Chile: un peculiar ejemplo de crecimiento e igualdad
El 11 de marzo pasado Ricardo Lagos cumplió cinco años de su mandato, dando inicio a su último año como presidente de Chile. Esto y la proximidad de las elecciones abrirán la puerta para los ya típicos balances de su gestión, considerando sus logros y fracasos. Sobre sus logros, seguramente, habrá mucho que decir y se escribirán cientos de páginas con la exitosa y aplastante verdad sobre el mandato de Lagos. Algunos tomarán esas raras cifras de popularidad que el presidente ha mostrado en el último tiempo y se sentirán bien, otros se acordarán del caso MOP-Gate y también se sentirán orgullosos con su balance, algunos se acordarán del plan AUGE, de la reforma penal, del sistema binominal y de las reformas a la Constitución y expresarán su visión optimista y autocomplaciente.
Lo concreto es que es imposible abarcar un gobierno en toda su magnitud, producto de la diversidad de áreas y elementos que competen a un gobierno. Pero sí es posible hacer un análisis desde la frase que Lagos usó como lema en su campaña electoral: «Crecer con igualdad». Se supone que una frase como ésa reflejaba la idea base de su mandato, y que era el objetivo clave que se pretendía lograr. Algunos esperarían que dijera que eso no se logró, pero para sorpresa de ellos y del propio Ricardo Lagos, creo que Chile si ha crecido con igualdad.
Claro que la igualdad que se ha logrado no es la que todos esperaríamos, sino que es lo que el gobierno más de izquierda que ha tenido la derecha entiende por igualdad. Por un lado tenemos el crecimiento con igualdad que ha beneficiado perajamente al gran empresariado y principalmente a los tres hombres Forbes de Chile (Luksic, Angelini y Matte). Por otro, aunque terrible, los trabajadores y los pobres del país, también de forma pareja, no han tenido beneficio alguno en estos cinco años, es decir, han sido actores de un crecimiento que los iguala en sus carencias y dificultades.
Somos entonces un raro ejemplo de crecimiento con igualdad, donde aquellos que crecen con igualdad y que se encuentran en los niveles superiores en la escala de ingresos del país, son recibidos por la puerta ancha de La Moneda para darle explicaciones detalladas sobre ciertas medidas -por ejemplo, el cierre temporal de una planta de celulosa. En cambio, aquellos sectores populares que son quienes han sostenido el peso fundamental del modelo neoliberal chileno, con largas jornadas de trabajo, con bajos salarios apoyados en altas tasas de desempleo, con grandes dificultades y obstáculos para la organización de los trabajadores en sindicatos, obtienen este sospechoso crecimiento igual a la nada, por no decir menos que nada.
Lo único que queda ante este escenario, es seguir optimistas y confiando en el cumplimiento de las ideas fuerza de los gobernantes, ya que como dice el cantautor catalán, «bienaventurados los que están en el fondo del pozo, porque de ahí en adelante sólo cabe ir mejorando». No obstante, cierta incredulidad ciudadana que nos lleva a una acción política más decidida, sería un apoyo muy útil para consolidar las esperanzas.
Marcel Claude. Director Oceana, Oficina para América del Sur y Antártica.
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