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Chile, Perú y la Comunidad Andina de Naciones

por 12 junio, 2007

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Hace casi exactamente un año se producía el anuncio de la reincorporación de Chile a la Comunidad Andina de Naciones, CAN. Tal hecho generó la impresión de que la integración regional volvía a ser parte importante de la pauta de política exterior de nuestro país, y que la decisión influiría positivamente en las relaciones con Perú y Bolivia.



Un año después, y a pocas horas de realizarse la XVII Cumbre Presidencial en Tarija, sigue tratándose de una mera expectativa, y no está claro qué tenían en mente las autoridades cuando dieron ese paso.



Es evidente que la pertenencia a la CAN abre una amplia gama de temas e instrumentos diplomáticos al trabajo conjunto de los países miembros, incluso con status de asociado, como nuestro país. Pero tales espacios no pueden aprovecharse si nuestra Cancillería no define objetivos estratégicos a conseguir, ni cuenta con un dispositivo funcionario, una práctica política y una densidad cultural adecuadas para ese propósito. Por el contrario, siendo la CAN una institución donde predominan los acuerdos difíciles y los sellos nacionalistas, nuestra diplomacia más bien ve aumentadas sus dificultades de acción.

En estos mismos días, la CAN experimenta un impasse interno en relación a la negociación bloque a bloque que se lleva a cabo con la Unión Europea, provocada por la decisión boliviana de frenar las conversaciones en torno a temas que considera sensibles, entre ellos los recursos naturales como el gas y el agua. Tal situación llevó a Perú y Colombia a plantear una negociación sin Bolivia, que fue rechazada por la Unión Europea, quedando el problema para ser resuelto en la reunión de Tarija.



En el mismo sentido, en más de una oportunidad Venezuela ha desarrollado abiertas iniciativas en materias energéticas que corren por fuera de los cauces de la CAN, y el presidente Hugo Chávez ha sido enfático en señalar que prefiere su Alternativa Bolivariana para las Américas, ALBA.



Por su parte, si bien Chile ayudó a formar en 1969 el Pacto Andino, antecesor formal de la CAN, ha hecho un camino diametralmente opuesto desde que abandonó el Pacto en 1976, tanto en su modelo de desarrollo económico como en la gestión de sus asuntos económicos internacionales.



En estas circunstancias, los problemas tradicionales -lo económicos y los políticos- que exhiben las relaciones exteriores de Chile en materia vecinal y regional sudamericana, no mejoran un ápice con la pertenencia a la CAN.



En cuanto al áspero momento que viven las relaciones con Perú, para su solución se requiere de una noción más aplicada de política exterior vecinal de largo tiempo, fundamentalmente de base bilateral. Más que un escenario multilateral como la CAN.



Paradójicamente, las acciones diplomáticas de mayor efecto y valor en el último tiempo con dos países miembros de la CAN, Perú y Bolivia, han sido lideradas por los comandantes en jefes de dos ramas de nuestras Fuerzas Armadas.

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