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Relaciones UE-AL: Hacia la cumbre de Viena

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La denominada «asociación estratégica» entre la Unión Europea y América Latina es el resultado de las tres cumbres bi-regionales realizadas hasta ahora: Río de Janeiro (1999), Madrid (2002) y Guadalajara 2004). Hay frutos: variados programas de cooperación, mejoramiento parcial del acceso de ciertos países al mercado europeo, acuerdos ya firmados por la UE con México y Chile, negociaciones con el MERCOSUR y países andinos y centroamericanos, y una perspectiva común en aspectos centrales de la agenda internacional. No obstante, hay una gran dispersión de objetivos, programas y acciones.



Basta comprobarlo viendo la Declaración de Guadalajara de 2004, que consta nada menos que de 104 artículos. Asimismo, cada cumbre ha tenido un leit motiv distinto, como si los propósitos de la que le precedió se hubieran cumplido. Hay, por tanto, poca focalización y poca continuidad. Esto termina por rutinizar las cumbres y generar fatiga política que las va haciendo cada vez menos atractivas, los que es particularmente peligroso en el caso de la UE, concentrada como es lógico en su proceso de ampliación y unidad política.



En la perspectiva de la próxima cumbre UE-AL a realizarse en Viena el 2006, cabe reflexionar sobre el enfoque que estamos dando a esta relación estratégica. En mi opinión, los latinoamericanos no hemos sabido aprovechar mejor la voluntad política europea, porque carecemos hasta ahora de una estrategia consistente de inserción global, que pueda identificar y rentabilizar en lo que corresponda las diferentes potencialidades de cada región del mundo.



Lo que conviene a Latinoamérica es una «sinergia de relacionamientos», buscando en cada caso aquello que es realmente posible y poniendo los énfasis donde corresponde. Por ejemplo, partir de nuestra integración regional, con Estados Unidos y Canadá lograríamos configurar en el marco del ALCA un gigantesco mercado ampliado, mientras que el acceso al Asia permitiría mediante en el APEC y el FOCALAE posicionarse en el centro del dinamismo mundial en materia comercial y tecnológica. Y con la UE conseguiríamos, además del acceso progresivo a su mercado, la inserción en los programas de cooperación del mayor contribuyente mundial de cooperación al desarrollo.



Como bien se sabe, la apertura de los mercados no basta, hay que saber competir, y en esta perspectiva hay que aprovechar la asociación estratégica UE-AL, poniendo mayor énfasis en la cooperación, en la que Latinoamérica es mucho menos propositiva de lo que debiera. La UE es la única región que proporciona cooperación para que los PVD mejoren su competitividad, aprovechen los acuerdos y penetren su mercado. Por eso en esto no hay que equivocarse, la asociación estratégica con la UE no es sólo comercio.



Como dijo alguna vez un destacado analista, «a veces las manzanas no dejan ver el bosque». Un planteamiento de esta naturaleza es el que ya se plasmó en la asociación firmada por la UE con México y Chile, que tiene tres dimensiones: diálogo político, libre comercio y cooperación. La positiva evaluación de su comportamiento en materia de cooperación es sin duda un buen referente.



La cooperación UE-AL tiene que ser desarrollada conforme ejes que son en esencia los mismos que la propia UE ha establecido para sí y para los PECOS (Países de la Europa Central y Oriental) para elevar su competitividad a los estándares mundiales. ¿Qué nos falta para generar una dinámica orientada en esa dirección? Un acuerdo latinoamericano que ordene las prioridades, unifique criterios y produzca una interlocución común con la UE para un amplio «programa de desarrollo de la competitividad», que corra a la par de las negociaciones en curso y de la aplicación de los acuerdos comerciales ya existentes.



Debemos llegar a la IV Cumbre de Viena el 2006 con una agenda realista, debidamente consensuada, que no deje espacio a una retórica obnubilante, sino que se centre en lo que efectivamente se requiere. ¿Qué organismo u organismos regionales pueden hacerse cargo de esta concertación? En mi opinión tiene que ser abordada de consuno, con el marco político del Grupo de Río, por los organismos regionales -ALADI, MERCOSUR, CAN, SICA- convocando previamente a una conferencia de alto nivel con este exclusivo propósito.



Héctor Casanueva. Ex embajador de Chile ante la Aladi y el Mercosur.




  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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