La nueva cualidad de la política exterior de Chile
El espectacular triunfo de la diplomacia chilena al lograr un consenso en torno a José Miguel Insulza para la presidencia de la OEA se explica no sólo por la hábil capacidad negociadora del gobierno, sino también porque desde hace algun tiempo Chile ha logrado una nueva cualidad en su política exterior, de la que ya empieza a cosechar frutos.
Esta nueva cualidad se resume en un rol activo en el escenario multilateral, acorde con las obligaciones que se derivan de la compleja inserción del país en la región y en el mundo.
La expresión mas visible de esta nueva cualidad ha sido la activa presencia en Haití y en el Consejo de Seguridad con motivo de la guerra de Irak, pero también los viajes del presidente a otros países y continentes han demostrado que Chile es un actor del escenario mundial.
En este sentido se entiende el esfuerzo de revitalización de la OEA que persigue la diplomacia laguista, argumento que ha sido clave a la hora de ganar la confianza de la región y del gobierno norteamericano.
Un mundo incierto
En un escenario mundial donde las incertidumbres son la constante originadas en el empobrecimiento de regiones como Africa o el mundo árabe, o en las amenazas del terrorismo islámico, la proliferación de armas de destrucción masiva, o las tensiones latentes por el déficit democrático en países claves como Rusia, China o Pakistán, América Latina aporta también con su cuota de incertidumbre, especialmente en la región andina y en Venezuela.
A estas incertidumbres se suma la posibilidad de acciones no debidamente calculadas del gobierno norteamericano. Los errores en Irak en el 2004 permiten alertar sobre la repetición de situaciones de similar gravedad en países considerados peligrosos para la seguridad de la primera potencia.
Chile y la OEA
En este contexto Chile otorga a los países miembros de la OEA una garantía de que se buscarán soluciones regionales a sus propios asuntos, pero sin deteriorar la relación con EEUU, reduciendo mediante el diálogo posibles acciones inconsultas y unilaterales de la superpotencia.
Pero también para EEUU la presidencia de Insulza en la OEA es una garantía de tranquilidad de que el organismo se mantendrá en una postura moderada y realista y no se producirá una polarización que pueda ser interpretada como un desafío a sus intereses de seguridad en la región. Chile puede además estimular que el continente articule una voz propia en el concierto mundial.
Países como Chile, que deben cautelar sus intereses fuera de sus fronteras y que están obligados a ser actores y no espectadores en el orden unipolar, están obligados a sumar esfuerzos para hacerse escuchar en el marco del fortalecimiento del sistema multilateral. Esto es válido en primer lugar para la región y el primer paso es fortalecer su debilitada estructura supranacional.
El diálogo internacional que tiene como eje el sistema de Naciones Unidas, en el que la OEA es un pariente pobre pero pariente al fin, es quizás la única manera de desincentivar el aislacionismo de EEUU y mantener la cooperación y la legalidad internacional.
Cogobernar la globalización
Europa o Asia, que desean también ser actores y no presenciar simplemente el debilitamiento o la destrucción del sistema multilateral, necesitan socios confiables.
Una Unión Europea sólo ocupada de la ampliación al Este, de la incorporación de Turquía o de la legitimidad de su constitución, corre el riesgo de quedar degradada a la condición de espectador de la construcción del orden mundial. En este cuadro, la importancia de América Latina tiende a ser mas política que económica.
Para Europa y Asia la coordinación con América Latina significa aumentar su peso en el dialogo con EEUU. Para America Latina significa consolidar la diversificación de sus relaciones políticas y comerciales.
Sin embargo, América Latina debe sortear la visión de algunos analistas que sostienen que el continente se encuentra a medio camino de una «africanización», es decir, de una pérdida de peso político y económico en el concierto mundial. En rigor, esta hipótesis no es relevante para la gobernanza global pero es una señal de alerta de que las incertidumbres regionales deben resolverse con el concurso de toda la región.
El nicho de Chile en la gobernanza regional y global
Tanto China, India, Africa del Sur, Irán o Brasil son potencias que ejerzen un liderazgo regional y están interesadas en la estabilidad de esas regiones. Pero hay países mas pequeños con instituciones sólidas que pueden servir de ejemplo en su región.Son importantes no por su peso económico o militar, sino por su significado político.
Ese significado político se manifiesta en su capacidad de integración a la economía mundial, en la calidad de sus estructuras democráticas, en sus buenos indicadores, en el buen funcionamiento de sus instituciones y en sus buenas prácticas.
Se trata de sociedades con capacidad de reforma y países que, coordinados estrechamente con las potencias regionales, pueden articular los intereses de su región en los foros internacionales.
En el caso de Asia, esos países son Tailandia y Malasia. En Africa, es el caso de Nigeria. En el Medio Oriente y el mundo árabe, es el caso de Turquía y de Egipto. Y en América Latina, es el caso de Chile.
Estos países buscan apoyo para ejercer este rol de estabilización en el concierto regional pues poseen una función orientadora en sus respectivas regiones.
El respaldo político de las potencias regionales y de la comunidad internacional es fundamental para que puedan ejercer este rol, ya que por sí solos tienen que enfrentar la dificultad de la desfase con sus vecinos y reducir sus propias tendencias aislacionistas.Además son hostilizados por el discurso nacionalista de los líderes populistas, lo que puede representar amenazas a la seguridad regional.
Chile realiza una activa política multilateral en este nicho internacional, y al ir superando las tensiones con los países vecinos, puede ejercer un rol positivo en la región y mas allá de ella. Para esto cuenta con la calidad del liderazgo político representado en el presidente de la República y en el profesionalismo de un grupo reducido, pero importante, de diplomáticos y políticos de primer nivel.
Este nuevo cuadro significa, sin embargo, un desafío mayor de articulación y de cooperación internacional, tarea que compromete a todo el país y que requiere que el futuro gobierno le otorgue la máxima prioridad y continuidad.
Hugo Calderón M. es doctor en economía y ciencias sociales de la Universidad Libre de Berlin.
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