El mágico sortilegio de los votos
¿Ustedes creen que el gobierno y su propio partido, la UDI, habrían defendido a Jacqueline Van Rysselberghe como lo han hecho, si ella no hubiera tenido muchos votos?
¿Ustedes creen que la oposición y, en particular, el más tenaz persecutor y espía de la Intendenta, habrían desplegado todas las argucias, el esfuerzo y la ofensiva publicitaria que han lanzado si ella no hubiera tenido muchos votos?
Ese es todo el tema. El resto es –para usar el lenguaje de Lagos, ya que está procurando «aggionarse»– «hojarasca».
Por supuesto que para un Presidente «encuestocrático», como el que tenemos, la actitud más propicia para mejorar en los sondeos habría sido la de pedir la renuncia a la Intendenta, en nombre de la ética y la legalidad, apenas se supo que ella había propuesto «hacer pasar gato por liebre» a Vivienda para así ayudar a unos allegados de un campamento en extrema pobreza. Pero es que los allegados y los pobres están con ella, porque desde hace muchos años ha trabajado en su favor. Y por eso, cuando ha habido elecciones, saca más de la mitad de los votos.
Por supuesto que, en el fondo de sus conciencias, los opositores que hablan de «la ética» y «la legalidad», y que, cuando fueron gobierno, trapearon el piso con ambas, inventando argucias como los sobreprecios de las aulas tecnológicas, los centenares, sino miles, de facturas abultadas de GATE, los mensuales y subrepticios «sobres con billetes» que fueron sustraídos bajo Aylwin, Frei y Lagos ininterrumpidamente, saben que carecen hasta de la mínima autoridad moral para acusar constitucionalmente a quien ha cometido un pecado venialísimo, por comparación con los suyos.
Este, pues, no es un tema moral, ni constitucional, ni legal. Es un tema electoral. Un gobierno que no puede perder a una figura que atrae tantos votos y una oposición que necesita liquidar a esa figura, que la va a privar de un senador.
«He ahí la madre del cordero». Eso es todo. Forma parte del encanto o de la miseria, no lo sé, de la democracia. Tampoco sé cuál bando va a ganar la votación de la acusación constitucional. Pero sí sé que ninguno de los discursos que se pronunciará en el hemiciclo para apoyarla o rechazarla va a contener la única «verdad de la milanesa»: que se trata de una encarnizada lucha de unos por ganar muchos votos en la elección senatorial de la VIII Región (los que tiene Van Rysselberghe); y de otros por no perderlos a manos de ella.
«Y punto», como gusta decir el hoy «aggiornado» Ricardo I 2.0.