lo que tú eres. La que mejor siga el consejo de la Claudia, ganará las primarias.
Alexandro Alvarez es abogado de la Universidad de Chile.
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